La guerrilla quedó atrás
Enrique Gorriarán Merlo, uno de los ejecutores del ex dictador nicaragüense Anastasio Somoza, asegura que la historia reivindicará a las guerrillas latinoamericanas.
A los 63 años de edad, 31 de ellos en la clandestinidad o en prisión, afirma que el tiempo de las armas quedó atrás y que la lucha pasa hoy, a casi 30 años de la derrota militar de la guerrilla argentina, por garantizarle a la población «un plato de comida».
El ex hombre fuerte del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y guerrillero sandinista en Nicaragua recibe a Proceso en un apartamento de Palermo, un elegante y tradicional barrio de Buenos Aires, pocos días después de lanzar su flamante Partido para el Trabajo y el Desarrollo.
Gorriarán ya no se parece al temido guerrillero que retratan las viejas crónicas periodísticas. Habla pausado y mide cada una de sus palabras. «Siento haber tenido que vivir toda esa época tan dura, pero no me arrepiento de haber resistido», dice este hombre nacido en la localidad bonaerense de San Nicolás y que adoptó como segunda patria a Nicaragua, donde paradójicamente se le niega la entrada por razones de «seguridad del Estado».
Catalogado por sus antiguos compañeros de armas como uno de los más «duros» guerrilleros de los años setenta, su nombre quedó asociado para siempre con el asesinato de Somoza, en Asunción, el 17 de setiembre de 1980. «No se trató de una acción por venganza o un atentado individual, sino de una emboscada contra el jefe de la contrarrevolución nicaragüense», argumenta.
Ocho años después, en plena democracia argentina, comandó el asalto al cuartel militar de La Tablada, en las afueras de Buenos Aires, «para detener un golpe de Estado», según dice. Fue detenido en México en 1995 y expulsado a Argentina, donde la Justicia lo condenó a prisión perpetua. Salió de la cárcel en 2003, indultado por el entonces presidente Eduardo Duhalde.
En entrevista con Proceso, repasa los «años de plomo» de la lucha armada, su paso por Nicaragua, el asesinato de Somoza y su futuro en la política argentina.
–¿Cómo definiría a su movimiento?
–Las caracterizaciones tradicionales están bastante deterioradas. Nosotros decimos que es un partido que busca el desarrollo de un país en el marco de la mayor equidad social posible y en dirección a una igualdad cada vez más plena.
–Sus antiguos camaradas de armas dirían que olvidó nombrar al marxismo…
–Sí, algunos, pero el marxismo es el análisis concreto de la realidad concreta. No reniego de ninguna manera del marxismo. Sólo que dentro del partido hay compañeros de otras corrientes.
–Hace 10 años, en plena crisis pos-URSS, Raúl Castro (jefe de las Fuerzas Armadas de Cuba) dijo que en su país eran más importantes los frijoles que los cañones. Antes la guerrilla luchaba por un cambio profundo en la sociedad, ¿hoy sus antiguos referentes tienen como objetivo garantizar un plato de comida a la gente?
–Sí, tenemos que garantizar el plato de comida: además ha cambiado el contexto nacional e internacional. En los años setenta, nuestra idea era tomar el poder y decretar el socialismo. visto hoy, creo que habría más posibilidades que ahora porque había una tecnología alternativa que era el campo socialista.
–¿Su programa apunta hacia el socialismo como meta final?
–Si uno ve el socialismo como (meta para) lograr una equidad más plena, apunta en esa dirección. Buscamos los mismos objetivos de igualdad social adaptándolos a las políticas del momento.
–En el contexto actual latinoamericano, ¿con cuáles gobiernos se siente hoy identificado?
–Con matices hay un contexto nuevo en el que se va desarrollando una óptica latinoamericana que hasta hace algunos años no existía, con los casos de Venezuela, Cuba, Brasil, Uruguay. Y en 2006 habrá elecciones en Nicaragua y Bolivia, que pueden ensanchar este panorama con los sandinistas y Evo Morales. Nos sentimos identificados con esos procesos.
