Jesuita chileno fue canonizado por el papa Benedicto XVI
Cerca de 6.000 peregrinos, provenientes de todos los rincones de Chile, participaron izando banderas gigantes de su país y con cantos religiosos en la solemne ceremonia de canonización, presidida por primera vez por el Papa alemán.
«Ojalá que esta fiesta con motivo de su canonización sea una fiesta que perdure al interior de cada uno de nosotros para poder hacer realidad lo que él nos planteó como gran desafío, que es alcanzar una sociedad más justa, más humana», declaró a la prensa el presidente chileno, Ricardo Lagos, al término de la ceremonia.
El mandatario chileno y su esposa, Luisa Durán, fueron saludados de manera especial por el papa Benedicto XVI, a quien invitaron a Chile y transmitieron el reconocimiento de todos los chilenos por la canonización de Padre Hurtado.
«Es motivo de inspiración para nosotros, de ver si somos capaces de hacer una sociedad como él la quiso, donde todos fueran tratados iguales en dignidad, como él dijo, tanto al débil como al poderoso», afirmó Lagos.
«Esto es la realización de un sueño», confesó un diplomático chileno, mientras numerosos emigrantes, exiliados del tiempo de la dictadura y peregrinos aplaudían emocionados cuando el pontífice definió a Alberto Hurtado Cruchaga «una imagen viva del Maestro, manso y humilde de corazón».
Un coro acompañado por guitarras y flautas entonó cantos y oraciones en español con ritmos tradicionales chilenos al término de la sobria ceremonia que duró más de dos horas.
«Siento una emoción enorme ver que todo el mundo reconoce la figura y la obra de padre Hurtado. Alguien que une a todos los chilenos que se encuentran repartidos por el mundo», confesó Claudia Milicevic, de Punta Arenas, quien llegó a Roma con toda su familia -marido, dos hijos de 6 y 8 años y madre- para asistir a la canonización.
Un avión especial de la Fuerza Aérea chilena trasladó desde Chile a un grupo de cerca 60 discapacitados, ancianos y mendigos para asistir a la proclamación del segundo santo de Chile, después de Santa Teresa de los Andes.
Bajo un sol brillante, sentada al lado de cardenales, obispos y autoridades asistió la joven Vivian Galleguillos, cuya recuperación inexplicable tras un accidente automovilístico fue reconocida en 2004 por el Vaticano como el segundo milagro del sacerdote chileno y dio pie al proceso de canonización.
A sólo seis meses de iniciado su papado, Benedicto XVI declaró santo a una de las figuras más admiradas de la iglesia suramericana, símbolo de la solidaridad y de la lucha contra la pobreza.
«Era el defensor de los pobres. Conozco su obra. Era famosa su camioneta Chevrolet vieja color verde con la que recorrió el país para ayudar a los pobres y a los niños abandonados», recuerda Silvio Gómez, 50 años, zapatero, quien emigró hace 20 años a Italia y reside en Milán (norte).
«Vine esta mañana en tren con otros ocho amigos chilenos», cuenta Gómez, quien reconoce que no siempre la Iglesia estaba de acuerdo con las denuncias de padre Hurtado contra la injusticia social.
«Hay mucha hambre en el mundo y es paradójico que el Vaticano sea tan rico. Si el Papa regalara su crucifijo de oro, a muchos niños del mundo se les podría dar de comer», comentó.
Fundador de la revista Mensaje y de la Acción Sindical Chilena, el padre Hurtado (1901-1952) fue elevado a la gloria de los altares por su acción social y ética, resumida en doce libros.
«Que el ejemplo del nuevo santo sea de estímulo para los católicos chilenos y para los demás países de América Latina», clamó el Papa durante el ángelus dominical suscitando un sonoro aplauso. Junto con el religioso chileno fueron canonizados el obispo polaco de origen ucranio Jozef Bilczewski (1860-1923), el sacerdote polaco Zygmunt Gorazdowski (1845-1920), el italiano Gaetano Catanoso (1879-1963) y el franciscano Felice da Nicosia (1715-1785). *
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