Colonos cambian lujosas casas por austeros cuartos de hotel en Jerusalén

Después de haber sido desalojado de su casa de la colonia de Neve Dekalim, Mordechai Better se hacina con su familia en un cuarto de hotel de Jerusalén y busca con sus compañeros de infortunio la forma de encontrar un nuevo lugar para vivir.

«Somos refugiados sin trabajo, sin casa y sin futuro», se lamenta Better, de 51 años, que llegó a Jerusalén el miércoles procedente de Neve Dekalim con su esposa y sus cuatro hijos.

El ambiente austero del hotel Caesar de Jerusalén contrasta con su casa familiar de 160 metros cuadrados que será destruida en los próximos días.

Instalado desde 1982 en la Franja de Gaza, Better dirigía los servicios educativos del consejo regional de este territorio, un empleo que perdió cuando se aplicó el plan de retirada del primer ministro israelí Ariel Sharon.

«Estoy en un callejón sin salida. No veo nada al final del túnel. Buscamos soluciones para reconstruir lo que Sharon destruyó», añadió el colono. A su lado, su esposa Tamar no consigue ocultar su tristeza. «No lo creímos hasta el último momento», murmura. La pareja parece exhausta por la falta de sueño de los últimos días, tras haber perdido la comodidad de la casa familiar. Los niños están en una habitación contigua, donde reciben la visita de psicólogos que intentan reducir al máximo sus traumas.

En un hotel vecino, medio centenar de familias fueron recibidas en los últimos días. Otras son esperadas a lo largo de la jornada. En la recepción, particularmente ruidosa, los colonos intentan organizarse.

Hay que recuperar los muebles y otras pertenencias que siguen en las casas familiares e investigar cómo conseguir un empleo y una nueva casa.

Muchos se precipitan, con la mirada angustiada, ante los grandes paneles que informan sobre actividades previstas para los niños, los horarios de oración o la frecuencia de autobuses.

Noam Herschtik, que nació en Neve Dekalim hace 17 años, lleva todavía la camiseta azul que rasgó en señal de duelo. Con la mirada perdida, el adolescente confiesa «no tengo la menor idea de lo que haré mañana».

Su familia se niega a alojarse en la ‘caravilla’, las casas móviles de lujo que el gobierno pone a disposición de las personas evacuadas al sur de Israel.

«Nueve personas en 90 metros cuadrados es algo insoportable», explica Ilana, su madre.

Yigal Kaminetsky, rabino de Goush Katif (bloque de colonias de la franja de Gaza), visitó el domingo a varios grupos de colonos albergados en los hoteles de todo el país. Su discurso optimista chocaba con la tristeza que flotaba en el ambiente.

«Destruyeron nuestra casa pero no destruirán nuestro espíritu. Estamos sin casa, sin trabajo y sin nada. Pero caerán rendidos ante nuestros pies», declaró. *

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