Intelectuales brasileños entre el silencio y la cólera

El escándalo de corrupción que involucra al izquierdista Partido de los Trabajadores (PT) estremece a intelectuales afines al presidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva y sus reacciones van desde el silencio perplejo a la cólera pasando por un doloroso desencanto.

El cantante, compositor y escritor Chico Buarque, símbolo de la resistencia a la dictadura militar en los años 70 y 80, admite que habla de la crisis a «contragusto».

Reconoce empero que «el alma del país está herida con la serie de hechos que eran mantenidos en el plano subterráneo y están aflorando». «Es algo doloroso pero puede ser necesario», dijo al recibir un premio literario.

«Voté por Lula. Estoy triste. Pero el hecho de estar triste es tan importante como la alegría rabiosa de quien nunca gustó de Lula, de quien nunca aceptó la victoria de Lula», agregó. La filósofa Marilena Chaui «decidió callarse ante la crisis» y defendió esa actitud durante un seminario en Rio de Janeiro sobre «El silencio de los intelectuales: cultura y pensamiento en tiempos inciertos».

El fraile dominico Betto, símbolo de la izquierda católica latinoamericana y viejo amigo de Lula, expresó en cambio a viva voz su «desencanto».

«La derecha brasileña no consiguió en décadas lo que un pequeño núcleo de dirigentes petistas consiguió en pocos años: desmoralizar a la izquierda», dijo Betto, quien dirigió un programa social de Lula hasta diciembre y renunció disgustado con la política económica. «Ni la dictadura brasileña logró desmoralizar a la izquierda. Fuimos a la cárcel, salimos con la cabeza en alto porque estábamos orgullosos de haber luchado y ayudado a salvar la democracia», dijo Betto autor de varios libros ellos «Fidel (Castro) y la religión». El sociólogo Francisco Oliveira, cofundador del PT en 1980 y escindido del partido en 2003, afirmó que «el intelectual no tiene derecho a callarse». Olivera sostuvo que el gran error de la dirección del PT fue el dar «un giro a la derecha y alejarse de las bases, de los militantes del partido».

«Desde el punto de vista del partido ese fue un gran error. Desde el punto de vista del gobierno, fue un error más grande porque en nombre de la gobernabilidad agrandó las alianzas al extremo de perder su alma», dijo al diario O Globo. *

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