Sólo 10 sobrevivientes en tragedia de Kenia Airways
A principios de la tarde del lunes 83 personas continuaban desaparecidas, mientras proseguía su búsqueda en la zona del accidente, a 3 millas náuticas (5 km) de la costa. El Airbus A301, vuelo KQ-431, que cubría la ruta Abiyán-Lagos-Nairobi, se precipitó al mar dos minutos después de despegar del aeropuerto, en una zona donde el mar alcanza entre 60 y 80 metros de profundidad. Por el momento se desconocen las causas del accidente. No se localizaron con precisión los restos del aparato ni se suministró información sobre los registros de vuelo o cajas negras.
Según Kenya Airways, el Airbus no tenía «ningún problema técnico significativo» y se encontraba «en perfecto estado para volar», aseguró el director técnico de la companía, Steve Clarke, en conferencia de prensa en Nairobi.
Marcel Bombo, responsable del puerto de Abiyán, donde fueron depositados los cadáveres de las víctimas, indicó que entre ellas figuran «66 negros, 16 blancos y cuatro mestizos».
Los equipos de rescate creen que la mayor parte de los pasajeros aún sin hallar se encuentra atrapada entre los amasijos del avión, y no confían encontrar más supervivientes, según Bombo.
El ministro de Transportes marfileno, el general Abdulaye Culibaly, informó a las 5H00 GMT que la posibilidad de rescatar más supervivientes «parece cada vez más remota».
Diez supervivientes de la catástrofe fueron hospitalizados en Abiyán, según las autoridades marfilenas. Kenya Airways proporcionó igualmente la cifra de 10 supervivientes.
Todos ellos fueron encontrados, algunos gravemente heridos, en las horas que siguieron al siniestro por barcos en la zona.
Un joven veterinario francés de 34 anos, Jean Pascal Dannels, primer rescatado, llegó a nadar cuatro horas para alcanzar la costa.
«El avión estaba lleno. Había muchos equipajes.
Circulamos mucho rato por la pista. Finalmente despegamos. Giramos a la izquierda y sentí una sacudida. Me encontré sumergido en el agua y remonté a la superficie», explicó a la AFP.
Con contusiones y quemaduras leves, indicó que la tripulación no dio ninguna advertencia ni se oyó o vio ninguna explosión o fuego.
Algunos testigos afirman, en cambio, haber visto salir fuego del aparato, con el que la torre de control del aeropuerto intentó en vano entrar en contacto al ver que no tomaba altitud.
Todos los testigos coinciden en senalar que el avión no pudo, por una razón que se debe determinar, tomar altitud antes de chocar con el agua, rebotar una vez y hundirse.
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