Brasil, los subsidios de EEUU al algodón y la OMC
Brasil reclamó el 6 de octubre ante la Organización Mundial del Comercio sancionar (retaliar) a EEUU por más de mil millones de dólares a causa de los subsidios entregados por el gobierno de Washington a los productores de algodón, tanto en la exportación como en la propia producción. El pasado 19 de marzo, a solicitud de Brasil, la OMC había condenado por esa razón al gobierno de Washington, le otorgó plazo hasta el 21 de setiembre para retirar los subsidios a la exportación y fijó fecha para el fin del subsidio doméstico. EEUU no cumplió y Brasil plantea que sea sancionado.
Efectos funestos de los subsidios del Primer Mundo
Leemos en O Estado de São Paulo que «incluso el director-general de la OMC, Pascal Lamy, dejó de lado su tradicional neutralidad y criticó a EEUU por no haber retirado los subsidios». El tema debe ser tratado esta semana en la cúpula del organismo.
Veamos los antecedentes. Como decíamos, el 19 de marzo pasado la Organización Mundial del Comercio confirmó la decisión que había adoptado el 27 de abril de 2004, condenando al gobierno de EEUU a dejar de subsidiar a sus productores de algodón. De esa manera daba razón definitiva al planteo que venía realizando Brasil, exportador de algodón a 40 países. Se le fijaron los plazos arriba consignados al gobierno de Washington, el cual otorga un subsidio de 4 mil millones de dólares anuales a sus 25 mil productores de algodón. Adviértase la magnitud del monto. El informe de la OMC reconocía, por añadidura, el efecto distorsionante de los subsidios injertados en el financiamiento a los productores estadounidenses de soja, maíz y arroz.
Ahora, el dirigente de la Sociedad Rural Brasilera Pedro Camargo Neto y la Asociación Brasilera de Productores de Algodón (Abrapa) declaran que sin los subsidios no habría algodón en EEUU, ya que éstos sobrepasan en 100% el valor de la producción, por lo cual la pena (retaliación) a su juicio debía ser mayor.
La del 19 de marzo era la segunda victoria brasileña en un año contra los países del Primer Mundo, y tendía a beneficiar además a otros 13 países productores y exportadores. La primera había sido contra los subsidios de la Unión Europea a la producción de azúcar, que incluía maniobras de reexportación cuyo efecto es deprimir los precios a nivel internacional.
Importa consignar que el logro inicial de Brasil en la OMC sobre el arroz fue simultáneo al hecho de que el gobierno de Lula cortó amarras con el FMI, anunciando que no renovaba el acuerdo stand-by con el mismo que vencía el 31 de marzo, zafándose de su tutela y ganándose el derecho de «caminar con sus propias piernas», al decir de Lula. Eran otras tantas pruebas relevantes de la independencia de su política exterior (véanse al respecto nuestros artículos de los días 30 y 31 de marzo y 5 de abril).
Polémica con Zoellick
Claro está que el gobierno de Washington no cede fácilmente. El 7 de octubre estaba de visita oficial en Brasilia el secretario de Estado adjunto Robert Zoellick, durante años representante de su país ante los organismos mundiales de comercio. Zoellick declaró insistentemente que la adopción de retaliaciones era «contraproducente, solamente empeoraría el problema» y que en ese caso Washington podría rever el acceso preferencial de productos brasileños al mercado norteamericano así como la cooperación en el área de la propiedad intelectual. Recordó que Brasil vende por valor de 2500 millones de dólares a EEUU por medio del Sistema General de Preferencias y que «si Brasil quiere retaliar, podemos rever esas iniciativas». Abogó por debatir estos temas en la próxima instancia de la Ronda Doha de la OMC en Hong Kong, el 13 de diciembre.
Según sus declaraciones, EEUU da por virtualmente liquidadas las negociaciones sobre el ALCA, y también relegaría un posible acuerdo con el Mercosur.
Para completar el cuadro, conviene recordar que el mismo 19 de marzo se reunió en Nueva Delhi el G-20 (un factor de peso dentro de la OMC, que Uruguay pasó a integrar) y solicitó el cese en un plazo de 5 años de todos los subsidios agrícolas aplicados por EEUU, la Unión Europea y Japón, que alcanzan la cifra colosal de 300 mil millones de dólares anuales (otras estimaciones la elevan a 365 mil millones).
El G-20, Chávez y los subsidios
El presidente Chávez se refirió a esos guarismos en la reciente reunión de la FAO en Roma que trató los problemas del hambre en el mundo, las comparó con el presupuesto del propio organismo (mil millones de dólares) y con el presupuesto militar de Estados Unidos (500 mil millones de dólares), respaldando las denuncias contra la extensión mundial de este flagelo formuladas por su homólogo el presidente brasileño Lula da Silva y por el Papa Benedicto XVI. *
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