Impasse entre Lula y un obispo dispuesto a morir por el desvío de un río
La huelga de hambre iniciada hace nueve días por un obispo católico para protestar «hasta la muerte» contra el desvío del río Sao Francisco reaviva la polémica sobre un viejo proyecto que el presidente Luiz Inácio Lula da Silva quiere emprender para llevar agua al árido nordeste de Brasil.
«Señor presidente, toda mi vida vestí su camiseta y en este momento espero que usted vista la mía», le dijo el obispo Luiz Flavio Cappio a Lula en un mensaje grabado este martes y leído frente al palacio presidencial en Brasilia por representantes de organizaciones católicas y sociales.
«Permaneceré en huelga de hambre hasta la muerte, en caso de que no haya una revisión de la decisión del proyecto» de desvío del río Sao Francisco, advirtió hace unos días este obispo de la diócesis de Barra (estado de Bahía, nordeste).
El martes, día en que cumplió 59 años y también fecha de San Francisco, el debilitado obispo y fraile franciscano celebró una misa para 2.000 personas que vinieron a mostrarle su solidaridad en Cabrobo en el estado de Pernambuco, donde el río será desviado.
Cappio no se alimenta más que de agua de ese río, que es el tercero más importante del país y que baña cinco estados.
Lula dijo estar dispuesto a ponerse de acuerdo con el obispo. «Si depende de mi voluntad de dialogar, de conversar, no mediré esfuerzos para intentar negociar con el fraile», dijo la noche del lunes.
Lula recordó que él mismo hizo una huelga de hambre, en plena dictadura cuando era dirigente sindical, y que fue el hoy arzobispo de Sao Paulo, Claudio Humes, quien lo convenció de ponerle fin. «Una huelga de hambre es maltratar el cuerpo y creo que tenemos que encontrar una salida», dijo Lula.
La Conferencia Episcopal Brasileña apoyó al obispo. El presidente de la católica Comisión Pastoral de la Tierra (CPT), obispo Thomas Balduino, pidió a Lula detener la iniciativa. «Retirar el proyecto sería una forma simbólica de ponerse del lado de los pobres», dijo.
Procesiones, misas, vigilias y protestas fueron organizadas este martes de «San Francisco» en las principales ciudades por donde pasa el río, así como frente al palacio del gobierno brasileño en Brasilia. También se creó una red de personas de todo el país, que se están ofreciendo a acompañar al obispo en ayunos de 24 horas, dijo a la AFP el padre de origen francés, Bernard Lestienne, del Instituto Brasileño de Desarrollo, vinculado a la Conferencia de Obispos.
«El desvío del río será el Irak de Lula: será un fracaso, costará mucho dinero y la población se volverá contra el presidente. Si don Cappio muere, que es considerado casi un santo y conocido por todos, esa será una obra maldita, y Lula será calificado de asesino», dijo Lestienne. *
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