El "plan de evacuación" fue calificado de traición al sionismo e incluso de "sacrilegio" por algunos rabinos

Sharon ganó la apuesta, pero aún tiene otros desafíos más difíciles

El hombre que fue durante décadas el arquitecto de la colonización se encuentra hoy en una difícil posición dentro de su propio partido, el Likud (derecha), mientras la retirada de Gaza no necesariamente ofrece a los israelíes una perspectiva de acuerdo de paz.

«A corto plazo, las imágenes de colonos con lágrimas en los ojos, expulsados de sus casas manu militari, amenazan con dañar la imagen de Sharon, sobre todo en su propio campo», afirmó el politólogo Yossi Alper.

«Pero la enseñanza que guardarán los israelíes es que la evacuación de colonias no es tan traumática como podría creerse, y eso podría servir de precedente, aunque una retirada de Cisjordania sea mucho más difícil de imaginar que la de Gaza», agregó.

«Esa es, en todo caso, la lección que saca el mundo entero, que sin embargo corre el riesgo de engañarse viendo esta retirada como el comienzo de un proceso de paz, cuando para Sharon se trata de trazar unilateralmente las fronteras de Israel», continuó.

Sea como sea, la determinación de Sharon, el amplio apoyo que recibió ante el Parlamento y el respaldo de la mayoría de la opinión pública, reflejado en los sondeos, le permitieron imponerse sobre los radicales nacionalistas y religiosos.

Ni las vehementes denuncias de estos últimos contra su «plan de evacuación», calificado de traición al sionismo e incluso de «sacrilegio» por algunos rabinos, ni las poco veladas amenazas de «guerra fratricida» convencieron a la oponión pública.

La extrema derecha y las organizaciones de colonos lograron hacer salir a la calle a más de 100.000 manifestantes, pero sólo una fracción de ellos estaban dispuestos a acudir a las colonias para enfrentar a las fuerzas de seguridad.

También fueron en vano sus apuestas a una fractura del ejército: de decenas de miles de de soldados que participaron en las operaciones, sólo algunas decenas se negaron a cumplir las órdenes de desalojo.

La apuesta de Sharon también resultó exitosa en lo que respecta a los palestinos, ya que la evacuación no se realizó «bajo fuego», como algunos temían.

Al contrario, los grupos armados, bajo la presión de la Autoridad Palestina, prácticamente detuvieron sus ataques, absteniéndose incluso de reaccionar a dos atentados antiárabes cometidos por dos extremistas que mataron a ocho personas (cuatro árabes israelíes y cuatro palestinos).

Pero más allá de ese éxito, el futuro sigue siendo incierto. Fustigado por su principal rival, el ex primer ministro Benjamin Netanyahu, Sharon tendrá que ofrecer garantías a su propio partido, después de haberle forzado la mano.

En este contexto, los analistas israelíes coinciden en descartar la posibilidad de una nueva retirada, al menos hasta las próximas legislativas, previstas para el otoño (boreal) de 2006.

Mientras tanto, la construcción de colonias continuará y ni siquiera está previsto en un futuro cercano desmantelar las colonias «salvajes» (no autorizadas), contrariamente a lo prometido por las autoridades, según fuentes cercanas a la presidencia del Consejo de ministros.

Por su parte, Sharon exige a la Autoridad Palestina que desmantele los grupos armados -algo que ésta no tiene intención alguna de hacer por ahora- y no se contenta con una tregua.

El primer ministro israelí estima que ahora corresponde a los palestinos tomar la iniciativa, pero estos ven la retirada de Gaza únicamente como un primer paso. El abismo entre ambas partes sigue intacto. *

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