Mar del Plata y el terrorismo
La cumbre de mandatarios americanos, fijada para los días 4 y 5 de noviembre en Mar del Plata, República Argentina, suscita un interés general. Por ahora se ha hablado mayormente de las intensas medidas de seguridad adoptadas, dado que la presencia confirmada del presidente Bush ha concitado una serie de movilizaciones de movimientos sociales y políticos contestatarios, animados por el propósito de expresar su condena a la política de Washington en América Latina y en el mundo. Se asiste a una intensa puja, por ahora subterránea, sobre los temas que habrán de situarse en el centro de los debates.
Una cita reveladora sobre el terrorismo
Estados Unidos desea focalizar principalmente los problemas del terrorismo, mientras los anfitriones (y la mayoría de los países) sitúan en primer plano los problemas reales que afrontan nuestros pueblos, como el del empleo, el hambre y la pobreza. La delegación norteamericana, con la participación directa de su presidente, tratará de hacer prevalecer su peculiar concepción del tema del terrorismo que ubica en lugar preferente de la agenda mundial, particularmente a raíz de los atentados del 11 de setiembre de 2001.
Pero en realidad estos problemas no nacieron ese día. Son mucho más viejos, y quienes hoy los esgrimen para justificar sus invasiones a Afganistán y a Irak, son los que vienen practicando las formas más descaradas de terrorismo desde hace muchas décadas, marcadamente a partir de su ingreso a la etapa imperialista. A ese respecto, examinando documentos añejos, pero que conservan notable actualidad, me encontré con la siguiente cita en un trabajo de Rodney Arismendi:
«Si nos atenemos a la verdadera acepción de la categoría política terrorismo, ella encaja justamente en la conducta, pasada y presente, de los imperialistas del norte. Parte considerable de esa historia de capa y puñal la hemos sufrido los latinoamericanos. Para no ir muy lejos, basta con evocar las denuncias del Congreso de EEUU luego de lo de Watergate. Los informes de los investigadores, sobre todo el documento de la Comisión presidida por el senador Frank Church (346 páginas, noviembre de 1975) comprueban la injerencia política, militar, de inteligencia habitualmente por medios terroristas- en numerosos países, incluyendo el asesinato de líderes políticos, previo visto bueno presidencial. Allí se registran trece años de actividad de la CIA en Cuba, Congo, Vietnam, República Dominicana, Chile, Guatemala, Perú, Laos, Irán, Indonesia y otros países. El relato de los atentados urdidos contra Fidel Castro, Raúl Castro y otros dirigentes de la revolución cubana supera la más aguda novela de misterio».
Santa Fe y la cadena terrorista
La cita, referida al documento de Santa Fe, culmina con esta expresión del ex presidente. Johnson del 30 de julio de 1973, en medio de los golpes de estado en Uruguay y Chile: «Lo cierto es que en el Caribe habíamos montado una sociedad anónima dedicada al asesinato».
Y no sólo en el Caribe, como hoy rompe los ojos. Después de los hechos reseñados, EEUU desencadenó las invasiones a la isla de Granada (1983) y a Panamá (1989), anegando en sangre la población de Los Chorrillos. Los atentados a las Torres Gemelas otorgaron el pretexto para exacerbar la política de terrorismo de Estado en todo el mundo, teniendo como expresión típica la invasión de Irak, que siguió a la de Afganistán. El arrasamiento de Faluya y Tal Afar, las destrucciones en Bassora, las torturas inauditas en Abu Ghraib y Guantánamo, en otras prisiones en Irak y Afganistán, son actos terroristas de pura cepa, cuyos ejecutores y responsables gozan de absoluta impunidad. . Y ello se ha complementado con una legislación draconiana en el interior de EEUU, que pisotea las garantías estampadas en la Constitución en materia de libertades ciudadanas y priva de todo derecho a los presos, a menudo detenidos arbitrariamente. Días pasados veíamos una tremenda golpiza propinada por policías de Nueva Orleans a un ciudadano negro, a machetazos y pateado en el suelo, análogo al célebre caso del también negro Rodney King. Con la particularidad de que concurrieron rápidamente al lugar otros destacamentos policiales, no para impedir la bestialidad, sino para agredir además a los periodistas gráficos que registraban la represión. Esto también es terrorismo, y ha hecho escuela.
Un remedo de la Patriotic Act
El gobierno de Tony Blair, culpable del asesinato a mansalva del brasileño Meneses, adoptó el miércoles un controvertido paquete de «medidas antiterroristas» elaboradas tras los sangrientos atentados del 7 de julio en Londres, que provoca fuertes críticas de los grupos de derechos civiles y está estructurado a imagen y semejanza de la Patriotic Act estadounidense. *
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