Hay entre 30.000 y 40.000 muertos
«El gobierno nos indicó que entre 30.000 y 40.000 personas murieron» en el sismo, afirmó a la AFP Julia Spry Leverton, portavoz del Unicef en Islamabad.
«Entre 30.000 y 40.000 personas murieron en Pakistán y más de 60.000 resultaron heridas», confirmó un responsable paquistaní que pidió el anonimato. El último balance oficial divulgado el domingo por el gobierno paquistaní daba cuenta de casi 20.000 muertos y 40.000 heridos.
En el territorio de Cachemira controlado por India, el terremoto provocó 750 muertos confirmados y 990 heridos y otros tres muertos en el este de Afganistán.
«Es toda una generación que se ha perdido en las zonas más afectadas. La mayoría de las víctimas son escolares», dijo a la AFP el general Shaukat Sultan, portavoz de las fuerzas armadas paquistaníes.
«Los socorristas sacan los cadáveres de los niños de entre los escombros en Muzaffarabad (capital de la zona de Cachemira administrada por Pakistán), pero no hay nadie que reclame los cuerpos, sus parientes también murieron», explicó otro oficial.
«Rawalakot (50 km al sureste de Muzaffarabad) fue destruida, así como el 70% de Muzaffarabad. No hay una casa en Muzaffarabad que no haya sido dañada. No hay una familia que no haya sufrido», agregó.
Unas 125.000 personas vivían en Muzzafarabad, a 120 km al noreste de Islamabad, en el centro de la zona afectada por el sismo de 7,6 grados en la escala de Richter que devastó el norte de Pakistán.
Las rutas que llevan a la parte paquistaní de Cachemira seguían bloqueadas este lunes por los derrumbes. El agua y la electricidad estaban cortados y numerosos hospitales dañados.
En muchos lugares, la gente no tenía más que las manos para remover los escombros, en un esfuerzo a menudo vano para tratar de salvar a parientes sepultados desde hace dos días.
«Nuestra ciudad quedó transformada en un montón de ruinas y mucha gente murió. Desde hace dos días no tenemos la más mínima ayuda», dijo Mohamed Zaheer, un sobreviviente de Balakot, al norte de Pakistán. «Sobrevivimos al terremoto pero nos damos cuenta de que ahora nos vamos a morir de hambre o de frío», dijo.
En Balakot, numerosos niños estaban bloqueados en las escuelas que se derrumbaron. Testigos, entre ellos un periodista de la AFP, dieron cuenta del nauseabundo olor que impregnaba el sector.
Los gritos de los niños que se escuchaban debajo de los escombros el sábado se había apagado en la noche, indicaron los habitantes.
Para algunos afortunados, la ayuda llegó a tiempo. En medio de los gritos de alegría de los socorristas, un hombre de unos veinte años pudo ser salvado el domingo, después de pasar 36 horas bajo los escombros de las Torres Margalla, de diez pisos, que se derrumbaron en pleno Islamabad.
«Apelamos a la ayuda internacional, tenemos bastantes medios humanos pero necesitamos ayuda financiera», declaró el domingo en un llamado solemne el presidente paquistaní, Pervez Musharraf.
«Tenemos gran necesidad de medicamentos, carpas y helicópteros para atender a la gente en las regiones alejadas y aisladas del mundo», agregó. «Enfrentamos la mayor tragedia de nuestra historia», prosiguió el jefe del Estado en la cadena pública PTV.
Numerosos países se han movilizado para ayudar a Pakistán, entre ellos, Estados Unidos, la Unión Europea, Japón, Australia, Arabia Saudí y los emiratos del Golfo.
Entre las instituciones y organismos internacionales, el Banco Mundial, el Banco Asiático de Desarrollo, la Cruz Roja y la Media Luna Roja además de la ONU a través de sus distintas organizaciones, se hacían presentes para ayudar a las víctimas.
La atención a las víctimas es una carrera contrarreloj. Los expertos de la ONU, acostumbrados a operaciones de socorro, advirtieron de que hay pocas esperanzas de encontrar sobrevivientes bajo los escombros.
«Aún no se ha podido llegar a algunas regiones o hacer en ellas una evaluación», declaró en Islamabad Gerhard Putman-Cramer, un responsable de la oficina de la ONU para la coordinación de los asuntos humanitarios (OCHA). *
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