Un juez de la Corte argentina se opone a judicializar la protesta social

El gobierno no negociará si los piqueteros cortan las calles

Hay cierta euforia oficial porque tanto el viernes y lunes pasados, mediante un formidable dispositivo integrado por todas las fuerzas de seguridad, se impidió que los piqueteros ocupasen el puente Pueyrredón que une a esta ciudad con Avellaneda o pudieran marchar hacia el paseo histórico donde está la Casa Rosada.

Los líderes piqueteros no forzaron romper en las dos ocasiones el verdadero dique humano con sus uniformes y elementos disuasivos cercanos, como tanques hidrantes. Hay, dicen, negociaciones secretas, pero todo indica que Kirchner no querrá aparecer como cediendo ante los piqueteros, al menos que hagan esa promesa urbi et orbi que suena a mea culpa pública.

Fernández, la semana pasada antes de montar el megaoperativo uniformado y de filmaciones que puedan ser enviadas a los tribunales en caso de incidentes, reclamó la participación más activas de fiscales y jueces, casi como judicializar las protestas, algo a lo que hasta el presente, al menos en el discurso, se niega el Presidente.

Le salió al cruce el juez de la Suprema Corte de Justicia, Eugenio Raúl Zaffaroni, quien afirmó que el código penal no es instrumento para resolver la conflictividad social que es, en definitiva, un asunto político.

 

Las protestas no son judiciables

«Si no pone en peligro concreto la integridad, un corte de rutas puede constituir una contravención, pero no un delito del Código Penal», manifestó Zaffaroni. «Yo no digo que estas conductas sean lícitas porque realmente hay que evaluar cada caso. Pero, en el campo de lo antijurídico, no todo lo antijurídico constituye un delito. Cortar una calle puede ser una contravención», destacó.

Para Zaffaroni, los cortes de rutas y calles, en el marco de la protesta social, son «de naturaleza administrativa y no judicial, y si no ponen en peligro la vida de alguien, no suponen la intervención de la Justicia».

«Si en medio de un casamiento alguien mata al padrino, tenemos que intervenir, sin duda. Pero no por una razón así yo debo prohibir el matrimonio. El tema de los cortes de rutas es, en realidad, un problema político y tienen que intervenir los políticos. No es un problema de la justicia penal», aseguró.

Hay algo visible: las medidas de contención a las manifestaciones acaso porque no ha derivado en ningún incidente, cuenta con adhesión. Sobre todo de la derecha, al tenor de las declaraciones de sus líderes o de editoriales periodísticos. En cierto modo, ese sector se atribuye una victoria: haber obligado a Kirchner a ser más expeditivo frente a los reiterados cortes de calles que generan caos de tránsito.

Pero dirigentes de partidos de centro y centro-izquierda, de alguna manera están también de acuerdo. Con todo, hay analistas que creen que por ahora nada novedoso y definitivo ha ocurrido. Por caso, «La Nación» escribe que «el Gobierno y los piqueteros deambulan hoy desorientados. No se vislumbra estrategia alguna en estas contenciones en la estación Avellaneda. Aparece sólo como un golpe táctico que unos y otros usan en un juego sin ganadores».

«La Casa Rosada quiere una rendición incondicional de los piqueteros, pero no hubo hasta ahora ningún suceso que respalde ese pedido de bajar las banderas. Hay un empate momentáneo y eso aumenta la incertidumbre sobre el futuro inmediato», escribe.

 

¿Peligro de choques con la Gendarmería?

De hecho la idea, si fuera solo esta, de que los piqueteros han hecho visible nuevamente sus reclamos y han instalado su presencia, por lo que se observa sería un suceso. La intencionalidad política de los partidos de izquierda dura es visible, pero necesitan, y quieren además, resolver problemas que son los que empujan a las movilizaciones.

El referente de la Corriente Clasista y Combativa (CCC), de tendencia maoísta, Juan Carlos Alderete, prometió impedir mítines de campaña del kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires, donde, para el oficialismo, se libra la madre de todas las batallas. Pero al medir lo mal que cayó esa amenaza, el dirigente giró sobre sus palabras y reconoció que «me equivoqué muy feo al decir ese exabrupto porque creo que a ningún argentino le gustaría una lucha que no va a tener retorno».

Por ahora, las protestas serían aisladas y sin anuncios previos, con vistas a que el viernes intenten marchas desde el Hospital Garrahan, donde perdura una huelga de un sector de su personal no profesional, hasta el Parlamento y de allí a Plaza de Mayo.

Lo más preocupante, para algunos analistas, es que al dejarse librado los reclamos a cualquier grupo, las protestas perderán organización y control de los líderes piqueteros. «. El abecé de las protestas indica que las fuerzas de seguridad no pueden estar en todos los lugares a la vez y la contención será diluida por foquismo», advierte «La Nación» de tendencia conservadora..

Ese diario dejó ayer estampada una ¿premonición?: «En la práctica, escribió, hay una certeza: si el capacitado móvil de la Gendarmería es superado alguna vez por un choque con piqueteros, será porque la cuestión dejará de ser una simple manifestación de desocupados». Grave. *

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