El Presidente argentino en la Basílica de Luján, frente a la patrona del Ejército

Kirchner atacó a los que utilizaron la fe en genocidio

El pasado histórico, sobre todo los años del terror, período negro de la Iglesia argentina, sigue dividiendo a un sector de los obispos con el Presidente que de poner fin a la impunidad en los años del terror ha hecho una de sus banderas más destacadas.

Kirchner, virtualmente no habla con el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio, a pesar de que sus respectivos despachos están separados por menos de 200 metros, mantiene un contencioso con el Vaticano en relación al obispo castrense que él desconoce pero no el Papa Benedicto XVI y casi no ve a los obispos.

Aunque el presidente no predica el aborto, su ministro de Salud, Ginés González García, batalla por despenalizarlo y hace campaña por los métodos anticonceptivos que molestan al sector más conservador del catolicismo local,

La Iglesia es crítica de la gestión del gobierno, y en el discurso público hace hincapié a la persistente miseria y desocupación, con una óptica diferente a la del Presidente. Para Kirchner, la desocupación, miseria y marginalidad, tienden a descender y para él eso es lo que hay que valorar. Los discursos de los religiosos se parecen a los de la oposición que remarcan todo lo que aún resta por superar en materia de inclusión social.

Por esos roces es que Kirchner pareció verse obligado a decir que es «un hombre católico desde siempre, pero sería una hipocresía de mi parte», advirtió, dirigiéndose al arzobispo local, Rubén Di Monte, «negar que muchas veces levanté la voz con algunas actitudes de mi propia Iglesia».

Di Monte está enrolado en la corriente conservadora. Además remarcó que «a veces no coincido con las palabras de algunos pastores», dijo mirando a Di Monte, y manifestó que «la hipocresía hay que dejarla de lado». La Basílica de Luján será remodelada con apoyo estatal.

Kirchner además motoriza la reapertura de la causa del asesinato del obispo riojano, Enrique Angelleli, el 4 de agosto de 1976. El régimen militar dijo que el religioso, un referente clave del progresismo católico, había muerto en un accidente automovilístico, pero se sabe desde hace tiempo que fue asesinado por orden del Tercer Cuerpo de Ejército, en esos tiempos mandado por el feroz general Luciano Benjamín Menéndez. Los testigos, que serán llamados por el tribunal que seguirá esta causa, serán 140 y el gobierno nacional con el de La Rioja, es parte querellante.

 

El asesinato del obispo Angelelli

Una tarea que no quisieron asumir ni siquiera ahora pasado tanto tiempo, los obispos o la Conferencia Episcopal.

Kirchner se hizo acompañar a la Basílica por varios ministros, pero particularmente por su esposa, la senadora Cristina Fernández, que quiere seguir en la cámara alta pero por la provincia de Buenos Aires, y por el canciller, Rafael Bielsa, quien desea ganar en la Capital Federal, donde por ahora, a 10 días de las elecciones, figura tercero en los sondeos.

Va de suyo que ese destacar de los dos candidatos le dio a la ceremonia en Luján –donde días atrás en la movilización anual hacia el santuario, dicen que hubo cerca de un millón de personas–, cierto aura electoral. Kirchner no lo ocultó totalmente al insistir con sus pedidos de ayuda, sutilmente dirigidos particularmente al electorado porteño al que le reclama que sea solidario con el resto del país.

«Permanentemente digo que desde la Capital a Jujuy y a Tierra del Fuego me acompañen y me ayuden, porque sin la ayuda de los argentinos es muy difícil alcanzar las metas que el país necesita», remarcó.

Ayer Kirchner en otros discursos reclamó a los dirigentes opositores que «en vez de agraviar o descalificar tengan alternativas superadoras» y criticó los «posicionamientos personalistas que no tienen nada que ver con la realidad», así como nuevos dardos contra sectores de la prensa, un caballito de batalla presidencia que cada tanto, retorna.

De sopetón, al Presidente le salió un problema con la identidad del Frente para la Victoria, si es o no otra cosa que el Partido Justicialista bonaerense que orienta su enemigo, Eduardo Duhalde.

Es que el primer candidato kirchnerista a diputado nacional por ese distrito clave, el actual intendente de La Matanza, Alberto Balestrini, había dicho en un reportaje que después del 23 próximo habría negociaciones con el duhaldismo para asegurar el funcionamiento del Parlamento.

Para Kirchner es como hablar de Satanás. El ha hecho de la separación tajante de su política con la de Duhalde, el alfa y omega de su estrategia electoral, sobre todo en el distrito bonaerense. Dicen que Balestrini recibió un reto presidencial, lo cierto es que sus palabras revitalizaron el discurso de la oposición sobre que la división Kirchner-Duhalde es un ardid para quedarse con los tres curules del Senado Nacional que se eligen en la provincia de Buenos Aires.

No es así, pero declaraciones como la de Baledstrini pueden indicar lo contrario.

Lo curioso es que al intendente lo cargó de críticas la candidata del duhalidismo a senadora nacional, «Chiche» Duhalde. Es que a ella también le importa que se sostenga que su proyecto es diferente a la de su rival, porque así, supone, recibiría votos de quienes no quieren al gobierno nacional. En pocos días se sabrá la verdad. *

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