Los socorristas fueron sustituidos por excavadoras

En Pakistán ya se buscan cadáveres, no sobrevivientes

Las autoridades paquistaníes anunciaron el jueves que no se asignarían más misiones a los equipos de socorro internacionales para buscar sobrevivientes en la capital de la Cachemira paquistaní, donde el sismo causó 11.000 muertos.

Así, este viernes, prácticamente todos los equipos de socorro empezaron a abandonar Muzaffarabad, una de las localidades más afectadas por el terremoto del 8 de octubre, que causó 25.000 muertos y 63.000 heridos y dejó a más de 2,5 millones de personas sin casa, en la peor catástrofe de la historia del país.

«Ya en el séptimo día, con temperaturas difíciles, las esperanzas de sobrevivir son verdaderamente mínimas», explicó el británico Stuart Downes, miembro del equipo de Búsqueda y Rescate que coordina las operaciones de socorro junto con la ONU.

Los socorristas se mostraban reacios a marcharse. «La esperanza es lo último que se pierde» es algo más que un dicho para los miembros de los equipos de rescate.

Este era el caso de Charles Cho, miembro del equipo coreano de la organización «Good People World Family», que con un gesto de frustración, reconocía que «la fase de búsqueda terminó». «No tenemos más opción» que la retirada, sostuvo.

«Me gustaría poderme quedar. Puede ser que haya aún personas con vida bajo las ruinas. No es fácil, la probabilidad es muy débil pero puede haber sobrevientes», explicaba emocionado.

El equipo de Cho logró salvar a dos de los 16 rescatados en Muzaffarabad: un hombre de 70 años el martes y una mujer de 62 el miércoles. «Encontrar a alguien es verdaderamente increíble; no se cómo explicarlo… se salva una vida», añadió el socorrista, intentando enmascarar su tristeza.

Pero pese al desesperado optimismo de los socorristas, o mejor dicho, a su deseo de que ocurra un milagro, las posibilidades de encontrar sobrevivientes son escasas.

Así lo dejó claro en una conferencia de prensa llevada a cabo en Islamabad este viernes Jan Egeland, coordinador de la ayuda humanitaria de urgencia de la ONU.

«El ejército paquistaní seguirá buscando personas pero la fase de búsqueda y socorro ha llegado a su fin» por lo que es necesario aceptar «la dura realidad», declaró Egeland.

Mientras tanto en Muzaffarabad, las grúas y las excavadoras fueron calle por calle en medio de un olor a muerte y podedumbre.

A su alrededor, los familiares de las víctimas seguían sin moverse de las ruinas donde sus seres queridos estarían enterrados, rechazando la idea de su muerte en algunos casos, mientras que en otros esperando tan sólo tener la oportunidad, al menos, de recuperar sus cuerpos. Este era el caso de Gul Zareen. Todos los alumnos de la clase de Qhuram, su hijo de 17 años, lograron abandonar a tiempo la escuela «Islamabad». Todos menos Qhuram. Zareen reconoce no tener ni lágrimas ni esperanza pero quiere ver el cadáver de su hijo.

«Recuperar su cuerpo es importante; al menos tendrá una tumba visible. Será una satisfacción. Si no, ni siquiera podremos tener derecho al duelo», finalizó en medio a la desolación. *

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