Reportera del New York Times salió de la cárcel
Judith Miller, quien pasó 12 semanas en una prisión cerca de Washington, se había negado hasta ahora a suministrar sus fuentes a un fiscal que investiga una filtración de información sobre la identidad de una agente de la CIA.
Dicha filtración, que podría provenir directamente de la Casa Blanca, puede constituir un delito penal en Estados Unidos.
El ex embajador estadounidense Joseph Wilson, muy crítico respecto al manejo que hizo el gobierno del presidente George W. Bush sobre las armas de destrucción masiva iraquíes, había acusado en el verano de 2003 a la Casa Blanca de haber revelado, en venganza, que su esposa, Valerie Plame, era agente secreta de la CIA.
Las filtraciones sobre la identidad de la agente de la CIA parecen haber estado destinadas a desacreditar a Joseph Wilson.
Miller explicó que aceptó declarar luego de que el fiscal Patrick Fitzgerald limitó el alcance de su testimonio a una fuente, y esta -identificada por el New York Times como Lewis Libby, director de gabinete del vicepresidente Dick Cheney- le dio su autorización personal.
«Yo era una periodista haciendo su trabajo, protegiendo a mi fuente hasta que mi fuente me dejó en libertad de cumplir con mi deber cívico de declarar», afirmó Miller a la salida del tribunal en Washington, cinco horas después de presentarse a prestar su testimonio a puertas cerradas.
«Pasé 85 días en la cárcel por mi convicción sobre la importancia de preservar la relación confidencial que tienen los periodistas con sus fuentes. Créanme, no quería estar en prisión», agregó.
El abogado del funcionario, Joseph Tate, explicó que su cliente había liberado a Miller de su promesa hace más de un año, pero que la periodista quería asegurarse de que no hacía eso por obligación y por eso habló con Libby por teléfono desde la cárcel. «Quería escucharlo directamente de Libby y asegurarse que era una opción voluntaria», indicó.
Sin embargo, se mantiene el misterio sobre las causas por las que eso llevó tanto tiempo. Y por qué no pudo ocurrir antes del encarcelamiento de Miller a principios de julio.
La periodista fue liberada tras haberse reunido en la prisión, junto a sus abogados, con el fiscal encargado del caso, Patrick J. Fitzgerald, para discutir acerca de su inminente testimonio.
El máximo responsable de The New York Times saludó el comportamiento de su periodista. «El compromiso de Judy de proteger la confidencialidad de sus fuentes ha sido inquebrantable», señaló Arthur Sulzberger. «Estamos muy satisfechos de que finalmente haya sido directa y voluntariamente autorizada (…) a testificar».
El fiscal Fitzgerald, que casi ha cerrado su investigación, reclamaba a Miller desde hace más de un año que revelara el tenor de sus conversaciones con Libby, que la recibió el 8 de julio de 2003 tuvo varias conversaciones telefónicas con ella esa misma semana.
Otro periodista, Matt Cooper, del semanario Time, terminó cediendo a las exigencias de la justicia a fines de junio, afirmando que fue liberado por su fuente de su promesa de confidencialidad. En su caso se trataba del estratega político del presidente Bush, Karl Rove. *
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