El halcón Noriega perdió las plumas
ROGER NORIEGA acaba de ser desplazado de su cargo de secretario de Estado adjunto para América Latina, una de las principales jerarquías del Departamento de Estado. No es fruto de la casualidad, sino la consecuencia directa de los fracasos de la política exterior de Estados Unidos en el subcontinente. América Latina es otra, el imperio del norte ya no puede dictar su voluntad omnímoda. Noriega es el fusible que saltó.
Fracasos sucesivos
Vinculado estrechamente desde sus orígenes a la mafia de Miami para la política e bloqueo y agresión contra Cuba, Noriega representó al primer gobierno de Bush ante la OEA antes de asumir el cargo actual. Extendió su radio de acción contra el gobierno de Venezuela, en un enfrentamiento sistemático con el presidente Chávez, con lenguaje destemplado y agresiones de hecho. Ya se sabe que EEUU estuvo metido hasta los tuétanos en la conspiración golpista de abril de 2002, con sus militares en Fuerte Tiuna, sus barcos y aviones merodeando la zona, el apoyo desembozado a las organizaciones golpistas y a grupos opositores alentados y financiados desde EEUU (siendo algunos de sus líderes recibidos personalmente por Bush). Todos esos intentos desestabilizadores fracasaron, Chávez está consolidado y sin rivales de peso para las elecciones de 2006.
En la OEA cosechó Noriega sus mayores fracasos, y esto es historia reciente. Cuando se trató de sustituir a César Gaviria (el último secretario general colocado por los yankis en el sillón de la organización en Washington), Estados Unidos perdió tres batallas sucesivas: el costarricense Miguel Angel Rodríguez salió pocos días después de asumir con las manos esposadas rumbo a la cárcel en San José por corrupción, el salvadoreño Paco Flores, el único gobernante latinoamericano que mantiene tropas en Irak, resultó impresentable, y el canciller foxista Luis Ernesto Derbez perdía por muerte ante José Miguel Angel Insulza cuando Condoleezza Rice lo hizo retirar para evitar el bochorno e inclinó su voto, a regañadientes, por el candidato del gobierno de Lagos.
Luego, en la primera reunión de la OEA con las nuevas autoridades, la propuesta intervencionista formulada por Estados Unidos vestida con el ropaje de «monitorear la democracia» capotó en forma irremisible. No la apoyó nadie. Ese fue el fracaso definitivo de Noriega.
Otros tiempos
Era la señal de que otros vientos soplaban en América Latina. Había pasado la época en que, como aconteció en la X Conferencia Interamericana de Cancilleres en 1954 en Caracas, irrumpía el secretario de Estado John Foster Dulles con una moción que significaba la invasión de la Guatemala democrática del coronel Jacobo Arbenz, y todo el mundo boca abajo. No se levantó una sola voz par defender la democracia, salvo la del canciller de la dignidad, el guatemalteco Guillermo Toriello. Este hecho mide cabalmente la distancia recorrida en medio siglo.
Mide también las dificultades que se le cruzan por el camino al gobierno de Washington para aplicar su agresiva política exterior. A otro veterano halcón como John D. Negroponte, mezclado en todos los operativos de la «guerra sucia» y de la campaña anticubana, el presidente Bush lo colocó en la ONU para defender, contra casi todo el mundo, la inicua agresión a Irak. (De paso sea dicho, hoy en día, con todos los documentos referidos a Karl Rove, el Maquiavelo de la Casa Blanca, y al informe de Joseph Wilson sobre su misión en Níger, se demuestra que Bush mintió a sabiendas sobre la presunta existencia de armas de destrucción masiva en Irak. Véase la contratapa de Ignacio Ramonet en La República de ayer). Después lo colocó como embajador en Bagdad para pasarlo por último a la jefatura suprema del gigantesco aparato represivo de seguridad, que ahora procura implantar la Patriotic Act a perpetuidad, en violación abierta de los derechos ciudadanos.
El otro ejemplo es la designación de John Bolton como delegado a la ONU que Bush aprobó por decreto aprovechando el receso del Senado, el cual desde marzo se venía negando a confirmarlo. Mediante similares malas artes designó el presidente a varios jueces federales.
Negocios privados
Noriega va a dedicarse a la actividad privada. Aunque, como se sabe, en las altas esferas una línea muy delgada separa la actividad pública de la privada, e insensiblemente se pasa de la una a la otra. Los ejemplos sobran. Se recuerda la frase según la cual lo que es bueno para la General Electric es bueno para los Estados Unidos. El ejemplo más cercano es el de Dick Cheney, que no solo pasó de jerarca máximo de Halliburton a la vicepresidencia de EEUU, sino que sigue aprovechando su cargo para derivar jugosos contratos hacia la empresa, incluyendo cuantiosos negociados de sobrefacturación. *
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