Escrito por: ISIDORO GILBERT

No solamente eso. Se verá esta noche cómo queda definida la interna del partido justicialista y posiblemente pimpollos de como podrÃan armarse eventuales coaliciones electorales para el 2007, tiempo de renovar al Poder Ejecutivo.
Es que se ponen en juego 151 bancas en el Parlamento y otras 395 en las legislaturas provinciales más miles de concejales. En el reparto de estos lugares se dirimirá quién tiene el poder real en el peronismo y qué posibilidades tiene la oposición de convertirse en una alternativa real de liderazgo.
Algo parece razonable: pese al peso fenomenal del peronismo en grandes distritos, el paÃs no será monocolor, tanto por el posible victoria de Hermes Binner, el ex alcalde socialista de Santa Fe al frente de una coalición con el radicalismno, como la eventual irrupción en el distrito porteño como lÃder del centro-derecha del empresario Mauricio Macri, una especie de pichón de Silvio Berlusconi.
La elección de senadores nacionales concita una atención especial sobre todo porque en territorio bonaerense dirimen quien se queda con la mayorÃa: Cristina Fernández de Kirchner a nombre de su marido con el Frente para la Victoria (FpV) enfrentando al Partido Justicialista que en ese distrito manejaba sin rivales hasta ahora Eduardo Duhalde, paradójicamente en su momento en gran elector del actual Presidente, quien busca un papel más que decoroso para el futuro detrás de su vicaria y esposa, Hilda González “Chiche” Duhalde.
Las provincias que elegirán a representantes para la Cámara alta son apenas ocho. En este mapa, la disputa entre Cristina y Chiche en territorio bonaerense concentra todas las miradas porque si bien la “primera ciudadana” es la que irá al podio de los triunfadores, habrá que mirar no solo porque luz, sino cuanto sufragios reciben los candidatos a diputados nacionales que ella tracciona para fortalecer al kirchnerismo en la cámara baja donde será primera minorÃa.
Una escenario, por caso, serÃan 115 legisladores propios que aunque no son los 129 necesarios para el quórum, es una muy buena base para atraer aliados, sean por una agenda o para asuntos especÃficos. En la Rosada piensan que un centenar es la meta, que incluye nuevos y los que aún seguirán con mandato. Menos, digamos 85, la elección no serÃa ni por asomo el plebiscito que en alguna ocasión Kirchner planeó y rápidamente alejó de su lenguaje ni tampoco el triunfo anhelado.
Habrá elecciones para diputados nacionales en todas las provincias ya que se renueva la mitad de la Cámara baja. Buenos Aires elige 35 y por eso allà se libra la “madre de todas las batallas”; la Capital, 13, y Santa Fe, como Córdoba, 9. En total, son 127 las bancas en disputa.
Los gobernadores no estaban obligados a convocar elecciones distritales en la misma fecha que la Nación. Por eso, solamente hay 13 provincias en las que se definirán bancas en las legislaturas, entre ellas, nada menos que en distritos claves como la provincia de Buenos Aires y la Capital Federal.
Kirchner asumió como presidente el 25 de mayo de 2003, con solo el 22% de los sufragios. Una meta es hacer subir ese respaldo a cerca del 40%,. Entonces pudo ser abrumador de haberse consumado el balotaje que Carlos Menem rehusó porque intuyó que serÃa derrotado ominosamente.
El hombre de Santa Cruz se encargó de hacer sentir que recreaba la autoridad presidencial minada desde la caÃda de Fernando de la Rúa en los conmocionantes finales del 2001 que presagiaban el fin de época pero acabo por reordenarse, al menos por un tiempo, precisamente de la mano de Kirchner
La autoridad presidencial se enderezó a poner fin a la impunidad derivada del terrorismo de Estado de los 70, tiempos que el Presidente añora como herencia de luchas que ahora, se concretan en otro contexto, no el de los milicianos, sino el de la gestión, en el mundo globalizado.
Para esa meta, Kirchner reordenó profundamente el alto mando militar y tomó partido fuerte para que se eliminaran las normas que protegÃan a represores del juicio penal legal, asà como para que se limpiara la Suprema Corte de Justicia de la “fuerza de tareas del menemismo” por hombres y mujeres de solvencia jurÃdica e independencia probada.
Una de las banderas de la oposición, no solo la de los liberales ladeados hacia la derecha, sino de la progresista Elisa Carrió, la lÃder del ARI o el socialismo, es la de poner mayor control sobre el poder acumulado por el Presidente, sobre todo en el abusivo uso de los decretos de necesidad y urgencia que empalidece en papel del Parlamento o por atisbos más que frecuentes de rabietas hacia lo que se le oponen, estilo de confrontación que en algún tiempo cayo bien, pero que hoy, y se verá en los comicios, genera fastidio en las capas medias de grandes centros urbanos como el porteño.
Pero Kirchner llega a las urnas, a pesar de algunos ruidos como la incipiente inflación, en un momento económico pocas veces visto de crecimiento a niveles asiáticos, mejora de todos los Ãndices macro, con la deuda externa en default virtualmente superada, aunque con la gran asignatura pendiente de acelerar la tendencia al mayor empleo y menor pobreza e indigencia que cuando llegó a la Rosada (“en un verdadero infierno”, repite).
Si como anticipan los gurúes de los sondeos de opinión, Mauricio Macri se impone en la Capital Federal, quiere decir que para el electorado porteño no alcanza estar conforme con el mayor bienestar económico, sino que reclamarÃa otro estilo del Presidente, y, sobre todo, mayor seguridad urbana donde se mezcla de todo, en esos sectores, desde el delito cruel hasta los cortes de calles por todos aquellos que reclaman algo, particularmente el espacio piquetero.
