Subcomandante Marcos no aclara interrogantes sobre el zapatismo
Llegar hasta el pequeño caserío donde tuvo lugar la primera reunión del EZLN con representantes de la sociedad civil, en la selva Lacandona, implica recorrer desde Ocosingo más de 35 kilómetros de terracería, en una estrecha brecha llena de hoyos y lodo.
«Los trajimos hasta aquí -a 136 kilómetros de San Cristóbal de Las Casas- para que vean que los caminos son muy malos y que el pinche gobierno no ha hecho nada para mejorar las condiciones de vida de los indígenas», dijo a la AFP un zapatista encargado de informar a los participantes del encuentro La Otra Campaña.
El evento se realizó en San Rafael, un rancho que fue arrebatado por los zapatistas a una familia de terratenientes en 1994, cuando estalló el conflicto en Chiapas.
El lugar se identifica por una manta que únicamente dice «Aquí es». Dentro del predio existen pocas viviendas. Una de ellas es una construcción de cemento, del antiguo patrón, y se puede ver que la mayoría de las tierras -más de 1.000 hectáreas que antes se dedicaban a la ganadería- están prácticamente abandonadas.
Tiburcio Pérez, un indígena tzeltal que abandonó las filas del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y que recién regresó de los Estados Unidos, donde trabajó como bracero durante tres años, explica que aquí «ya nada es igual, porque la gente está muy dividida». Ahora, dice, los zapatistas «son pura fiesta y están sufriendo porque no tienen suficiente maíz para poder vivir». Por ello, agrega, muchos indígenas han abandonado el grupo armado para buscar trabajo en Cancún o en los Estados Unidos. El decidió regresar a Chiapas, pero se estableció en la cabecera municipal de Ocosingo, donde, con el dinero que reunió en los Estados Unidos, compró dos puestos de comida económica y dos lotes de terreno.
«Ya no sufro para tener para la comida. Ahora hasta como carne todos los días.
En cambio aquí (en la selva) están preocupados porque ya se les acabó el maíz», comenta.
Aún así, Tiburcio Pérez estuvo en el evento convocado por el subcomandante Marcos, quien apareció ante los medios de comunicación por primera vez desde abril de 2001, cuando terminó la marcha zapatista que recorrió el país desde Chiapas a la capital de México.
En San Rafael Marcos alzó la voz para decir que el enemigo de los pueblos indios es el izquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD) y su precandidato a la presidencia de la República, el ex alcalde de México Andrés Manuel López Obrador, a quien las encuestas de intención de voto perfilan como próximo presidente del país. Bajo un rústico auditorio construido con troncos y tablas de madera recién cortada y techo de lona, el subcomandante dijo ante unos 200 asistentes que el PRD los despreció y que va a pagar por ello.
«Los vamos a hacer pedacitos, aunque nos quedemos solos, porque alguien tiene que cobrar esa cuenta», dijo refiriéndose a una supuesta traición del PRD al EZLN, que incluye «una relación de desprecio» con los pueblos indígenas de México.
El PRD, que se ganó la enemistad de los zapatistas cuando en 2001 votó en el Congreso a favor de una ley indígena que adulteraba las exigencias del grupo rebelde, respondió el domingo a las acusaciones de Marcos, cuyo tono calificó de «excesivo».
«Para pelearse se necesitan cuando menos dos, y decimos desde ahora al EZLN que con nosotros no cuente para ese asunto. El PRD seguirá respetando y apoyando la legitima lucha de los zapatistas», indicó la formación política en un comunicado en el que negó despreciar al zapatismo. *
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