La periodista Judith Miller a la cárcel por negarse a revelar sus fuentes de información

"El Arquitecto" y la espía

Karl Rove El Arquitecto, apodo que le dio el mismo presidente George W. Bush a su amigo, mano derecha, principal consejero político y subjefe del gabinete de la Casa Blanca, está acusado de ser «la fuente de información anónima» que filtró a varios reporteros la identidad de una agente encubierta de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Lo que se considera, en términos legales, un delito federal equiparable a traición a la patria.

El escándalo, que jurídicamente investigan el juez federal Thomas Hogan y el fiscal especial Patrick Fitzgerald, tiene a Bush entre la espada y la pared porque al ser cuestionado sobre el caso, en junio de 2004, prometió que despediría de la Casa Blanca o de su gobierno al responsable de haber expuesto a la agencia de la CIA Valarie Plame, esposa del ex embajador Joseph C. Wilson IV.

«He instruido a cada uno de los miembros de mi equipo a cooperar totalmente con esta investigación», declaró Bush la semana pasada, cuando se negó a decir si correrá a Rove.

La investigación a cargo de Fitzgerald puede convertirse en el gran escándalo del segundo período presidencial de Bush, porque obligaría al presidente a intervenir en defensa de un de sus amigos y asesores, por encima de la ley e incluso de los intereses de seguridad nacional, ya que se considera secreto de Estado mantener en el anonimato total a los agentes encubiertos de los servicios de inteligencia.

Desde un principio se sospechaba que Rove fue la fuente anónima de la Casa Blanca que habló de la identidad de la esposa de Wilson, embajador jubilado, con Matthew Cooper, reportero del semanario Time, y otros periodistas.

El embrollo se inició en 2002, cuando, empecinados por encontrar una justificación para invadir Irak y acabar con Saddam Hussein, Bush, el vicepresidente Dick Cheney, el Buró Federal de Investigaciones (FBI), la CIA, el Pentágono y Condoleezza Rice, entonces jefa del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, buscaban pretextos para acusar al ex líder iraquí de poseer armas de destrucción masiva.

Informes confidenciales de varias agencias de inteligencia y reportes periodísticos basados en fuentes anónimas sostenían que Hussein estaba buscando comprar uranio en Africa.

La Casa Blanca buscó entonces a Wilson, quien había sido embajador de Estados Unidos ante el gobierno de Gabón, lo envió en febrero de 2002 a la república de Níger. Tras cumplir su misión, Wilson entregó a la CIA un reporte en el que desmentía la versión, procedente supuestamente de Gran Bretaña, de que Hussein había intentado comprarle uranio al gobierno de ese país africano. El informe de Wilson nunca llegó al escritorio de Bush.

El 28 de enero de 2003, a poco más de un mes de que se iniciara la invasión contra Irak, Bush habló ante el Congreso y pronunció lo que hoy se conocen como «las 16 palabras que nunca debió haber dicho»: The British gobernment has learned that Saddam Hussein recently sought significant quantities of uranium from Africa (El gobierno británico sabe que Saddam Hussein buscó conseguir cantidades significativas de uranio en Africa).

El 7 de julio de 2003, en su sección editorial, The New York Times publicó un artículo escrito por Wilson en el que desmentía lo dicho por Bush. El embajador retirado lo hizo justo dos meses después de que el presidente declarara el fin de la segunda guerra del Golfo Pérsico y cuando sus tropas buscaban de manera desesperada en Irak las famosas armas de destrucción masiva.

La Casa Blanca justificó a Bush y le cargó la culpa a la CIA, que supuestamente nunca había entregado el reporte de Wilson.

El 14 de julio de 2003, Robert Novak, columnista del periódico Chicago Sun Times y reconocido comentarista político de la cadena de televisión CNN, citando a dos fuentes anónimas del gobierno de Bush, reveló que Wilson estaba casado con Valerie Plame, agente encubierta de la CIA, quien había recomendado a su esposo para que realizara la investigación en Níger.

La noticia causó furor en Washington. Wilson estaba consternado porque, además de considerar que el gobierno de Bush estaba utilizando a Novak –simpatizante del Partido Republicano y de las ideas del presidente– para cobrarle el desmentido, éste también había cometido un delito federal al hacer del conocimiento público la identidad de una agente de la CIA.

