Familias de víctimas de atentado exigen a EEUU
Con flores rojas y portando las fotos de las 73 víctimas, unas 300 personas realizaron una peregrinaron que concluyó con un emotivo acto en el panteón de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) en el cementerio de Colón, joya arquitectónica de La Habana.
«Exigimos al gobierno de George W. Bush que extradite a Posada Carriles a Venezuela. Llevamos 29 años llorando, clamando por justicia para nuestros muertos, y no descansaremos hasta lograrla», aseguró Margarita Morales, en un discurso, en representación de los parientes de las víctimas.
De su pecho sobresalía, impresa en su camiseta blanca, la fotografía de su padre, Luis Alfredo Morales, director técnico del equipo de esgrima cuyos integrantes, todos jóvenes adolescentes, acababan de coronarse campeones en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, en Caracas.
«Todavía recuerdo a mis abuelos llorando. Ese día mataron nuestras alegrías, dejamos de ser niños y fuimos víctimas del terror. Nuestros muertos están más presentes que nunca», dijo Morales, con la voz entrecortada, quien tenía 14 años cuando ocurrió la tragedia.
A pocos metros, una pareja de ancianos seguía, con el corazón hecho un puño, la ceremonia en la que la banda militar tocó una marcha fúnebre y a la que asistieron miembros de las FAR y representantes del Partido Comunista de Cuba (PCC, único), entre ellos Esteban Lazo, miembro del buró político.
Una lágrima se escapó de los ojos casi apagados de Alberto Abreu, quien ha dedicado 29 de sus 90 años a superar, día a día, cualquier resquicio de odio o venganza.
«Lograr justicia nos ayudaría a mitigar el dolor. Yo ya triunfé sobre el odio, pero no perdono. Un crimen de tal magnitud necesita un castigo, el que corresponda», declaró Abreu.
Junto a él, bajo un cielo gris, estaba su esposa, Mercedes Cil, de 88 años, sentada en una silla de rueda. Sin poder decir palabra ella llevaba consigo la fotografía de su hijo -llamado igual que el padre-, un funcionario de la pesca que murió en el atentado cuando tenía 38 años, junto a su esposa de 35.
«Yo estaba en el aeropuerto esperando a mi hijo y a su esposa y sentí que algo había pasado. Temblaba y cuando un funcionario me informó del crimen yo tenía que afrontar a mi familia. Eso fue lo más duro, pero lo hice», aseveró.
Decenas de rosas rojas fueron colocadas sobre las tumbas en las que yacen siete cuerpos, que junto al de una niña guyanesa cuyo cadáver fue repatriado fueron los únicos identificados.
A la ceremonia en el cementerio asistieron también familiares de cinco cubanos presos en Estados Unidos desde 1998 condenados en 2001 por espionaje y considerados en la isla «héroes» que -según el gobierno- realizaban, cuando fueron detenidos, una misión para neutralizar actos de Posada Carriles y otros anticastristas.
La conmemoración del atentado devino en una jornada de protesta contra la decisión que emitió el pasado 27 de septiembre un juez estadounidense de no deportar a Venezuela ni a la isla al anticastrista Posada Carriles, bajo el supuesto de que podría ser torturado.
Posada Carriles, de 77 años, está detenido en una instalación migratoria en El Paso desde su captura el pasado mes de mayo en Miami, donde reapareció en una conferencia de prensa clandestina. Había entrado ilegalmente a Estados Unidos en marzo, supuestamente por la frontera con México. Venezuela pide su extradición por haberse fugado en 1985 de una cárcel cuando aún estaba sometido a proceso por el atentado con bomba contra el avión de Cubana de Aviación. *
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