Pareja gay presenta en Argentina a sus hijos procreados con óvulos donados
Un matrimonio homosexual entre un argentino y un estadounidense presentó ayer a sus hijos mellizos de cinco años, fecundados con óvulos donados y gestados en vientre alquilado, por primera vez en Argentina, donde podrían instalarse ante «el avance del fascismo» en Estados Unidos. «A menos que reaccionen en Estados Unidos, el país se va completamente hacia el fascismo. Entonces estamos mirando adónde nos iríamos», dijo en rueda de prensa Martín Farach-Colon, un argentino de 41 años.
Martín vivió en Estados Unidos desde 1967, cuando su padre científico debió huir de Argentina durante la dictadura de Juan Carlos Onganía (1966-69), y actualmente evalúa regresar al país.
Médico y licenciado en computación, desde 1986 está en pareja con Andrew, un periodista con quien se casó años más tarde en Toronto (Canadá), donde es legal el casamiento entre personas del mismo sexo, y conformaron el matrimonio Farach-Colon, pegando sus respectivos apellidos.
Para cumplir el deseo de ser padres optaron por tener hijos biológicos, según contaron en una rueda de prensa realizada en la sede de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) en Buenos Aires, la primera ciudad de América Latina que legalizó la unión civil de parejas gays.
Así, el matrimonio aceptó la donación de óvulos de una amiga escritora –«a quien no le gustan los bebés, y jamás plantearía cuestiones de derecho»–, buscaron por agencia una portadora de embarazo («alquiler de vientres») y tiraron una moneda para decidir cuál de los dos aportaría el esperma.
La historia culminó con el nacimiento de los mellizos Julia y Lucas en Boston, el 9 de junio de 2000. Cada uno pesó 3,5 kg. Los anotaron como hijos de ambos, colocando en los casilleros a llenar ‘padre 1′ y ‘padre 2′, y los niños los llaman «papi» y «dady» (papá en inglés).
Hace un mes llegaron a Buenos Aires para ver si es una ciudad donde vivir, dejando atrás a Nueva York. «Mi familia es argentina, mis parientes están todos volviendo a vivir aquí. Mis hermanos se mudaron hace tres meses, mis padres están por comprar un departamento y se vuelven. Quedamos sólo mi hermana, en Los Angeles, y yo, y era una cosa natural venir a mirar a Buenos Aires», detalló.
Por el momento, los niños van a una escuela del barrio porteño de Belgrano, luego de fracasar en el intento de inscribirlos en un jardín de infantes del barrio de Palermo, donde la directora se anticipó a la eventual resistencia de otros padres, explicó. «Gente estúpida hay en todos lados», se resigna Martín. *
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