Por más que la Casa Blanca intentó apaciguar el escándalo, la denuncia de Wilson estaba legalmente justiciada y, ante la presión, Bush nombró a Fitzgerald fiscal especial del caso y se formó un Gran Jurado que interrogaría a los supuestos involucrados.

En el curso de la investigación, Fitzgerald y el Gran Jurado citaron a diversos funcionarios del gobierno de Bush para descubrir quién había filtrado la información. Entre los primeros en comparecer ante el Gran Jurado estuvieron Rove, Scott McClellan –vocero de la Casa Blanca– y Lewis Lebby –jefe del gabinete del vicepresidente Chenney.

Entre los reporteros llamados por el jurado estaban Rim Russert, de la cadena de televisión NBC; Cooper, de Time, y Judith Miller, reportera de The New York Times. Russert testificó, pero Cooper y Miller se negaron a hacerlo.

Cooper, en un artículo publicado en el sitio de internet de su semanario, sí había dado a conocer la identidad de la esposa de Wilson, pero Miller, aunque también habló del caso con un funcionario de la Casa Blanca que le confirmó lo escrito por el periodista del Time, no hizo ninguna nota o reportaje sobre el tema y dejó todo en el tintero.

Novak, quien es la clave de todo el escándalo por haber sido el primero en revelar la identidad de la esposa del ex embajador, se apegó a sus derechos constitucionales, por lo que hasta la fecha se ha negado a declarar si tan siquiera fue citado por el Gran Jurado.

A causa del silencio del columnista se presume que no sólo habló, sino que también entregó toda la información que tenía en su poder sobre el asunto. Aunque también se piensa que, por haber salido en defensa de la política y la reputación de Bush, se le ha dado un trato especial.

Pasaron casi dos años desde la publicación de la columna de Novak, hasta que el pasado viernes 1º de julio, bajo la amenaza de Fitzgerald y luego de que la Corte Suprema de Justicia se negó a escuchar los argumentos de Cooper y Miller para no testificar, los jefes editoriales de la revista Time accedieron a entregarle al fiscal especial los documentos, notas y correos electrónicos de Cooper, en los que se encontraba el nombre de la fuente de la Casa Blanca que le reveló el dato.

La revista Time justificó su acción con el argumento de que, pese a que Cooper se negaba a testificar, se había visto obligada a cumplir con la ley porque la prensa debe ser un ejemplo en el cumplimiento de las normas legales y tiene la obligación de denunciar a quienes la violen.

Desarmado ante la decisión de sus jefes, el miércoles 6 Cooper testificó ante el Gran Jurado, a diferencia de Miller, quien ese día fue enviada a prisión para purgar una sentencia que termina en octubre, cuando el Gran Jurado concluya sus funciones.

Con base en los documentos entregados por Time y en las declaraciones posteriores de Cooper, se descubrió que Karl Rove fue quien filtró el nombre de Plame, aunque el asesor presidencial se ha defendido de la acusación con el argumento de que nunca le dijo textualmente a Cooper que ella era una agente encubierta de la CIA.

En un correo electrónico en el que el reportero del Time recoge lo dicho por Rove, señala que éste dijo que «la esposa del embajador Wilson» trabajaba en la CIA, lo cual, para un litigio tan complicado, no es lo mismo que decir que Valerie Plame era esposa de Wilson y agent
e especial de la CIA.

El despido de Rove se ve como algo muy lejano, porque si Bush lo hace sería como aceptar que sí se utilizó a Novak para castigar a Wilson. Además, quienes conocen al presidente aseguran que si hay algo que lo distingue es su respeto por la lealtad de sus amigos y, en este caso, lo que El Arquitecto hizo fue defender a su jefe.

Rove, por cierto, fue el cerebro de la estrategia electoral de Bush con la que derrotó al demócrata Al Gore, en 2000, y el año pasado al senador John Kerry.

El gran interrogante en Washington es saber quién, toda vez que no será Rove, va a ser el funcionario de la Casa Blanca que pague por el delito de haber revelado la identidad de una agente de la CIA. *

* En acuerdo con la revista mexicana Proceso

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