Huelgas anticipan la nueva agenda
Ya habían medio centenar de conflictos semanales hace meses, pero los paros vistos ahora en gremios estratégicos anticipan la agenda poselectoral, porque la distribución del ingreso estará en in primer plano, junto a la inflación de dos dígitos. La pregunta que se hacen incluso en despachos oficiales es si después que se conozcan los resultados de los comicios, si un Kirchner fortalecido tendrá una avalancha de reclamos o el propio gobierno se anticipa a reformular este y otros hechos. Por ejemplo, las relaciones con el resto de las fuerzas políticas o con la Iglesia Católica.
Con los obispos el diálogo es casi cero y se supone que la presencia presidencial en la Basílica de Luján, que es el non plus ultra de los símbolos del catolicismo vernáculo, pese a críticas de Kirchner a lo que no hizo la Iglesia en los años de plomo, no fue un acto no meditado sino un mojón, al menos así lo dicen en el oficialismo, de la marcha hacia el diálogo y no a la confrontación, como ha sido leído en sectores de la oposición.
Esa «apertura» debería extenderse al espacio político, social, empresarial en busca de una mayor calidad institucional y para promover cambios que aceleren más trabajo y mejor ingreso.
Volvamos a los paros. Es claro que hay una base de descontento porque el crecimiento del PBI, casi de impronta asiática, no se corresponde al mejoramiento del nivel de vida popular a pesar de tendencias positivas en cuanto al mayor empleo y cierta recomposición salarial pero casi constreñida al sector formal de la economía que es solo la mitad del universo laboral.
A pesar de que el PBI no deja de trepar, la desocupación en el 2005 (15,7%) es más elevada que la del 12.9% registrada en 1998 Estas cifras no incluyen los planes trabajar para jefes y jefas de familia por que esos planes no existían en 1998. Por otra parte, no todos los obreros y empleados aportan al sistema jubilatorio ni ahora ni en 1998 y como advierte hace rato la líder del ARI, Elisa Carrió, la consecuencia es que en el futuro no podrán jubilarse ni gozar de los beneficios del PAMI (obra social de los jubilados). En el 2000, los trabajadores «en negro» representaban el 38,6% del personal ocupado y en 2005, al 47,3%. Los salarios «en negro» cayeron un 25% mientras que los están en blanco aumentaron un 5%.
La participación de la masa salarial en el PBI también muestra una significativa caída: se redujo del 32.6% en 1998 al 23.9% en el 2004 . Ahora bien los indicadores sociales han mejorado si se compara con el peor momento de la crisis en el 2002 y es lo que explica la popularidad del Presidente, y la sensación de esperanzas en grandes segmentos, de que las cosas van a mejorar.
La conclusión más importante de lo ocurrido en estos años, dice el economista Mario Brodherson, es que el mercado, aún en un contexto de fuerte crecimiento económico, no necesariamente corrige por sí sólo la inequidad social. Se requieren, además, políticas activas del gobierno que por ahora no se ven o apenas se esbozan.
Este es el contexto de las huelgas actuales y del proceso poselectoral. Lo llamativo es que estos días no son agitadas las calles por las organizaciones de los desocupados, gran parte de ellas bajo la influencia de partidos de izquierda dura, más preocupadas en sus propias necesidades electorales, sino que los grandes conflictos nacen de las entrañas de la CGT.
La huelga más fuerte ha sido la de los camioneros, sindicato que controla con manos de hierro Hugo Moyano, que es la figura más relevante, ahora, de la central sindical y ganó la batalla bloqueando a los grandes supermercados (o sus depósitos) según la más pura metodología de lucha del movimiento sindical, una herramienta como el piquete, que pone los pelos de punta a la derecha.
A Néstor Kirchner le desagradó que Moyano, que tiene entrada libre a su despacho, haya colocado al mercado de bebidas gaseosas al borde del desabastecimiento, porque supone que una huelga «piquetera» tiene mal público y puede asustar a los «moderados» sobre todo los porteños a sufragar por el oficialismo donde, al menos formalmente, está enrolada la cúpula de la CGT.
Ahora, si las negociaciones de último momento fallan, se viene la huelga de los petroleros y perspectivas, aseguran las empresas de desabastecimiento de gas. Pero nada cambia en la compresión de lo que pasa conociendo que el sindicato está en el espacio de los «gordos» es decir, los que no se encuadran con Moyano y están más cerca de Eduardo Duhalde, el caudillo bonaerense que trata de sobrevivir a las legislativas con algo de poder. Hay algo más: aprovechar las expectativas electorales en general, siempre más proclives para arrancar concesiones salariales en tiempos de picos inflacionarios que rebanan el poder adquisitivo.
Pero sobretodo en el caso de los petroleros, está la presión del personal de los grandes yacimientos de las provincias de Chubut, Santa Cruz o Neuquén, donde es visible la influencia clasista. Allí, y no de sopetón, hay luchas bravas por salarios y fuentes de trabajo, que han llevado a la ocupación de companías petroleras, con choques duros con la policía y hasta sanciones punitivas contra huelguistas en la justicia.