La gran batalla se da en la provincia de Buenos Aires. Kirchner que llegó de la mano de Eduardo Duhalde a la Rosada, necesitó, para afianzar poder y libertad de movimientos, cortar de raÃz con el caudillo. No importa tanto saber el secreto de alcoba de que los dos pudieron repartirse legisladores nacionales sobre todo; para el proyecto polÃtico del Presidente, exhibir que nada lo ataba a Duhalde, era fundamental y para ello ir a elecciones por fuera del PJ bonaerense, vital.
En esa dirección atrajo por esa seducción que da el escritorio de la Rosada a todo lo útil para su proyecto para conformar una fuerza con su liderazgo indiscutible con aroma de centro-izquierda. Asà es posible observar en el FpV bonarense desde viejos militantes de los años de rebelión, con caudillos escasamente presentables. Si casa nueva se construye también con ladrillos viejos, la de Kirchner en esta etapa tiene demasiado de estos últimos, pero por ahora es él quien tiene el poder de decir que si y que no seguirá respaldando si esta noche los números le son generosos.
Humillar con votos a Duhalde, por caso una luz que Cristina le saque a Chiche por más de 20 puntos es tan importante como el número de legisladores que obtenga en proyecto presidencial. Ahora bien, si la esposa del caudillo supera el 20% de los votos, el poder del caudillo aunque ya no será como en el pasado, tendrá su valor, para articular en 2007, convenios para una coalición de relevo con olor a centro-derecha. La eventual victoria de Macri, le darÃa más alas a esa perspectiva que perderÃa hoy a su adalid: Ricardo López Murphy.
El FpV no ganará en Santa Fe no por Kirchner ni siquiera por la gestión del gobernador Jorge Obeid, un setentista que acompaño al Presidente desde el primer momento. Lo será por la imagen muy positiva del socialista Binner, quien con su partido, enhebro una alianza progresista (Frente Progresista, se llama la coalición) y por la búsqueda de renovación de
los santafesinos.
Algunos analistas pensaban que si Elisa Carrió ganaba la Capital Federal idea que los últimos dÃas se debilitó y Binner lo hacia en Santa Fe, el centro izquierda sin justicialismo podrÃa armarse como alternativa de poder en 2007.
Esa posibilidad quedará abierta. En el socialismo hay quienes la impulsarán, pero hombres como Binner parecen más inclinados a la colaboración con el Presidente, tomar en sus manos esa idea simple de “apoyar lo positivo y criticar lo negativo” y pararse con vistas a gobernar la provincia, la tercera en importancia. Acaso, solo acaso, un ARI perdedor en la Capital Federal, pero con una buena base, sea más proclive a los entendimientos con otras fuerzas de su signo, asunto que eludió Carrió en estrategia de acumulación discutible como acertada.
La “campaña sucia” del oficialismo contra la lÃder del ARI puede ser la causa de su debilitamiento, por la duda que generó en el electorado. Pero quedará como una operación escandalosa que pone sobre aviso a muchos.
En el resto del paÃs, lo mas relevante por su simbolismo es la suerte que corra Carlos Menem en La Rioja, si tierra, en la disputa por una banca para la cámara alta. Si llega por la mayorÃa, asunto que las encuestas rechazan, es una cosa y otra si al Parlamento va por la minorÃa.
Es previsible que los radicales sigan en el tobogán en grandes distritos como el porteño y con un papel menor en la provincia de Buenos Aires. De donde son gobierno, la UCR perderÃa en RÃo Negro con el kirchnerismo, pero ganarán los suyos en otras, aunque con actitud de colaboración con el poder central.
Los radicales seguirán siendo la segunda minorÃa, pero fraccionada en actitudes: una tendencia a caminar por un camino que de vida a un proyecto alternativo al Presidente, y otras, más ladeadas a seguir entendiéndose, sea por gobernabilidad, recursos o ideas, con Kirchner. Las distintas variantes de izquierda en principio no llevarán diputados nacionales (perderÃan los escasos actuales), aunque si a otros cuerpos colegiados, pero serÃa un resultado mediocre, un abismo entre su influencia social y electoral.
De como podrÃa influir esta pobre performance sobre el movimiento piquetero, donde confluyen otros grupos, está más vinculado a la agenda gubernamental en abordar de otra manera el problema del mayor empleo, el ritmo de caÃda de la pobreza y la desocupación, la mejor distribución el ingreso que después de que hablen las urnas estará en un primer plano incluso desde la propia CGT, supuestamente aliada al Presidente.
Kirchner ha planteado la elección como opción entre seguir amarrado al pasado o continuar construyendo el futuro, en el camino de su gestión. Tiene su pro y su contra la disyuntiva, porque puede dejar plantada la semilla de la confrontación en bandos.
Hay razones para pensar, en cambio, que una buena elección del FpV y sus aliados del viejo justicialismo con fuerza en varias provincias (Córdoba, por caso), no solo ayudarÃa a la gobernabilidad sino que no frenarÃa el rumbo de polÃtica externa en la búsqueda de aliados en favor de la mayor autonomÃa posible, con acuerdos sólidos sobre todo con Brasil, Venezuela y el Mercosur.
De la misma manera, un control mayor del Parlamento con más legisladores capaces de combinar su propio criterio progresista con apoyos o crÃticas puntuales, es otra manera de ver el acto eleccionario de este domingo donde algunos grandes popes del pasado, Menem ¿Duhalde? abren su camino hacia el olvido. *
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