Carta a los palestinos de Gaza
En el mundo y puede que también entre nosotros a la gente le cuesta entender por qué el conflicto entre judíos y palestinos que empezó hace ya más de ciento veinte años todavía sigue bullendo y bullendo sin que se vea su fin. ¿Por qué, a pesar de los esfuerzos internacionales en el ámbito de la política y la diplomacia de las grandes potencias y la Unión Europea, el conflicto entre palestinos e israelíes continúa? ¿Cuál es la malévola raíz que alimenta este conflicto una y otra vez? Incluso cuando parecía que su fin estaba próximo ya que se había hallado una fórmula que llevaba a la conciliación (como el caso de los acuerdos de Oslo en 1993 o en Camp David en 2000) y cuando la comunidad internacional se felicitaba por el cercano final del conflicto y, junto a las promesas de brindar un generoso apoyo político y económico, se otorgaba a los dirigentes de ambos lados sendos premios Nobel de la Paz, resulta que resurge el conflicto con fuerza redoblada. Hay varias explicaciones del porqué de la peculiaridad de este conflicto en comparación con otros muchos surgidos en el siglo XX. En mi opinión, una de las explicaciones se relaciona con la peculiaridad única del fenómeno del sionismo, que provoca en vosotros, los palestinos, una reacción tan fuerte que hasta el día de hoy cuando vosotros o parte de vosotros estáis dispuestos a asumir la existencia del Estado de Israel, aún su sionismo, tal y como lo entendéis, se os presenta como la raíz del mal y creéis que sólo su desaparición traerá la calma a la zona.
El regreso de los judíos a su patria histórica tras dos mil años de estar dispersos por el mundo constituye un caso excepcional sin precedentes en la historia de la humanidad. Hasta ahora no se puede hallar un ejemplo paralelo al fenómeno histórico del regreso tan tardío de un pueblo a su patria histórica. Y por tanto, también vosotros, los palestinos, enfrentándoos a un hecho excepcional y único como éste, vivís una experiencia histórica y humana a la que ningún pueblo se ha enfrentado hasta el día de hoy. De manera que tanto vosotros como nosotros podemos, en medio de este sangriento conflicto que no nos deja ni un momento, vanagloriarnos al menos de una cosa: de la peculiaridad y originalidad del conflicto en el que estamos inmersos.
«Nosotros siempre buscamos que se otorgara legitimidad al hecho del sionismo, el retorno a Sión, tanto entre las grandes potencias que dominaban la región como entre el mundo árabe que nos rodeaba. No obstante, cuando se trataba de que vosotros nos otorgaseis legitimidad, vosotros, los palestinos, los afectados directamente en la cuestión, sabíamos en el fondo de nuestro corazón que no la recibiríamos. Por consiguiente, y sin abandonar la opción del diálogo con vosotros y el mundo árabe ni dejar de esforzarse por lograr el reconocimiento de la legitimidad del sionismo y de la existencia de Israel, se inició una vía que llevaba a realizar una serie de acciones unilaterales, sobre todo en el plano de los asentamientos, con la creencia de que al final la propia realidad de los hechos os haría poco a poco ir aceptando nuestra legitimidad».
«Y así desde hace ya ciento veinte años nosotros, mediante luchas declaradas u ocultas, hemos estado royendo vuestra tierra para construir hechos irreversibles. Pero tras la guerra de los Seis Días, ese roer que supuso la construcción de asentamientos en los territorios ocupados constituyó un acto gratuito y sin justificación alguna, ya que hasta ahora hay abundantes zonas vacías sin poblar en Israel y desde el punto de vista demográfico no había personas sin hogar que necesitasen nuevos terrenos en los que establecerse. Tampoco había razones de seguridad puesto que para desarmar y enfrentarse a cualquier ejército no era necesario levantar ningún asentamiento civil en los territorios ocupados. Bastaba con tener allí presencia militar hasta que vosotros y los demás países árabes aceptaseis nuestra existencia».
