Un pueblo fantasma en la Franja de Gaza

David Guetta cierra por última vez la puerta de su casa, guarda la llave y abandona con lágrimas en los ojos y sin mirar atrás la colonia de Peat Sade en la franja de Gaza, un verdadero pueblo fantasma a cinco días del inicio del plan de evacuación del gobierno israelí.

«Dejo mi corazón aquí. Esta es mi ciudad. He invertido muchos años de vida creyendo en que debíamos estar aquí», se lamenta antes de salir de ella para siempre. Los cerca de un centenar de habitantes de Peat Sade, una pequeña colonia laica del bloque de Gush Katif, al sur de la franja de Gaza, comenzaron a abandonar sus casas hace algunos días y el viernes la colonia amaneció vacía, sin controles militares a la entrada y con la valla metálica de protección abierta de par en par.

«Me voy por mis dos hijos y mi esposa, que está embarazada. No quiero problemas con el ejército. Sé que nos hubieran sacado por la fuerza de todas maneras», afirma Guetta.

Tras de sí, deja una gran casa de dos pisos con vistas al mar Mediterráneo de la que se ha llevado hasta las puertas y las ventanas. Lo que no ha podido cargar, lo ha destruido con rabia.

«He gastado mucho dinero aquí. No quiero que nadie viva en mi casa y mucho menos un palestino. Esta casa era mi sueño», zanja. Además de sus viviendas, los colonos han hecho pedazos el parque infantil, los jardines, los depósitos de agua y las oficinas comunitarias. En los muros de las casas, pintados de naranja, color que indica la oposición a esta retirada de las colonias de Gaza, pintaron varios mensajes para el ejército y el gobierno.

«Gush Katif nació para ser libre» «(Ariel) Sharon (primer ministro israelí), pastor del pueblo, se ha quedado ciego», «Volveremos», rezan algunos de ellos acompañados de estrellas de David y banderas israelíes blancas y azules.

En algunas casas, sólo quedan obreros, muchos de ellos beduinos palestinos, y los cabeza de familia que dan las últimas instrucciones a los encargados del traslado. Todas las mujeres y los niños han desaparecido.

«El gobierno nos pide demasiado. Sharon ni se lo imagina cuando nos expulsa. No sé ni siquiera dónde voy a vivir dentro de una semana», afirma Shaul Ifraj, reuniendo sus últimas pertenencias.

En el gran salón de su casa deja el piano que no ha podido cargar, un perro y un pequeño cuadro que representa Jerusalén. Sus vecinos han decidido abandonar su caballo que salta la valla y vaga sin rumbo por las vacías calles de la colonia. *

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