En 2003 dijo que Irak no tenía armas nucleares de destrucción masiva, enfrentando la posición de EEUU

Nobel de la Paz a la AIEA y ElBaradei

La Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), organismo de vigilancia nuclear de Naciones Unidas, y su director egipcio fueron recompensados «por sus esfuerzos destinados a impedir que la energía nuclear sea utilizada con fines militares», dijo Ole Danbolt Mjoes, presidente del Comité Nobel.

La AIEA y ElBaradei prevalecieron entre los 199 candidatos que aspiraban al premio este año, precisó Mjoes.

Instalada en Viena, la AIEA trata desde 1957 de detectar las utilizaciones indebidas de materiales fisibles y de garantizar la aplicación del Tratado de No Proliferación de armas nucleares (TNP), dos misiones de gran actualidad dadas las dificultades que tiene la comunidad internacional para convencer a Irán y a Corea del Norte de que renuncien a sus programas nucleares.

El organismo también desempeñó un papel fundamental en los meses anteriores a la intervención militar norteamericano-británica en 2003 contra el Irak del depuesto dictador Saddam Hussein.

Decepcionando a Estados Unidos, que estaba convencido de lo contrario, la organización estimó entonces que Irak no tenía armas nucleares de destrucción masiva, una opinión admitida ahora como correcta pero que no hizo ganar a la AIEA popularidad en Washington.

El Nobel «reforzará nuestra determinación» de luchar contra la proliferación y «será un estímulo» para las acciones de la agencia, reaccionó ElBaradei, de 63 años, ante los periodistas presentes en Viena.

La decisión del Comité Nobel se produjo en el 60º aniversario del lanzamiento de dos bombas atómicas, «Little Boy» y «Fat Man», sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, los días 6 y 9 de agosto de 1945.

Algunos expertos creían que esta coincidencia merecía atribuir el premio a los supervivientes de esos bombardeos.

Uno de los candidatos, el militante antinuclear japonés Senji Yamaguchi, de 75 años y superviviente de Nagasaki, criticó una elección destinada según él a no ofender a Estados Unidos, quien se hubiera sentido acusado si se hubiera premiado a las víctimas japonesas de esos bombardeos. «Estados Unidos es responsable de no haber sido capaz de impedir que los otros países posean el arma nuclear», declaró. Interrogado sobre si el premio de la AIEA no constituía, al contrario, una crítica a la administración estadounidense, Danbolt Mjoes aseguró que no apuntaba a «ningún Estado en particular», sino que constituía «un desafío dirigido a todos los jefes de Estado».

«En una época en que la amenaza de las armas nucleares sigue aumentando, el Comité Nobel noruego desea subrayar el hecho de que esta amenaza deber ser tratada a través de una cooperación internacional lo más amplia posible», declaró.

Además de las negociaciones delicadas con Irán y Corea del Norte, durante los últimos meses se produjo el fracaso de una conferencia sobre la revitalización del TNP en mayo y la incapacidad de la comunidad internacional para ponerse de acuerdo sobre este tema en la cumbre de la ONU de septiembre.

Con este premio, el Comité Nobel perpetúa también una tradición no escrita, iniciada hace 20 años, que consiste en recompensar a organizaciones o individuos opuestos al arma nuclear en cada aniversario importante de los primeros -y hasta ahora únicos- bombardeos atómicos de la Historia, que dejaron un trágico saldo inmediato de más de 210.000 muertos en 1945. *

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