«Por eso el hecho de que nosotros estableciéramos asentamientos en los territorios ha sido la herida más cruel y dolorosa que Israel os haya causado a vosotros, los palestinos. Al lado de campos de refugiados de cientos de miles de personas que abandonaron o fueron expulsadas de sus casas en la guerra de 1948, llegamos allá tras la guerra de los Seis Días y expropiamos de forma unilateral tierras y reservas de agua, y establecimos con un gran presupuesto modernas colonias para gente a la que no faltaba casa en Israel.
«La inevitable acción unilateral, fruto de una gran tragedia, que emprendieron refugiados judíos a lo largo del siglo XX y por la que pedían un pedazo de tierra donde establecerse soberanamente y así poder defenderse del ataque antisemita pasa de este modo a ser completamente ilegítima después de la guerra de los Seis Días. Y por ese motivo solamente una acción unilateral en el sentido contrario podrá reparar la acción unilateral anterior».
«Muchos de los que se oponen a la desconexión de la Franja de Gaza argumentan que, si esta retirada se produjese dentro del marco de un acuerdo con los palestinos, les sería más fácil aceptarla. El carácter unilateral de una retirada sin nada a cambio es lo que los enfurece y hace dudar. Ven en esa retirada unilateral una acción derrotista, y temen que este acto os anime a vosotros, los palestinos, a continuar con la lucha para que nos retiremos de los territorios sin contrapartida alguna».
«En cambio, en mi opinión, se trata de una cuestión de justicia: un acto arbitrario y unilateral queda anulado por un acto también unilateral pero en la dirección opuesta. Eso fue lo que ocurrió en Líbano. Y de hecho la calma reina en la frontera en el sur de Líbano desde hace ya cinco años».
«Por tanto, la retirada unilateral de Gaza debe entenderse no sólo como un triunfo de vuestra capacidad de resistencia, sino también como un acto ético que viene a reparar un error nuestro. Así que, si bien no estamos hablando de una desconexión que conduzca a la paz, sí puede servir para empezar a llevar una forma de vida más razonable unos junto a otros. Tal y como están las cosas entre nosotros y especialmente dada la profunda desconfianza que recíprocamente sentimos, por desgracia puede ocurrir que a corto plazo no podamos encontrar una fórmula sensata que resuelva el conflicto que nos enfrenta. Pero, con todo, sí tenemos la posibilidad de hallar una vía intermedia que nos permita vivir y no morir, construir y no destruir».
«Por ello, vuestra reacción a la retirada unilateral será la clave para saber si se puede empezar a romper la ola de violencia. Si vosotros, los palestinos de Gaza, consideráis la retirada no como una derrota de Israel, sino la reparación de un error y optáis por la senda del desarrollo y cesáis de disparar contra asentamientos israelíes al otro lado de la frontera de 1967 (que es la frontera acordada), tal vez la idea de la desconexión unilateral entrará en la cabeza de los muchos que ahora se oponen a ella y la verán como una acción acertada. Pero si iniciáis una oleada de violencia, haréis que sea imposible que en el futuro se lleve a cabo una nueva retirada.
Nosotros, como veis, estamos yendo por un camino muy difícil que nos lleva a estar al borde de una guerra civil, pero estamos decididos a materializar la desconexión unilateral. Ahora llega vuestro turno, ahora debéis demostrarnos si la guerra entre vosotros y nosotros se debe a la ocupación y los asentamientos de colonos o a que no aceptáis la existencia del Estado de Israel. Ahora la responsabilidad recae sobre vosotros. Así pues invocamos a todas aquellas fuerzas sensatas entre vosotros a tomar el liderazgo y optar por el camino de la paz con el fin de sa
car a la franja de Gaza y el norte de Samaria del círculo sangriento de la violencia. *
(*) Escritor israelí, inspirador del movimiento Paz Ahora
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