El subcomandante Marcos aún no ha develado cómo se concretará esa "campaña alternativa"

Alianza de izquierda ensombrece las aspiraciones de López Obrador

El propio partido de López Obrador aceptó este pasado fin de semana reeditar la alianza con dos formaciones minoritarias, el Partido del Trabajo (PT) y Convergencia, como sucedió en las elecciones de 2000.

Pero ese proyecto podría reavivar la disputa sobre la candidatura presidencial entre López Obrador, la estrella política del PRD, y Cuauhtémoc Cárdenas, su líder histórico.

El PT y Convergencia, dos partidos con poco más del 1% respectivamente en la Cámara de Diputados, aseguran que Cárdenas tiene su propio lugar en el proyecto.

Cárdenas, que ha participado sin éxito en tres elecciones presidenciales en México, tuvo que abandonar el pasado mes de julio la carrera interna para ser el candidato presidencial del PRD en 2006, ante la presión incontenible de los partidarios de López Obrador.

«Yo estoy dispuesto a hacerme a un lado, porque no estoy buscando cargos públicos», dijo el popular ex alcalde durante una gira por Monterrey (norte).

«Yo estoy por las ideas, no por las personas», replicó a su vez Cuauhtémoc Cárdenas, de 71 años.

Cárdenas asegura que no tiene prisa, y que incluso está dispuesto a esperar para tomar una decisión hasta el próximo mes de noviembre, aunque sin abandonar nunca, asegura, al PRD.

«La gente fuera del PRD ve cómo la izquierda vuelve a sus demonios; todo el mundo está generando una posición propia», analizó Alberto Aziz, politólogo de la Universidad Iberoamericana.

La ventaja de que dispone López Obrador actualmente en las encuestas, frente al resto de precandidatos mexicanos, «tampoco es mágica, se puede caer, necesita muchos elementos para fortalecerse», puntualizó este experto.

Además del frente de izquierda de Cárdenas, existe otro motivo de angustia para López Obrador y sus acólitos: los reiterados ataques del subcomandante zapatista Marcos, que desde la Selva Lacandona, con un gallo debajo del brazo, anuncia «otra campaña» en todo el país para saldar viejas cuentas con el PRD.

Marcos, hábil conocedor de los medios de comunicación como López Obrador, aún no ha desvelado cómo se concretará esa «campaña alternativa».

El mayor problema para el PRD mexicano, casi veinte años después de su fundación, sigue siendo su debilidad territorial: sólo está realmente presente en el centro y sur del país, además de Baja California Sur (noroeste).

En las elecciones de 2000, el PRD y su alianza con el PT y Convergencia, así como con otros dos pequeños partidos, obtuvo 6,2 millones de votos.

Para julio de 2006, necesita al menos 15 millones de votos, en torno al 37,5% del electorado, teniendo en cuenta una participación de 40 millones de votantes, según un estudio de Consulta Mitofsky.

Esa cifra sólo la han alcanzado por el momento el Partido Acción Nacional (PAN, gobernante) y el Partido Revolucionario Institucional (PRI). *

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