Afganistán: El destino está en manos del pueblo
Me atrevo a decir que actualmente el pueblo de Afganistán tiene más esperanzas en el futuro que nunca antes durante los últimos 25 años. Afganistán tiene ahora una Constitución y un Presidente elegido popularmente y pronto tendrá un Parlamento y Consejos Provinciales en todo el país surgidos de las elecciones celebradas el 18 de setiembre último. Aunque el proceso es todavía frágil, el pueblo afgano puede ahora tomar el destino de su nación en sus propias manos.
Ese día, 6,6 millones de afganos (el 53% de los 12,4 millones de votantes registrados), entre ellos muchas mujeres (43%), votaron a lo largo y ancho del país en las primeras elecciones parlamentarias y provinciales desde 1969. Para expresar su derecho a votar ellos desafiaron valientemente el boicot de los talibán y la intimidación de grupos militantes. Se informó acerca de 500 incidentes de violencia el día de las elecciones, pero ninguno de ellos fue lo suficientemente significativo como para interrumpir el proceso electoral. De modo que, sin querer sonar demasiado enfática, afirmo que estas elecciones fueron por cierto una piedra miliar en un proceso de transición destinado a poner en marcha un sistema político más representativo y a establecer el imperio de la ley en Afganistán.
Sin embargo, el proceso eleccionario presentó varias deficiencias que no pueden ser pasadas por alto. El sistema electoral adoptado, el del voto individual no transferible, ha provocado considerables dificultades en muchos aspectos de la organización de las elecciones, incluyendo la necesidad de producir enormes hojas de votación de varias páginas y causando un aumento sustancial de los costos generales. Observo que este sistema de votar por candidatos individuales y no por partidos, puede producir resultados impredecibles y no es necesariamente representativo de los deseos de la población en cuestión de «ideas»; por lo tanto, puede dificultar el resultado deseado de una vida política saludable y organizada. Con su énfasis en los individuos por encima de los partidos políticos, también puede conducir a un Parlamento fragmentado. Asimismo, pese a las dos elecciones realizadas, Afganistán todavía no tiene una exacta lista final de votantes inscriptos y la actualización del registro electoral de 2005 probablemente ha llevado a inscripciones múltiples y a empadronamientos por poder.
Desde comienzos de julio último, una Misión de Observadores Electorales de la Unión Europea que tuve el honor de encabezar, fue desplegada en 29 de las 34 provincias de Afganistán.
El día de las elecciones la misión pudo reunir las observaciones y recomendaciones de un total de 160 observadores en casi 900 circunscripciones electorales. Parte del equipo seguirá en el país hasta a fines de octubre próximo a fin de observar las delicadas cuestiones del recuento, contabilización y resolución de las reclamaciones en el proceso de adjudicación de bancas, así como todo lo relacionado con la certificación de resultados, lo que hace de esta misión internacional de observación la mayor y más prolongada en su género.
Cuanto termine este prolongado proceso de verificación de los resultados, casi ciertamente los organismos elegidos tendrán entre sus miembros ex comandantes mujahidin y talibán moderados que se han acogido al esquema de amnistía en el marco de un proceso de reconciliación nacional. Pero, cualesquiera sea el resultado final, la legislatura se caracterizará por una presencia femenina de proporciones altas incluso para el estándar occidental. La ley electoral prevé para las mujeres un mínimo de 68 bancas en un total de 249 para la Wolesi Jirga (Cámara Baja) y un 25% de todos los puestos en los Consejos Provinciales. Incluso los nómades de la comunidad Kuchi tendrán en el Parlamento por lo menos tres bancas de las asignadas a las mujeres. Este significativo logro se alcanzará gracias al sistema de cuotas, del cual no soy habitualmente una entusiasta partidaria, pero que aparte de ello a veces es necesario a fin de facilitar la transición hacia sociedades más pluralistas y abiertas.
Las mujeres eran aproximadamente el 10% de los 5.800 candidatos, lo que en sí es un resultado muy satisfactorio. Y no me sorprendería que obtuvieran muchos votos, incluso emitidos por hombres, dado que algunos de ellos admiten cándidamente que «las mujeres no tienen las manos manchadas de sangre».
La elección del Parlamento y los Consejos Provinciales es un paso importante hacia delante, pero por sí sola no resolverá los enormes problemas que enfrenta un país que está todavía intentando salir de décadas de guerras y de destrucciones.
Afganistán necesita una importante revisión general: la infraestructura (caminos, saneamiento, electricidad) es prácticamente inexistente, el sistema de cuidado de la salud está entre los peores del mundo y la falta de instrucción y educación universales están en la raíz de los muchos desafíos que enfrenta actualmente el pueblo afgano.
Espero que la Conferencia Internacional de Donantes, prevista para enero de 2006, al tiempo que lance la segunda fase del proceso iniciado por el Acuerdo de Bonn, renueve su compromiso con Afganistán en un período de plazo mediano y use el impulso positivo creado por las elecciones a fin de llevar adelante reformas sostenibles en muchas áreas sociales y económicas. *
(*) Emma Bonino, miembro del Parlamento Europeo y jefa de la Misión de Observación de la Unión Europea para las Elecciones de Afganistán. COPYRIGHT IPS
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