David Cameron, de 38 años, es el nuevo líder de los tories

Los conservadores británicos encontraron a su "Tony Blair"

Cameron, como Blair, es hijo de buena familia, educado en el prestigioso colegio de Eton y luego en la universidad de Oxford, y se presenta como modernizador de un partido desorientado desde que Margaret Thatcher abandonó el poder, en 1990. Apenas cuatro años después de haber obtenido su primer mandato de diputado, el candidato más joven de los cinco que aspiran a dirigir a los tories, en reemplazo de Michael Howard, encarna la ambición y sed de poder de la nueva generación de conservadores británicos que ha estado apartada del gobierno desde 1997.

Moderado -aunque flirtea también con el grupo más a la derecha del partido-, Cameron forma parte del llamado «grupo de Notting Hill», que aspira a reformar y dar un nuevo impulso a los tories.

Antes de Blackpool, el joven aspirante ocupaba el tercer lugar en las preferencias de los conservadores como posible líder partidario.

En el complejo sistema del Partido Conservador, un tercer lugar significaba que quedaría eliminado de las elecciones primarias de las que saldrá el líder de esta formación. Pero eso fue antes del vibrante mensaje que pronunció en el palacio de invierno de Blackpool (noroeste de Inglaterra).

En Blackpool se esperaban con expectación los discursos de David Davis, el favorito, y del «peso pesado» Kenneth Clarke, en liza en esta carrera, junto con otros dos políticos experimentados: Liam Fox y Malcolm Rifkind.

Pero la sorpresa en la batalla la dio Cameron. Su juventud no parece constituir un obstáculo para sus ambiciones, pues el actual primer ministro Tony Blair llegó a Downing Street cuando tenía sólo 43 años. Todas las posibilidades parecieron abrirse para Cameron gracias a un discurso en el que lanzó fuertes golpes al liderazgo conservador, pero con guantes de seda.

Haciendo gala de su juventud, calificó de «patéticos» a los conservadores que creen que el partido debe presentarse a los próximos comicios con un programa similar al que les costó tres derrotas electorales sucesivas.

Pero su tono suave, elegante, y además, impregnado de optimismo, fue recompensado con 20 interrupciones de aplausos y la ovación más larga que se escuchó en los cuatro días del Congreso: casi cuatro minutos.

Cameron logró transmitir su ilusión a los tories, a quienes invitó a acompañarlo en el «maravilloso viaje» de «convertir a las nuevas generaciones a las ideas conservadoras» y a quienes llamó a no vivir «Â¡nunca, nunca más!» una derrota electoral. *

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