Lula encara final de su mandato con la popularidad estabilizada
Esta semana el mandatario brasileño recibió buenas noticias. Un sondeo indicó que su popularidad dejó de caer, cuando había llegado a su peor nivel histórico debido a la crisis política, y además el Congreso confirmó que el PT vuelve a ser el mayor partido en Diputados, condición que había perdido el mes pasado tras la renuncia de cinco parlamentarios descontentos con la crisis. Lula se ha anotado otras dos recientes victorias con su partido, que atraviesa su más grave crisis desde que en mayo fue acusado de crear una millonaria contabilidad no declarada y de pagar sobornos a diputados aliados.
La primera victoria fue arrebatarle a la oposición, en una ajustadísima elección hace dos semanas, la presidencia de la Cámara de Diputados, donde colocó a su aliado el comunista Aldo Rebelo.
Un aliado en Diputados era considerado clave porque este es quien pone en agenda los proyectos que el gobierno quiere aprobar y porque es en el Congreso donde ocurren las desgastantes investigaciones contra el PT y parte de sus aliados. Mañana martes el Consejo de Etica del Congreso abrirá proceso contra 13 de esos diputados acusados de corrupción, que pueden perder el escaño.
La segunda victoria para Lula ocurrió esta semana, cuando se confirmó que el nuevo presidente del PT es su candidato, el ex ministro Ricardo Berzoini. Lula estuvo a punto de perder esa elección interna, lo que le hubiera complicado el control de su partido.
«No es que el PT hizo una gran limpieza, pero puso la casa en orden», destacó a la AFP el analista y profesor de la Universidad de Brasilia, David Fleischer.
Ese levemente renovado PT (muchos de sus cargos acusados de corrupción se mantienen en la dirección) dio el viernes un paso que puede ser importante para las elecciones presidenciales y generales de octubre de 2006: reforzar su alianza con la izquierda, el Partido Comunista de Brasil (PCdoB) y el Socialista (PSB), que Lula tuvo bastante abandonados en los últimos meses, cuando reforzó la participación de conservadores y centristas en su gobierno. Pero ni el control del partido ni su alianza con la izquierda le garantizan a Lula una fácil gobernabilidad en este final de mandato.
«Cualquier proyecto que queramos aprobar (en Diputados), como mínimo necesita 257 votos. El PT, con el PCdoB y el PSB, tienen en torno de 120 votos, por tanto, siempre tendremos que buscar votos en otros partidos», declaró a la AFP el líder del PT en la Cámara, Henrique Fontana.
«Si la oposición decide fustigar, Lula tendrá muchos problemas para aprobar cualquier iniciativa en el Congreso», ya que sus aliados conservadores y de centro, que son los principales investigados en los procesos de corrupción, «terminaron dividiéndose sobre su apoyo al gobierno», señala Fleischer. Además, «la división interna del PT se amplió» tras las elecciones internas que dieron más poder a las críticas corrientes de izquierda, lo que impide que la crisis política «sea superada antes del ciclo electoral», vaticina un análisis del Instituto Brasileño de Estudios Políticos (Ibep).
En este final de mandato Lula definirá sus condiciones para la reelección, de la que antes de la crisis nadie dudaba.
Una encuesta del instituto Ibope divulgada el fin de semana señala que el socialdemócrata alcalde de Sao Paulo, José Serra, le ganaría las presidenciales a Lula en segundo turno, con 44%, contra 38% de los votos. La encuesta sin embargo le dio un respiro al mandatario, ya que su popularidad revirtió la tendencia de caída y registró leve mejora. Según esta, nuevamente son más los brasileños que consideran el gobierno Lula bueno o muy bueno (30%, contra 29% hace un mes), que los que lo consideran malo o pésimo, que son 28% y eran 32% en setiembre, cuando obtuvo su peor evaluación. *
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