El planeta rojo y misterioso
Marte, adonde se dirige la sonda estadounidense «Mars Reconnaissance orbiter» (MRO), es el planeta más parecido a la Tierra que se conoce, aunque casi todo sobre él siga siendo un misterio.
Marte tiene condiciones potencialmente favorables para la existencia de vida en el pasado o incluso en el presente.
Apodado «planeta rojo» debido al tono rojizo que le dan los óxidos de hierro presentes en sus rocas, Marte tiene un diámetro de 6.794 km, es decir la mitad que el de la Tierra.
Marte gira en una órbita a 228 millones de km del Sol en promedio, y la completa en 688 días.
Si bien un año marciano es casi dos veces más largo que uno terrestre, el día es prácticamente idéntico: 24 horas y 37 minutos.
El relieve de Marte es de una gran diversidad: tiene desiertos rocosos, valles, volcanes y cadenas montañosas.
Su punto más alto es Olympus Mons, una montaña con 27.000 km de altura en relación al nivel medio del planeta, es decir tres veces el Everest.
La superficie es barrida por tempestades con vientos de hasta 400 km/h, que levantan cantidades gigantescas del polvo ferruginoso que le da su color característico.
Hace 4.500 millones de años, cuando en la Tierra estaban apareciendo los primeros organismos vivos, tal vez Marte era un planeta con un clima agradable para los parámetros humanos y agua en estado líquido, como se interpreta de lo que parecen ser huellas de ríos y lagos que se secaron.
Luego, por una razón desconocida, el clima de Marte habría empezado a radicalizarse, y parte del agua se habría evaporado mientras el resto se habría congelado bajo el suelo.
La búsqueda de agua constituye por tanto uno de los principales objetivos de las misiones marcianas.
Su eventual descubrimiento no aportaría una prueba directa de la existencia de vida, pero aumentaría las expectativas al respecto. *
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