La Justicia brasileña llega a Londres
Llegaban ayer lunes a Londres representantes del gobierno brasilero con la intención de conocer directamente de fuentes oficiales inglesas los detalles de la muerte de un inocente de su país y de las investigaciones relacionadas a hechos del pasado julio 22.
Ese día Jean Charles de Menezes, un electricista de Gonzaga, Minas Gerais, residente en Londres, fue ejecutado sumariamente por fuerzas policiales británicas, en el marco de la controvertida Operación Kratos, que exige la inutilización inmediata y total de la masa encefálica del sospechoso. Menezes recibió siete disparos en la cabeza.
Los enviados especiales del ministerio de Justicia y de la policía del Brasil se reunirán con miembros del comité independiente, la IPCC, que investiga los sucesos relacionados a la balacera en la estación de Stockwell y que segaron la vida de un compatriota, de una forma que shockeo a la opinión pública inglesa, brasilera y mundial.
También hay reuniones marcadas con la Policía Metropolitana de Londres y probablemente también con Sir Ian Blair, el comisionado de policía de la capital y jerarca de Scotland Yard. Se piensa que también visitarán el apartamento de Menezes y la estación subterránea donde ocurrieron los hechos.
También se espera que los emisarios del Brasil le hagan una ofrenda floral al relicario espontáneo en memoria de Menezes, que se armó afuera de la estación de Stockwell por londinenses de la zona y por miembros de la comunidad brasilera en la capital.
La llegada de los jerarcas brasileros se une a la del ministro de Relaciones Exteriores del Brasil, hace tres semanas, y al cual se le había prometido «la más exhaustiva investigación».
Las cosas parecieron quedar allí, ya que había confianza sobre la conducción de las pesquisas en Londres relacionadas a la muerte de Menezes.
Todo cambio la semana pasada cuando surgieron revelaciones que arrojaron un violento cimbronazo de dudas y especulaciones sobre la los hechos acaecidos y la correcta conducción de la investigación.
Primero fue la cadena nacional ITV que abrió una caja de pandora informativa. Según documentos obtenidos por esa televisora, había graves discrepancias entre la versión oficial y lo que realmente sucedió entre la calle Scotia Road de Tusle Hill donde vivía Menezes y, media hora más tarde, en la estación del subterráneo Stockwell, ambos al sur de Londres.
La versión oficial de lo que ocurrió ese día está hoy categóricamente desvirtuada.
La semana pasada mismo la IPCC hizo una declaración pública donde detallaba las trabas de que había sido objeto por parte de Scotland Yard, para iniciar las investigaciones.
Ese fue el último bulto que le rompió el espinazo a la mula.
Ante versiones internacionales que indicaban que la familia Menezes y sus abogados le habían perdido total confianza a las investigaciones oficiales inglesas, el gobierno de Lula se vio obligado a enviar dos de sus más sagaces investigadores a Londres, en una acción internacional sin precedentes recientes en la relación entre ambos países.
La mera presencia de los brasileros es una nota de vergüenza y atención para Scotland Yard a la vista del mundo.
Desde hace siete días una seguidilla de trascendidos y rumores extraoficiales hicieron imperiosa la llegada de los brasileros.
Por delante tendrán una agenda abultada, ya que son muchas las preguntas que quedan sin responder. Las grandes interrogantes de la investigación consisten en: 1) Por qué no se arrestó con vida al supuesto «sospechoso» Menezes entre su apartamento y la estación, un trayecto que debe hacerse en colectivo y que normalmente lleva 30 minutos de cumplimiento.
2) Quién autorizó y quién efectuó los disparos y por qué se utilizó tanta alevosía cuando nadie había decidido si se trataba de un sospechoso armado o de un simple pasajero que iba a su trabajo.
3) Qué pasó con las cintas de CCTV de la plataforma de la estación subterránea, que aparentemente desaparecieron. Las cintas de la entrada a la estación si existen y demuestran claramente que Menezes no había corrido a la entrada ni saltado las barreras de expedición de tiques.
4) Qué pasó en la escena del crimen durante los cuatro días que permaneció cerrada la estación si ya a las 24 horas se había confirmado que se trataba de un trágico error donde un inocente había perdido la vida. Los miembros de la IPCC no pudieron entrar sino hasta 5 días después de los sucesos.
5) Quién autorizó el ofrecimiento de US$ 25.000 en tierra brasilera a la familia de Menezes, cuando se encontraban sin respaldo legal y en un período de gran congoja personal.
6) Por qué el experto patólogo que realizó el pos-mortem anotó, cinco días después de la ejecución, que el occiso había corrido y saltado, cuando ya se sabía secretamente en Scotland Yard que los hechos no habían transcurrido de la manera que públicamente se informó.
No se piensa en Londres que los enviados brasileros obtengan una respuesta a todas sus preguntas. Pero la comunidad brasilera y muchos londinenses reconocen que le ponen una altísima presión internacional a una muerte que ha shockeado al mundo entero.
Scotland Yard, la IPCC y otros organismos del Estado británico deberán desde ahora en adelante ser mucho más claros en la información que den al público. Los observan 200 millones de brasileros. *
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