Japón pide "sinceras excusas"
En este contexto de arrepetimiento, el primer ministro japonés Junichiro Koizumi se abstuvo de visitar el santuario de Yasukuni en Tokio, santuario del nacionalismo japonés.
«Nuestro país, por la dominación colonial y la agresión, provocó terribles daños y sufrimientos a los pueblos de numerosos países, particularmente los de las naciones asiáticas», reconoció Koizumi en un comunicado.
«Expresamos una vez más nuestros sentimientos de profundo arrepentimiento y nuestras sinceras excusas», destacó el Primer Ministro. Por su lado, el Emperador Akihito manifestó el deseo de que Japón nunca más entre en guerra, sesenta años después que su padre, el divinizado Hirohito, anunciara la rendición del ejército imperial.
Las nuevas excusas de Tokio están en la línea de otras, expresadas en múltiples ocasiones por los dirigentes nipones, en particular en 1995, con ocasión del cincuentenario del final de la guerra.
Koizumi ya había utilizado los mismos términos en abril pasado, en plena crisis sino-japonesa, durante una cumbre afro-asiática en Yakarta. Pero chinos y coreanos aún no están convencidos de la sinceridad nipona.
Koizumi prometió «forjar relaciones de cooperación orientadas hacia el futuro y fundadas en la confianza y la comprensión mutuas» con su vecinos.
El primer ministro nipón destacó que, desde hace sesenta años, Japón dio pruebas de su sinceridad «a través de actividades humanitarias, su ayuda al desarrollo y los intercambios culturales y económicos» con Asia.
En los últimos meses, las relaciones entre Japón y sus vecinos se ha degradado espectacularmente sobre todo a causa de las visitas frecuentes del Primer Ministro al santuario shintoísta de Yasukuni en Tokio.
Este santuario rinde homenaje a todos los japoneses muertos por la patria, incluyendo los 14 «criminales de guerra de categoría A» condenados por los Aliados después de 1945. *
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