Cuarenta años después de los violentos hechos continúa la polémica y el debate

Disturbios raciales en Los Angeles

El 13 de agosto de 1965 se desencadenaba uno de los capítulos más violentos de la historia estadounidense, cuando miles de personas, negros en su mayoría, salieron a protestar por el arresto de Marquette Frye, de 21 años.

Frye había sido detenido por la policía por conducir ebrio dos días antes en el límite de los suburbios de Watts y Compton, ambos conocidos en ese entonces por albergar un alto porcentaje de negros y ser uno de los más pobres del sur de la ciudad.

El arresto desencadenó una furia largamente contenida por la comunidad negra de Los Angeles.

Los disturbios, que duraron casi una semana, dejaron 34 muertos –entre ellos 25 negros– y más de 1.000 heridos.

Las violentas imágenes de los disturbios de seis días ocurridos en el verano boreal -que dejaron más de 600 edificaciones destruidas y tiendas de blancos destrozadas- marcaron la historia de Los Angeles para siempre y escandalizaron al mundo.

«Hay que ver el contexto de la época», explicó a la AFP Joe Hicks, ex director de relaciones humanas de la ciudad de Los Angeles, quien residía en Watts cuando ocurrieron los hechos.

Atrás había quedado la campaña pacifista llevada a cabo por el activista Martin Luther King, y en su lugar había una ola generalizada de odio encabezada por grupos radicales, explicó.

Y «existía un sentimiento cada vez más grande de que (el movimiento pacifista) poco había logrado en los barrios más pobres de Chicago, Detroit o Los Angeles», señaló.

En 1965 había leyes que impedían a los negros comprar propiedades en ciertos barrios de las ciudades de California.

A ello se le sumó la frustración acumulada contra la policía, que apenas contaba con funcionarios negros. De hecho, el jefe de la policía de Los Angeles tenía un discurso abiertamente racista, recuerda Hicks.

«No fueron disturbios; fue una revuelta política», afirmó con vehemencia Tommy Jacquette, de 61 años, amigo de Frye.

Para Jacquette, quien participó en las protestas, los disturbios marcaron el día en que los negros dejaron de temer a los blancos.

Al menos provocaron algunos cambios en la historia estadounidense. A comienzos de los años 70, la policía comenzó a reclutar negros. Incluso se cambió la terminología, y se empezó a usar la expresión «afro-estadounidense».

Pero poco ha cambiado en los barrios de Watts y Compton, a tan sólo 25 km del lujoso Beverly Hills. Allí la pobreza es rampante.

La diferencia es que ahora ya no está más dominado por los negros, sino que los hispanos son mayoría.

Lita Herron, una activista social negra de alrededor de 60 años, recuerda con nostalgia los años en los que al menos «existía el sentimiento de una comunidad, donde todo el mundo se ayudaba».

Pero estos barrios, escenarios de nuevos disturbios raciales en 1992, albergan actualmente a las pandillas más violentas de Los Angeles.

En ellos se lleva a cabo «la otra guerra, tan violenta como la de Irak», afirmó el comisario de Los Angeles, Lee Baca.

Tan sólo en Compton, más de 50 personas fueron asesinadas desde comienzos de 2005. *

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