–Se olvidó de nombrar a Argentina, o no lo incluye entre estos países…
–Estaría incluido en esta corriente latinoamericana. Néstor Kirchner tiene una política destacable en derechos humanos y política internacional, pero en lo económico y social no ha logrado satisfacer las expectativas. Es algo no peligroso, pero preocupante, porque puede llegar el momento en que el consenso se deteriore y pueda ser utilizado por las tradicionales fuerzas más recalcitrantes de la derecha.
La historia nos absolverá
–¿Qué le faltó a la guerrilla argentina para hacer el mismo camino que los tupamaros en Uruguay, que hoy integran el gobierno de Tabaré Vázquez?
–El problema es que fue un proceso diferente. Acá hubo 30 mil desaparecidos, intentaron terminar con una generación.
Todos los dirigentes que cayeron en manos de la dictadura fueron asesinados. En Uruguay, los tuvieron como rehenes y lograron sobrevivir. Esto ayuda a reintegrarse al proceso (político).
–¿A la guerrilla argentina le faltó un mea culpa?
–No, no lo veo así. De ninguna manera nos arrepentimos de haber combatido al autoritarismo, aunque en ese proceso obviamente cometimos errores puntuales. Este es uno de los pocos países donde no se reivindica como se debiera a la resistencia. Lógicamente, como nosotros no dominamos los medios ni contamos con aparatos de Estado, nos cuesta mucho el debate diario. Si no hubiese habido dictadura, no hubiera habido guerrilla.
–¿Pero actuaron contra el gobierno constitucional de Héctor Cámpora, en 1973?
–No, no actuamos contra Cámpora. Cuando asume, ofreció una tregua. Nosotros, como ERP, la rechazamos y expresamos que los militares estaban agazapados para volver a golpear. Si bien no atacaríamos al gobierno y a la policía, dijimos que sí íbamos a seguir atacando a las Fuerzas Armadas.
–¿No fue un error de la guerrilla no aceptar la tregua?
–Debemos haber aceptado la tregua, no porque hubiera un gobierno democrático en todos los términos. Subió por métodos democráticos, pero gobernó con un método contrainsurgente de terrorismo de Estado. Entre 1973 y 1976 (durante los gobiernos constitucionales de Cámpora, Juan Perón e Isabel Perón, antes de que ésta fuera derrocada el 24 de marzo del 76), hubo más desaparecidos que durante la dictadura anterior (la del general Juan Carlos Onganía, de 1966 a 1970). El robo de niños empezó en el 74. Si hubiéramos aceptado la tregua, permaneciendo puesto en evidencia que la Triple A (el grupo paramilitar Alianza Anticomunista Argentina, responsable de cientos de asesinatos) tenía una estrategia de poder propia del fascismo. Y eso nos hubiera granjeado un apoyo político más importante.
–Parafraseando a Fidel Castro, ¿cree usted que la historia lo absolverá?
–Sí. Y no me refiero a mí, sino a la lucha. Cuando viene el golpe de Onganía (en 1966), nosotros no lanzamos la guerrilla enseguida. Nos movilizamos para recuperar las libertades perdidas. La dictadura contestó con asesinatos, prisión y tortura.
En 1970 hubo el primer desaparecido. Recién ahí, en julio, decidimos enfrentar a la dictadura por la vía armada. Los hechos históricos recientes no se analizan con la falta de pasión que haría falta también del lado nuestro, y eso ayuda a no tener la objetividad necesaria. Nosotros siempre dijimos la verdad. No hay ningún desaparecido por la guerrilla, ningún niño robado, ningún torturado. Hubo dictaduras, en un contexto de la doctrina de seguridad nacional impulsada por Estados Unidos, que primero violaron la Constitución con los golpes de Estado. DespuÃ
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