Todo que provenga de los «gordos» es llamativo como ocurrió días atrás con una formidable movilización callejera con métodos de los «piqueteros» del sindicato de la Sanidad que también puede ser entendida tanto como lucha reivindicativa con base real, o como gimnasia para después de los comicios. Es que ese espacio controlado por la vieja guardia sindical que apoyó sin pestañear a Carlos Menem no suele enviar a sus afiliados a la calle a reclamar, es ducha en arreglos de trastienda..
La lista de huelgas no es apabullante pero significativa por su dureza, y, reiteramos, la mayoría de ellas no están bajo control clasista, aunque esa impronta está en la esencia de las luchas por cierto crecimiento de la influencia de la izquierda social, que no se corresponderá con los resultados electorales de todos los partidos de esa procedencia.
Pero en los próximos días estarán movilizados además los bancarios, ferroviarios, los aeronáuticos, los trabajadores de la industria del cuero y algunos más que se encuentran en conflicto por aumentos salariales. Y esto pasa a una semana de las elecciones, y pese a la decisión de la cúpula de la CGT de postergar cualquier demanda para después de la votación, los reclamos sindicales parecen haber alcanzado uno de los niveles más altos de los últimos tiempos.
El mismo Kirchner ha quedado desairado: había pedido a la central sindical adicta a que antes de las elecciones, no generaran luchas que llevan al desabastecimiento.
El alfa y omega de la política de Kirchner es el demostrar que con Eduardo Duhalde, ni a misa. Una gran confusión genero el intendente de La Matanza, un partido bonaerense con más población que cinco provincias juntas. Alberto Ballestrini, quien con el gobernador Felipe Solá, desbrozó el camino para que el kirchnerismo tuviera presencia en el territorio del duhaldismo, dijo que después del próximo domingo, ya más serenados, el diálogo con diputados que responden, ahora al menos, al caudillo, no debería ser descartado.
Va de suyo que la propuesta descolocaba la imagen de dos fuerzas diferenciadas y eso le valió a Balestrini, algo más que un reto: la posibilidad que no tenga un lugar relevante en el Parlamento. El encabeza la lista de diputados nacionales por la mayor de las provincias.
Debió ocurrir la trifulca entre bandas (o militantes) de cada sector que estalló en Quilmes lo que desnudó que unos y otros, utilizan los mismos métodos de presencia en las calles, hostil con los diferentes, no solo los de procedencia
peronistas, sino, y sobre todo en algunas comunas, con los partidos menores, de izquierda en especial, dado que en el movimiento social hay una disputa ideológica con el justicialismo.
En el kirchenerismo, que hace gala de ser renovación, hay fastidio con eso que nada ha cambiado, que en esencia son la misma cosa, como gritan Carrió, Ricardo López Murphy o los socialistas. Proponen primero y principal al propio Presidente que, dicen, ha dado muestras suficientes de que no es lo mismo, no solo que Duhalde y mucho más que Carlos Menem, sino que esta comprometido con los grandes ideales del ´70. Hebe de Bonafini, la titular de Madres de Plaza de Mayo que no concede confianza a casi nadie que no sea Fidel Castro o Hugo Chávez, llama a votar por los candidatos del Presidente.
Otro ejercicio propuesto por el kirchnerismo: revisar la nómina de candidatos tanto para las legislativas nacionales como las provinciales, y ver que lejos están de los nombres que en el pasado representaban al PJ. Pero si esto es verdad tanto en territorio bonaerense como en la Capital Federal, es poco lo novedoso en otros territorios, con salvedades, claro, pero sobre todo entre los pretendientes a concejales, con mucha influencia de varios alcaldes que eran del duhaldismo y hoy son «renovadores» del kircherismo con escasa credibilidad.
Pero si así son las cosas en la construcción de una nueva identidad, donde lo nuevo se mezcla con lo antiguo y se verá quien se impone finalmente, estalló en la trifulca de Quilmes la acusación que unos y otros tienen en sus filas a proveedores de droga, un anatema que reclama de los fiscales intervención.
En rigor, lo que atraerá votos al oficialismo el domingo próximo, no son los candidatos, ni aún la misma Cristina Fernández, sino el apellido del Presidente. Le será beneficioso como gran cadenero en todo el país, pero delicado, porque podría dividir otra vez en antagónicos, a los que sufragan por otras opciones. De ganar, esa fractura reclama de apertura, para que no se ahonde.
Que en plena campaña electoral haya Kirchner ido a Salamanca, no le taponó ni un momento de proselitismo. Y que el jefe del gobierno español Rodríguez Zapatero lo haya puesto en las nubes, es un auxilio que bien valía haberse tomado el avión. Más aun si se instala como real que en el verano no faltará agua corriente porque en España se encauzó el lío con la proveedora francesa. *
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