Piqueteros enfrentan a Kirchner
¿Y si cediera a esa predisposición y se produce lo que nadie quiere, víctimas mortales? En el gobierno están convencidos que ultras de distinto signo van en busca de un cadáver y desestabilizar al Presidente. Ya le pasó a Eduardo Duhalde en 2002. La réplica: «instalamos en la sociedad nuestras demandas».
La izquierda leninista dirige la mayoría de las agrupaciones piqueteras francamente anti Kirchner, ya que otro espacio cuya dimensión no es menos que la otra y algunos sostienen que es mayor, hace política en favor del presidente, Mueve lo que puede, que no es escaso, hacia los mítines que con frecuencia participa Kirchner tanto para difundir lo que considera logros como para desarmar las huestes de Eduardo Duhalde ahora con alianzas de cepa de derecha que de una u otra manera se engarza con lo que le queda a Carlos Menem, fuera de La Rioja.
Dicho de otro modo, amigos y enemigos de Kirchner en el movimiento piquetero hacen política, así que las acusaciones a la ultraizquierda de subirse al tren de las necesidades de los más humildes es solo una parte de la verdad. La más importante son las condiciones objetivas que permiten al arco de esos partidos o a los autonomistas que creen en el «contrapoder» bregar por mantener la fuerza que hasta hace poco destacaban a estas organizaciones.
Han perdido capacidad de convocatoria y están aislados, pero no habilidad para estar en un primer plano. De suyo cada incursión en los planes de lucha por demandas sociales y políticas, entre ellas, la libertad de detenidos en la puerta de procesos pesados que pertenecen a ese espacio, de alguna u otra manera los unifica en las calles, No lo consiguen en construir opciones electorales (o abstencionistas) donde las ofertas son tantas como las corrientes que se dicen trosquistas.
No todos los partidos de esta matriz siguen manteniendo como única opción de poder la de llenar con multitudes calles y plazas y abrir una posibilidad en millones de que se repita noviembre de 1917. No son visibles las tesis insurreccionales.
Desestabilizar a Kirchner
Por caso, el Partido Comunista comenzó a diferenciarse al menos en lo electoral, participando en la formación de alianzas amplias en sociedad con el Partido Socialista. De hecho, este matiz, ha llevado a la casi ruptura que desde hace tiempo mantenían con un sector trosquista, el Movimiento Socialista de los Trabajadores en Izquierda Unida, con representación en el Parlamento Nacional y algunas legislaturas.
De todas maneras, el espacio «duro» ha perdido aliados en las capas medias. Al contrario, hoy gran parte de la sociedad quisiera más ver a un Kirchner represivo que ponerse de lado de las acciones y demandas de los piqueteros. ¿Qué razones los llevan a endurecer sus métodos, hacer imposible el tránsito, ocupar espacios públicos? El Poder está muy lejano y lo que ocurre más que gimnasia, luce como poner al gobierno en dificultades en el distrito porteño donde más incide el disloque del tránsito. El tema piquetero, está en el discurso de la derecha clásica y la que se arrima a la candidata a senadora nacional, Hilda González «Chiche» Duhalde.
Pareciera que las opciones de permitir demostraciones y asegurar los derechos de los que no participan de ellas son nulas y no es así, pero requiere de decisiones políticas claras.
Algunos ven la mano del duhaldismo en estas movilizaciones, posible quizá en algún auxilio financiero clandestino pero no determina un criterio acendrado sobre el papel de las movilizaciones y la lucha tanto por las reivindicaciones inmediatas como para llegar al Poder que tiene esta izquierda que desdeña al Parlamento y el fortalecimiento de las instituciones democráticas.
De todas maneras, la negativa oficial a incrementar las miserables asignaciones a desocupados ( los piqueteros no reciben ni el 10% del total de la plata de que de alguna manera administran y no mal) hace lo suyo. Hay vacíos que se llenan con protestas.
Como está el ritmo de ocupación, pasará mucho tiempo para que se puedan abandonar las políticas asistenciales, que reclama de un sistema transparente. ¿Puede el actual modelo de acumulación y distribución superar este trauma?. No parece y este será el debate pos electoral.
El acoso a Duhalde
Primero, fue la candidata del kirchnerismo a senadora nacional por el principal distrito que contiene al 38% del electorado, Cristina Fernández, quien lanzó contra Duhalde a aplicar prácticas afines a la de El Padrino. Más tarde el propio presidente, siguió con acusaciones de manejos turbios de los ingentes recursos que el gobierno bonaerense en tiempo de Duhalde recibió de la Nación. Tras cartón, siguieron otros ataques con el doble mensaje: chucear al caudillo para que intervenga en la porfía, pero nadie le saca una palabra a Duhalde, y dejar claro que no se trata de un entrevero circunstancial, que la ruptura es para siempre.
