Fidel Castro cumple hoy 79 años
A las puertas de convertirse en un octogenario, Castro -uno de los gobernantes que más tiempo ha ejercido el poder- mantiene el control en este país de 11,2 millones de habitantes, donde opina sobre cómo resolver desde un problema cotidiano hasta los intríngulis de la política exterior.
Acostumbrado a sortear todo tipo de dificultades sin permitirse perder, este último año no fue la excepción, sobrellevando descontentos por los apagones y la escasez, la agudización de la crisis por el huracán Dennis, y los choques con Estados Unidos y la Unión Europea.
La diferencia, esta vez, estuvo marcada por un asunto silenciado en la isla: su salud. El 20 de octubre pasado, el hombre de hierro, impetuoso e incansable, sufrió una caída accidental que le provocó fracturas en la rodilla izquierda y el brazo derecho.
No obstante, haciendo gala del aplomo que lo ha caracterizado se levantó y, para tranquilidad de sus seguidores y decepción de sus enemigos, tomó el micrófono y dijo: «estoy entero». De su caída sólo le queda la manía de frotarse el hombro derecho en cada alocución pública.
Marchó a paso largo y rápido el 17 de mayo pasado a la cabeza de una manifestación de 1,2 millones de personas -la más grande que se haya efectuado en La Habana- y hace dos meses se le vio bromear con un balón en la cabeza, retando al cubano que ostenta el Guinness en esa habilidad.
«No se sabe lo bien que me siento yo después de la caída. ¡Cómo dedico el tiempo!, estoy contentísimo», dijo riéndose el 26 de julio en un discurso de cuatro horas en conmemoración del 52 aniversario del asalto al Cuartel Moncada, acción que él mismo comandó y que entonces prendió la mecha de la revolución.
Lo decía mientras tocaba asuntos domésticos, explicando a la población cómo el gobierno está enfrentando la crisis energética, distribuyendo ollas a presión a precios subvencionados y bombillas de ahorro que sustituyen las incandescentes.
Más elocuente que nunca, bromeando incluso con la promoción del chocolate caliente, del que exalta sus propiedades contra la vejez, Castro desarrolla una nueva forma de comunicación, inspirada en el «Aló Presidente» de su amigo venezolano Hugo Chávez.
La consolidación de una alianza con Venezuela, que garantiza el suministro de petróleo, y con China, de asistencia crediticia, han dado un segundo aire a la revolución, en momentos en que el gobierno retomó abiertamente el control de la economía, dando marcha atrás a reformas económicas de apertura aplicadas en los años 90.
«La revolución sigue firme, de pie, a pesar de que muchos pronosticaron su caída», dijo recientemente Castro, quien anunció un crecimiento de 9,0% de la economía para 2005.
Y es que contra todos los pronósticos de sus adversarios, la revolución liderada por Castro sobrevive a 16 años de la caída del Muro de Berlín y la consecuente desaparición de la Unión Soviética, que sumió a la isla en el llamado «período especial».
Desde que tomó el poder en 1959 tras derrocar al dictador Fulgencio Batista, persistió a diez presidentes y 13 administraciones en la Casa Blanca, que en la guerra fría buscaron su caída imponiendo hace 43 años un embargo económico, endurecido por George W. Bush hace un año.
Innumerables veces ha circulado el rumor de que Castro había muerto y cada aniversario salta la misma pregunta que suscita todo tipo de especulaciones: ¿Si Castro falleciera hoy o un deterioro de su salud lo obligara a jubilarse qué pasaría en Cuba?
Muchos de sus enemigos, incluso el más acérrimo, Washington, se han conformado con esperar, no sin impaciencia, su desaparición natural.
Cuba «merece un liderazgo democrático todos los días del año», dijo el jueves el portavoz adjunto del Departamento de Estado, Adam Ereli, a propósito del onomástico.
Pero Castro se ríe de todo ello y vistiendo siempre de verde olivo, símbolo de que aún está en combate, defiende contra viento y marea el carácter «irrevocable» del socialismo de su revolución. *
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