Militares reciben la ciudadanía de EEUU en antiguo palacio de Saddam

Con las botas de combate todavía cubiertas por una fina capa de arena del frente, Omar Hernández no se termina de creer que acaba de convertirse en ciudadano estadounidense en uno de los antiguos palacios del depuesto Saddam Hussein.

«Es como un sueño», acierta a decir Hernández, nacido en Jalisco, México. Entonces desliza sus ojos por la sala redonda flanqueada de columnas de mármol y dice como para ocultar su emoción: «se gastó mucho dinero en esto». Hernández y otros 146 militares extranjeros que trabajan para el ejército estadounidense acaban de levantar su mano derecha para jurar «apoyar y defender la Constitución y las leyes de Estados Unidos de América» en el palacio Al Faw en las afueras de Bagdad.

La sala de la columnata de mármol tiene unos 50 metros de diámetro y de la cúpula cuelga una lámpara de cristal del tamaño de un Volkswagen ‘escarabajo’. «Bienvenidos a este exclusivo club llamado ciudadanía estadounidense», les dijo el teniente general John Vines en la emotiva ceremonia. *

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