Chiítas y sunitas, relaciones difíciles

Las relaciones entre las dos principales corrientes del islam en Irak, los chiítas y los sunitas, se han caracterizado desde la caída del régimen de Saddam Hussein en abril de 2003 por tensiones, exacerbadas por las diferencias sobre la Constitución, principalmente en torno al federalismo.

El embajador de Estados Unidos en Irak, Zalmay Jalilzad, destacó a comienzos de agosto la necesidad de «alcanzar una unidad nacional entre los iraquíes para derrotar a los insurgentes», que «quieren una guerra civil, religiosa y étnica».

– LOS CHIITAS representan más de la mitad de la población iraquí (más o menos 60%) y están establecidos principalmente en el sur del país.

Después de años de opresión por el régimen sunita de Saddam Hussein, obtuvieron una amplia victoria en las elecciones generales del 30 de enero, llegando así al poder por primera vez en la historia del país.

Su larga exclusión del proceso político en beneficio de los sunitas comienza en los años 1920, cuando los dignatarios religiosos chiítas piden a sus fieles que boicoteen las elecciones organizadas por el ocupante británico.

La marginación de los chiítas, que en los años 1950 son mayoría en el partido Baas y en el partido Comunista iraquí, se acelera en los años 1970, con el aumento del poder del clan sunita de los Tikrite de Saddam Hussein.

Su llegada al poder se traduce por la prohibición de algunas fiestas religiosas, como el Achura, y una represión sangrienta contra los dirigentes religiosos chiítas, el más importante de los cuales, el ayatolá Mohamed Baqer Sadr, es ejecutado en 1980.

En 1991, justo después de la derrota iraquí en la guerra del Golfo, una insurrección popular chiíta estalla en las regiones del sur de Irak. Este amplio movimiento de hostilidad al poder es reprimido de manera sangrienta por las autoridades.

Sólo la caída del régimen de Saddam Hussein en abril de 2003 permite a los chiítas la práctica abierta de sus ritos.

Pero son entonces víctimas en varias oportunidades de sangrientos atentados, a Nayaf en agosto de 2003 (al menos 83 muertos, entre los cuales el dignatario religioso Mohammed Baqer Hakim), luego en Kerbala y en Bagdad el 2 de marzo de 2004 durante el duelo sagrado del Achura (más de 170 muertos).

El 19 de diciembre, las ciudades chiítas de Nayaf y Kerbala son de nuevo blanco de dos atentados (66 muertos).

El 28 de febrero, Hilla, ciudad de mayoría chiíta, es blanco del atentado más mortífero desde abril de 2003, reivindicado por el grupo del jefe de Al Qaida en Irak, Abú Mussab al-Zarqaui (118 muertos).

Los chiítas forman actualmente una comunidad no monolítica. El gobierno iraquí, dominado por una corriente religiosa mayoritaria fiel al gran ayatolá Alí Sistani, es partidaria de que se mantengan fuerzas extranjeras, mientras que el jefe radical Moqtada Sadr cuyas tropas, el Ejército del Mehdi, dirigieron el año pasado una rebelión, es un enconado opositor a la presencia de los estadounidenses en su país.

Irak ocupa un lugar considerable en el chiismo. Los elementos fundadores de esta rama de la fe musulmana se desarrollaron aquí y seis de los 12 imanes venerados por el chiismo están enterrados aquí, en particular Alí, primo y yerno del profeta Mahomet, cuyo mausoleo se encuentra en Nayaf, y Hussein, hijo de Alí y nieto del profeta, en Kerbala.

LOS SUNITAS buscan presentarse como la ortodoxia frente al chiísmo, es decir la que aplica las doctrinas, normas y costumbres establecidas por la religión.

Se someten a la sunna («Tradición del Profeta») y obedecen al poder instalado, incluso si no es religioso.

Una corriente muy purista del sunismo es el wahabismo, actualmente doctrina de Estado en Arabia Saudí.

Los sunitas, si bien mayoritarios en el islam, son minoritarios dentro de la población iraquí (entre 20 y 25%).

Siempre han estado a la cabeza del Estado y han dominado el ejército y las fuerzas de seguridad. Bajo el régimen de Saddam Hussein, los sunitas beneficiaban de su protección y ocupaban la mayoría de los puestos de mando, formando lo esencial de los cuadros superiores del ejército, de la policía y del partido Baas.

Relegado al segundo plano después de la invasión estadounidense de Irak en marzo de 2003 en beneficio de los chiítas y los kurdos, la minoría sunita surge de una subrepresentación en la Asamblea debido a los llamados a boicotear que mantuvieron a sus electores lejos de las urnas el 30 de enero pasado, sancionando la pérdida de influencia de esta comunidad.

Ya frustrada por el aumento del poder de los chiítas, esta comunidad se siente blanco de las numerosas operaciones y detenciones practicadas por las fuerzas iraquíes y estadounidenses en barrios o localidades pobladas por árabes sunitas, debido a la naturaleza misma de su insurrección, compuesta esencialmente de sunitas. *

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