El electricista Lech Walesa abandona Solidaridad
«Yo no digo que Solidarnosc sea hoy peor que la organización que yo fundé y que tumbó al comunismo, pienso que en algunos aspectos es incluso mejor, más profesional, porque sus activistas están mejor preparados, pero es tan diferente al sindicato que yo creé que no podemos seguir juntos», declaró Walesa a la prensa polca.
Desde hace varios años Walesa, que fue galardonado en 1983 con el Premio Nobel de la Paz por su lucha por la democracia y la libertad, criticaba el carácter del sindicato y, en particular, lo que consideraba su egoísmo, incompatible con los intereses verdaderos del país.
Actualmente se celebran en Polonia numerosos actos de conmemoración del nacimiento de Solidaridad que tendrán su punto culminante el 31 de agosto, día en el que en 1980 el régimen comunista firmó con los obreros en huelga del astillero de Gdansk, que entonces llevaba el nombre de Lenin, el acuerdo que les daba derecho a crear su propia organización sindical independiente.
Las huelgas por comida, combustible y ropa
Corría 1970, cuando se realizaron huelgas contra un aumento inusitado de precios. El gobierno ordenó disparar contra las obreros y se generó una crisis en el comunista Partido Obrero Unificado de Polonia (POUP). Gomulka fue sustituido por Edward Gierek, pero el régimen comunista tuvo nuevas crisis, por la corrupción y las luchas internas. Walesa, quien había sido protagonista de las revueltas obreras de 1970 en Polonia que se saldaron con manifestantes muertos por la policía y hacía poco había sido despedido de esos astilleros de la antigua Danzig por haber organizado una reunión ilegal.
En 1976 se produjeron nuevas huelgas, reprimidas, y con severas penas de prisión. El Papa Juan Pablo II, visitó su tierra natal en 1979, y fue recibido con manifestaciones multitudinarias. Los obreros afirmaban que, por fin, Dios estaba de su parte.
En julio del 80 el gobierno comunista polaco había decretado un aumento en los precios de la carne, desatando la reacción de trabajadores de todas partes del país.Las huelgas no tenían objetivos concretos: era una masa que descargaba su frustración ante las malas condiciones de trabajo y la carencia crónica de comida, combustible y ropa.
En ese marco, Walesa, líder de oratoria sencilla y carismático, transformó el alzamiento obrero en un movimiento duradero.
Millones de afiliados
El paro del Astillero Lenin, en Gdansk, en agosto de 1980, dirigido por Walesa, se convirtió en huelga general y el gobierno tuvo que negociar. Dos meses después, fue reconocido el sindicato Solidaridad, con 10 millones de afiliados. Luego se creó Solidaridad Rural, en representación de tres millones de campesinos. El cuádruple de los afiliados del Partido Comunista polaco y un cuarto de la población total de Polonia. Un electricista desocupado y con grueso bigote que se trepó a un muro cambiaría así la historia de su natal Polonia y de todo el bloque socialista que estaba bajo la égida de la Unión Soviética.
En verano de 1980 el comité de huelga del astillero de Gdansk presidido por Walesa presentó al gobierno comunista una lista de 21 postulados.
Así, a fines de agosto, las autoridades comunistas se vieron forzadas a hacer concesiones sin precedentes: el régimen reconoció a los trabajadores el derecho de huelga y la facultad de organizarse libremente, aumentaron los salarios, fueron puestos en libertad numerosos presos políticos, se redujo la censura y se permitió el acceso a los medios de comunicación a la Iglesia Católica y los sindicatos. A cambio, los huelguistas se comprometieron a no desafiar al poder político comunista.
El POUP sufrió sucesivas crisis, hasta designar al general Wojciech Jaruzelski, entonces primer ministro, como primer secretario del partido. En diciembre de 1981, Jaruzelski declaró el estado de guerra, Solidaridad fue ilegalizado y sus dirigentes pasaron a la clandestinidad. Walesa fue llevador a prisión, pero la lucha consiguió llevar a los comunistas a negociar y el acuerdo sobre la transición pacífica a la democracia que inició la de las dictaduras en los restantes países satélites de la desaparecida Unión Soviética.
La ley marcial fue levantada en 1983, pero se modificó la Constitución para incluir el estado de emergencia. Con la mediación de la Iglesia Católica, gobierno y representantes de Solidaridad volvieron a negociar en 1989, cuando en la URSS se iniciaba la perestroika.
En las elecciones de junio de ese año, el POUP obtuvo sólo el número de representantes negociado con la oposición. Solidaridad rechazó la propuesta del general Jaruzelski de integrar un gobierno con el POUP. Mazowiecki, miembro moderado de Solidaridad, fue nombrado presidente del primer gobierno no comunista del bloque socialista europeo.
Un obrero presidente
El 9 de diciembre de 1990, Walesa ganó con el 74,2 por ciento de los sufragios la segunda vuelta de los comicios presidenciales y el 22 de ese mes prestó juramento para iniciar un período de cinco años como jefe de Estado.
Sin embargo, el hábil líder sindical no sirvió para su nuevo puesto. Su estilo de ejercer el poder, brusco y frontal, y su apoyo a las posturas más conservadoras de la Iglesia Católica fueron erosionando su popularidad. Durante el gobierno de Walesa la mayoría de los polacos rechazó los intentos de injerencia de la jerarquía católica en los asuntos sociales, como la educación religiosa obligatoria en las escuelas, el endurecimiento de la legislación del aborto o la modificación de la Constitución para suprimir el principio de separación entre Iglesia y Estado.
En diciembre de 1995, Walesa perdió la reelección frente Aleksander Kwasniewski, un ex comunista y líder de la Alianza de la Izquierda Democrática. El 2 de abril siguiente Walesa se reincorporó a los astilleros de Gdansk en su oficio de electricista, que había desempeñado por última vez en julio de 1989.
En las elecciones del 8 de octubre de 2000, Walesa volvió a postularse para presidir Polonia, pero sólo recibió un 1 por ciento de los votos y quedó detrás de otros seis candidatos. Kwasniewski resultó reelegido por amplio margen. El 15 de octubre de ese año, recién cumplido el 20 aniversario de la fundación del sindicato que marcó el principio del fin de la Europa comunista, el fundador de Solidaridad anunció con resignación su retiro definitivo de la política. Hoy en el 25 aniversario de Solidaridad, el obrero que llegó a la presidencia, deja el sindicato que creó. *
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