Un campamento piquetero en Plaza de Mayo por subsidios
Es un desafío; ¿ se animará el gobierno a ordenar el desalojo compulsivo, donde comen y duermen no sólo piqueteros sino mujeres y niños? La derecha trina: «no hay orden», clama por mano dura.
Por la excarcelación de 15 militantes que hace poco más de 13 meses esperan presos que los enjuicien por «coacción agravada» por hechos ocurridos frente a la Legislatura porteña, es que ayer hubo expresiones callejeras fuertes.
El plan de lucha de 20 organizaciones del ala «dura» de los piqueteros debe culminar mañana con una manifestación que sus organizadores entienden será masiva.
Para el gobierno, al menos en la boca de su ministro del Interior, Aníbal Fernández, se trata de una confrontación de los partidos de la izquierda histórica, que los hay de todas las variantes que la literatura puede ofrecer, pero en rigor, como subraya ayer el comentarista político de Clarín, Eduardo Van Der Kooy, las autoridades «no le encuentran la vuelta» para ordenar las protestas, aceptarlas como legítimas, pero que permitan que el tránsito no se disloque y que los viandantes hagan lo suyo sin tropiezos insalvables.
Para algunos, sería como encontrar la cuadratura del círculo, pero lo que se ve en la calle es que la Policía Federal, no hace nada por poner un cachito de racionalidad y más bien, trata muy mal a los que no quieren participar de las protestas. ¿Un modo de fogonear más aun el conflicto?
Llamativamente, de Plaza de Mayo en la madrugada del miércoles fueron retirados los baños químicos.
Colofón: los acampantes hicieron sus necesidades en cualquier parte, incluso en las puertas de la Catedral metropolitana, lindante al paseo.
«Son todos partidos de izquierda, expresiones políticas. Lo que venden como una semana piquetera, es una semana de partidos de izquierda», afirma Fernández. Se quejó además de que quienes encabezan esas protestas «no tienen vocación de resolver el problema de los demás», sino simplemente «vocación política».
Kirchner imputa a los
piqueteros, pero sin nombrarlos
El presidente Néstor Kirchner, sin nombrar a los piqueteros, se quejó ayer en un discurso en Haedo, en el Gran Buenos Aires, de que algunos sectores no reconozcan los avances económicos y sociales, como la renegociación de la deuda externa con una quita sin precedentes en el planeta, con una quita del 75%, los cambios positivos en la renovación del Poder Judicial iniciada con cambios profundos en la composición de la Suprema Corte de Justicia, la creación durante su administración de 2,5 millones de empleos nuevos y que por primera vez desde hace década y media se hayan firmado convenios salariales «a la alza», en 400 ramas diferentes del trabajo.
Para los piqueteros lo concreto es que los desocupados reciben, y no todos, 150 pesos mensuales (1 dólar: 2,90 pesos) y quieren que sea tres veces más alto y aun así no alcanza lo que cuesta una canasta familiar básica. Además, este universo está muy enfrentado a Kirchner al que acusan de tener «un doble discurso». Además afirman que nadie dialoga con este sector. La semana de lucha continuará hoy con cortes de calles y rutas en la Capital y el conurbano, y finalizará mañana con lo que los piqueteros denominan «un acto unitario» en la Plaza de Mayo, siempre con los mismos reclamos de aumento en el monto de los planes y de libertad a «luchadores sociales».
El plan de lucha se despliega además en el interior y en algunos puntos hubo incidentes menores.
En tanto comenzó ayer la (nueva) huelga por 72 horas del personal no profesional del hospital pedriático Garrahan en demanda de mejoras salariales y protestando por declaraciones oficiales y de la conducción del hospital, amenazantes.
Por lo pronto, las autoridades del Garrahan tomaron 10 nuevas enfermeras, lo que ha sido leído por los huelguistas como «una provocación» tendiente a quebrar la medida de fuerza. Dicen que además, la lucha cuenta con las simpatías de los padres de los niños allí atendidos porque las guardias dispuestas no dejan sin tratamiento a nadie. «Ya faltaban enfermeras y ahora se acuerdan de contratar nuevas», dicen los líderes de la huelga.
Como hay amenazas de despidos, una asamblea de médicos, decidió que entrará al paro si algún empleado es cesanteado.
Como en el caso de los piqueteros, el gobierno supone que en el Garrahan opera un sector trosquista y en todo caso, no está dispuesto a ceder en sus demandas. Un camino lleno de interrogantes. *
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