Supervivientes milagrosos del sismo
Guiados por los gritos apagados de la madre de familia, los socorristas la descubrieron a las diez de la noche abrazada a su hijo de dos años. Los dos tuvieron la fortuna de encontrarse en una bolsa de aire, explicó el secretario de Estado de Interior, Shehzad Waseem, que daba la buena noticia.
En medio de los gritos de júbilo, los soldados paquistaníes y un equipo de socorristas británicos con perros rastreadores consiguieron rescatar a la mujer y su hijo un par de horas más tarde de los Torres Margalla, edificio de diez plantas que se derrumbó en plena Islamabad.
La destrucción de este edificio es una excepción en la capital, que ha salido bien parada del seísmo que ha afectado más al noreste de Pakistán.
«Es milagrosa. Nos ha subido la moral», exclamó el secretario de Estado.
La madre y el niño, rescatados con media hora de diferencia del amasijo de cemento, fueron trasladados a un hospital de Islamabad, donde su estado fue calificado de estable por los médicos. «Están traumatizados pero no sufren ninguna herida seria», precisó Arshad Kojar, un responsable del hospital.
El niño no tenía ninguna herida, pero por precaución se encontraba en observación en una unidad de cuidados intensivos del hospital. La madre era atendida de una fractura en la pierna, precisó el doctor Azbar Beg.
Para esta mujer de 32 años, el salvamento «milagroso» de su hijo representaba una alegría dentro del dolor que le suponía la muerte de su esposo en el desmoronamiento de la torre.
De 40 a 50 personas seguían atrapadas bajo los escombros, según la policía, que no perdía la esperanza de recuperar otros supervivientes. En total, cinco personas fueron rescatadas con vida hasta el momento de los escombros por los socorristas que, según Waseem, empezaban a desesperarse después de sacar 30 cadáveres del montón de escombros y chapas retorcidas.
Los socorristas «podían oír la voz de la mujer. Muy tenue, muy débil. Hablaba árabe y no la podían entender. Agrandaron el agujero y los extrajeron», contó Mushtaq Ahmed, un policía presente en el lugar.
Los socorristas «podía ver por un agujero que el niño estaba apoyado en las rodillas de su madre en un pequeño espacio… Luego vino lo más difícil porque debían ir con mucho cuidado para no mover los bloques de cemento armado».
«Les llevó dos horas liberarlos y, hacia la medianoche, logramos socorrerlos… Estaban traumatizados», explicó. *
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