En la oposición no creen en esto, pero es preferible que entiendan que en este caso, no hay retorno posible, sobre todo luego que el piquetero y diputado provincial, Luis D’Elía tratara de vincular el nombre de Duhalde con el narcotráfico.
Es verdad que el dirigente social no pasa por su mejor momento de relación con el Presidente y su entorno, y tal es así que no pudo lograr para los suyos del Movimiento de Tierra, Vivienda y Hábitat (MTV), con fuerte arraigo entre desocupados, algún puesto importante en la lista de diputados nacionales y provinciales. Acaso la dureza puede tener como auditorio su propio frente interno. Pero dijo lo que dijo por que está en la línea más dura de la confrontación bonaerense.
Pero temprano o tarde el tema de la droga como componente del financiamiento de la política, su relación con alcaldes y fuerzas de seguridad, tendrá que estallar. Hace rato que la líder del ARI, Elisa Carrió, ha dicho lo mismo que D’Elía como pregonando en el desierto. El mismo piquetero ha sido azotado con palabras duras por un espacio no desdeñable de la oposición y de oficialistas, sobre todo los que abandonaron a Duhalde y se sumaron al Presidente.
Una vieja sospecha que se actualiza
Pero el narcotráfico ha colocado sus reales en el Gran Buenos Aires y es parte indivisible de la violencia. Merece ser un asunto de Estado, no de campaña electoral. De comité de pesquisa serio. Si alcanza a Duhalde o no, es harina de otro costal. A principios de los ’90, un periodista de prestigio, Hernán López Echagüe, encartó al ex presidente con ese estigma. En otro reciente trabajo sobre intendentes del conurbano, «El aparato», de María O’Donnell, se cuenta que en Merlo, donde campea un neo kirchnerista, Raúl Othacehé, en las paredes sus opositores pintaban consignas acusándolo de «narco», que este personaje utilizó antes contra sus adversarios. ¿Qué villa miseria o barrio no conoce a dillers vinculados a caciques del justicialismo?.
La sospecha no es nueva, pero no se sabe si se puede probar ahora. Lo que parece imposible es que con semejantes dardos pueda pensarse en un arreglo entre las facciones para después de los comicios. La pregunta es si lo que avanza junto al Presidente contra «el aparato», donde hay de todo un poco, quiere limpiar la provincia de ese estigma o algunos, solo pretenden quedarse con lo que vulgarmente se llama «caja» incluido todo lo que se le achaca al caudillo bonaerense.
Duhalde no abrió tampoco la boca frente al embate que, dicen, hizo llorar a su mujer que dijo poco sobre la grave acusación (o infamia como sostienen sus amigos que son los que salen a replicar). No abrirá la boca ni para un tratamiento de conducto. Supone que es mejor para su esposa-candidata: él, lector de encuestas conoce de su imagen negativa en la mayoría del electorado y prefiere no aparecer m
ientras borda convenios con distintos sectores de derecha, incluidos menemistas.
La idea es reducir la distancia entre Chiche y Cristina Kirchner, que la primera supere la barrera de los 20 puntos y que la senadora hoy por Santa Cruz, no pueda ir más allá del 45% de manera tal que la suma nacional, no le permita al Presidente alcanzar el 40%, y en el mejor de los casos.
Los de afuera del gran juego
Son porcentajes que confirmarían que el gran juego bonaerense se dará dentro del bifurcado partido justicialista, que será la base de una coalición de centro-izquierda con impronta kirchnerista y otra de centro-derecha con el sello de Duhalde. El futuro para una y otra vertiente depende de cuantos votos consigan en octubre.
Lo que no agota esta reformulación del esquema de fuerzas políticas. Por derecha, sigue faltando cubrir el espacio que no es peronista y del que intenta sobresalir Ricardo López Murphy, que se juega su futuro en estos comicios en alianza con el empresario Mauricio Macri que va por una banca a diputado nacional por la Capital Federal. A LM le puede costar caro, si se instala la idea que la manera que tiene la derecha de castigar al presidente es votar a Chiche como lo cree este conservador que es el ex policía Luis Patti, que le aportaría bastante a la mujer del caudillo. Se verá.
Y aquí no se agotan los enigmas. El centro-izquierda, aunque sea de palabra, no termina en el kirchnerismo. Hay variantes, como la que el ARI defiende en soledad, o distintas combinaciones entre el socialismo, el comunismo y fuerzas menores que en la gran provincia han constituido el «Espacio Grande» intentando comenzar a caminar algo alternativo. Por ahora, de ese signo, luce como importante solo en la provincia de Santa Fe por la combinación liderada por el socialismo pero con un aliado importante, el radicalismo.
Hay en las variantes «frentistas» progresistas, bastantes diferencias y en la Capital Federal no existe por centrifugación, excepto el intransigente ARI.
Quedan otros interrogantes, especialmente el de la violencia que puede desatar las duras acusaciones contra Duhalde o que las nuevas movilizaciones piqueteras terminen con un muerto. Kirchner lo recordó y sabe bien por que. *
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