Análisis internacional

La próxima Asamblea General de la ONU

El 14 de setiembre se reúne la Asamblea General de la ONU, en el 60º aniversario de su creación en San Francisco, a fin de considerar cambios en su estructura y una posible modificación del Consejo de Seguridad. A estos temas aludimos en la nota del día 26 («La reforma del Consejo de Seguridad»), reseñando el contenido de las propuestas elevadas por los 16 integrantes del Grupo de Alto Nivel. Quedó pendiente un tema fundamental: el del uso de la fuerza.

 

Las 5 condiciones para el uso de la fuerza

Resulta claro a la simple lectura del documento que la invasión de EE.UU. a Irak contra la decisión del Consejo de Seguridad sobrevoló toda la discusión. Un estudio de Kevin Ozgercin y Jochen Steinhilber señala que «la decisión de los EE.UU. de atacar Irak sin la autorización del Consejo de Seguridad, las debacles en Bosnia, Ruanda y Somalia, y los esfuerzos agonizantes por alcanzar un rumbo claro y definitivo para las acciones en la crisis de Darfur, indican que lo que se está viendo es la disolución progresiva y preocupante de estas reglas». Se refieren a las establecidas en el artículo 51 de la Carta, reafirmando el papel decisorio del Consejo de Seguridad. El grupo de los 126 especificó las cinco condiciones en que debiera basarse éste para autorizar el uso de la fuerza.

Son las siguientes: 1) gravedad de la amenaza; 2) intención apropiada (¿está claro y resulta inequívoco que el objetivo principal de la acción militar consiste en bloquear o impedir una amenaza?); 3) debe tratarse del último recurso (cualquier otro sería inefectivo); 4) proporcionalidad de las medidas, en relación a la envergadura, la duración y la intensidad de la acción militar; 5) balance de las consecuencias: ¿conlleva la acción militar una posibilidad razonable de éxito y cabe esperar que sus consecuencias no serán peores que las de una no acción?

Los autores concluyen que «el Grupo no cedió a la doctrina de la seguridad nacional de EE.UU» y que condicionaron la concesión de un mandato colectivo para el uso de la fuerza a criterios estrictos. Es evidente que la invasión de EE.UU. a Irak no hubiera pasado la prueba de estos criterios.

Pero hay algo más. La sombra de EE.UU. se proyecta sobre el conjunto de los documentos elaborados colectivamente para ser debatidos en la próxima Asamblea General.

 

La sombra de Bolton

Para suceder a John Negroponte, elevado hoy a la categoría de zar de la seguridad nacional, el presidente Bush designó a John Bolton, integrante conspicuo de la ultraderecha republicana. Fue un nombramiento fraudulento, porque no contó con la venia del Senado, y se efectuó aprovechando el receso legislativo. La oposición a la designación se expresaba no sólo entre los senadores demócratas sino incluso entre varios republicanos en razón a lo que se ha descrito como «intimidación a subordinados, manipulación de inteligencia para a servir sus intereses y su explícito desprecio de la ONU». Una nota de David Brooks en La Jornada de México expresa que según Bolton la ONU no existe ya que todos saben que EE.UU. ordena y manda en el mundo. Todo el resto es accesorio.

La misma nota resume un memorándum secreto sobre la estrategia del gobierno de Bush, revelado por The Washington Post, según el cual EE.UU. introdujo más de 750 enmiendas al borrador de la declaración que estaba listo para ser firmado por los 175 presidentes y primeros ministros aguardados para la cumbre, con el objetivo de anular los compromisos de asistencia a países pobres, eliminar toda referencia a las metas del milenio y al Tribunal Penal Internacional, así como a las acciones para abordar el cambio climático. Otro objetivo consiste en alterar la cláusula que insta a los cinco miembros permanentes del Consejo a no vetar las medidas destinadas a contener el genocidio, crímenes de guerra o limpiezas étnicas. El artículo afirma que «esto se parece más a un acto de sabotaje que a un intento de sumarse a un esfuerzo multilateral».

 

La reforma del Consejo

Aprovechamos la ocasión para rectificar un error que se deslizó en la publicación de nuestra nota anterior sobre el tema. En realidad, hay dos fórmulas en danza para la ampliación del Consejo de Seguridad. A los 15 miembros actuales (5 permanentes desde hace 60 años y 10 rotativos sin derecho a veto), la fórmula A añade 6 nuevos miembros permanentes (2 de Asia, 2 de Africa, 1 de Europa y 1 de América) y otros 3 miembros no permanentes por períodos renovables de 2 años. La fórmula B crea una nueva categoría de 8 puestos con un mandato renovable de 4 años y un nuevo asiento no permanente por 2 años no renovable. En ningún caso se modifica el derecho de veto. Para que salga una reforma se requiere el voto de los 2/3 de los 191 miembros, o sea 128 votos, lo que es muy difícil. *

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