Los partidarios del presidente Bush invaden Crawford para oponerse a los "antiguerra"
Está previsto que manifestantes y contramanifestantes (equipados con grandes banderas estrelladas) ocupen el pequeño poblado de 750 habitantes instalado en el cruce de una carretera y de una vía ferroviaria secundarias, castigado por el aplastante calor del verano boreal. Al final de la mañana de ayer, el termómetro rozaba los 40 grados Celsius.
Dos nombres están en la boca de todos: el de Cindy Sheehan, una californiana de 48 años que encarna el creciente movimiento contrario a la guerra después de haber perdido a su hijo Casey, muerto en Irak en abril de 2004 unas semanas después de su llegada, y el de Garry Qualls, cuyo hijo también murió en Irak pero que no admite que los que se oponen a la guerra planten una cruz en su nombre.
El campamento de los partidarios de Bush, que esperan reunir entre 1.000 y 1.500 personas, estableció su cuartel general bautizado «Fort Qualls» en el centro de Crawford y prepara una carrera para primeras horas de la tarde de hoy.
Algunas decenas de personas que apoyan a Cindy Sheehan esperan también refuerzos y continúan su vigilia de la paz en «Camp Casey», su campamento situado cerca del rancho de Bush, bautizado como la «Casa Blanca del oeste».
«Camp Casey no es más que un campamento, pero nuestro Fort Qualls es un fortín y esta guerra la vamos a ganar», declaró a la AFP Bill Johnson, un sexagenario conservador de Crawford, que ofreció su propiedad a los partidarios del presidente.
No lejos de allí, con las ropas empapadas en transpiración bajo el implacable sol estival, Brad Ward se vino de Austin (Texas) para manifestar su apoyo a la guerra. El hombre agita un cartel con una paloma de la paz y la leyenda «huella de los estadounidenses cobardes».
«He venido para dar mi apoyo al presidente y honrar al soldado Casey Sheehan, caído en el campo del honor, algo que su madre ha olvidado», afirmó el manifestante, quien admitió que jamás conoció una guerra de cerca, aunque cumplió el servicio militar después de la primera guerra del Golfo.
Ward instó a los periodistas a «dar la palabra» a los partidarios de la guerra, después de haber hecho tanta publicidad a Cindy Sheehan.
De acuerdo con un vigilante privado que se puso bajo la sombra de una gigantesca estatua de los «Diez mandamientos» para fumar un cigarrillo, la situación es calma. «Hay algunos choques verbales entre los pro y los antiguerra», pero eso «no tiene nada de malo», dijo.
A la entrada del villorrio, delante de la «Casa de la paz», donde acampan algunos de los antiguerra, un manifestante enarbola una pancarta con las palabras: «Destituir a Bush. Sus mentiras matan», enfrente a una larga fila de coches, en su mayoría manejados por partidarios de George W. Bush.
El primer mandatario permaneció durante toda la jornada de ayer en su rancho fuera del alcance de las miradas exteriores, protegido por un riguroso esquema de seguridad. En una alocución radial difundida en la mañana del sábado, Bush pidió paciencia a los estadounidenses: «Nuestros esfuerzos en Irak y en el Gran Medio Oriente demandarán algún tiempo aún, sacrificios, y una determinación sin claudicaciones», expresó. *
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