Cristina "K" y "Chiche" Duhalde
Como jugando a las escondidas, la pretendiente oficialista a senadora nacional para las legislativas de octubre, Cristina Fernández de Kirchner, realizó su concentración, módica en público como la otra de la que se hablará, en Berazategui, uno de los sitios más pobres del ya pobre sur del Gran Buenos Aires. Con una particularidad: el alcalde de Berazategui es un coronel del caudillo Eduardo Duhalde que desafía al presidente Néstor Kirchner con su esposa, Hilda González, «Chiche».
Fue como «mojarle la oreja» al retador, pero la mujer de Duhalde hizo su concentración, también en local cerrado, no tanto por el frío como por necesidad de no presentar vacíos de asistentes, en zona kirchnerista, Florencio Varela, otra lágrima de miseria del sur del conurbano.
Estas que son zonas de uno y otro es cuestión de verlo cuando se cuenten en octubre los votos. Es que los intendentes, coroneles como se dijo del duhaldismo, se han ido, en su mayoría con Felipe Solá, el gobernador bonaerense, que actuó como gran recolector de voluntades para el proyecto presidencial. Lo que sí dicen los sondeos es que Cristina duplicaría con creces los votos de su rival en octubre.
¿Qué las diferenciaron en sus discursos rememorando a Eva Perón, que con Juan Perón, son los emblemas del peronismo y el 26 de julio, un día clave en el santoral de ese movimiento como lo es el 17 de octubre, día de la Lealtad?
Discursos de nivel distinto
Cristina, una oradora de fuste, articuló un discurso en el que recordó a la difunta más célebre para defender a su marido y al mismo tiempo lanzar más críticas filosas a sus rivales. Como hacía Eva Perón, Cristina Kirchner dirigió su discurso a su esposo, que la oía sentado al lado de varios ministros: «¿Adónde la imagina a Evita?, ¿pidiendo no volver al pasado o acompañando a las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo?» Fue la alusión más directa a su rival que en la melodía de un sector castrense y de los obispos reclamó al Presidente que «deje de mirar al pasado». Es decir, los crímenes de la dictadura, cuestión que debe dejarla, sostiene, a los historiadores, a la Justicia.
Y dijo más: «¿Cómo trataría Evita a esos que en nombre del peronismo entregaron el patrimonio de los argentinos? ¿Diría que es sólo la interna peronista o echaría a los mercaderes del templo, como hizo Jesús?».
La candidata de traje bordó y pantalón ajustado lanzó pullas pero contra opinadores periodísticos. «Los que lo critican a usted, Presidente, por su estilo, son los que me critican a mí por la ropa o por si tengo un pelo más. Son los que dicen que hay que ir al conurbano con vaquero y zapatillas, subestimando a la gente», dijo. Y resaltó que en rigor: «no nos perdonan que no traicionemos».
«Chiche», que busca no confrontar con el Presidente, acaso por su popularidad, de hecho termina construyendo un discurso esquizofrénico. Dice que apoya a Kirchner, que acompaña su proyecto, pero eso sí, con su propio enfoque. Fue el primer matiz diferenciador de las dos.
No se rectifica sobre aquello de no dedicarse al pasado, donde la golpea el kirchnerismo y con él, las organizaciones de derechos humanos que leen esa alegoría como un respaldo a la impunidad. Como sus rivales sostienen que en el gran territorio electoral «se libra la madre de todas las batallas», la esposa de Duhalde se preguntó si vale la pena ir a una guerra por una simple elección.
El discurso de Cristina K,, más articulado, parece dirigirse no solamente al electorado peronista: quiere conquistar a capas medias. El de Chiche es menos sofisticado, más plebeyo, de chicana y comprensible para el electorado pobre. Las diferencias culturales de las dos esposas son muy notorias.
Ser bonaerense, una prosapia
«Yo soy de acá. Soy bonaerense. La provincia de Buenos Aires no es un hotel que se alquila para una elección», gritó la ex primera dama, en clara alusión al cambio de distrito de Cristina Fernández, que ocupa una banca en el Senado por Santa Cruz y que decidió pelear su candidatura por Buenos Aires.
Hilda Duhalde evocó la figura de la denominada abanderada de los humildes para cuestionar la fractura del PJ bonaerense, entre duhaldistas y kirchneristas: «Eva debe de estar horrorizada de ver la incapacidad de los dirigentes para unirse».
A diferencia de Kirchner, que acompañó a su esposa al acto en Berazategui, Eduardo Duhalde no estuvo en Florencio Varela. Se dirigió a Kirchner. «Creo, como suele decir el Presidente, que todavía estamos en el infierno. Salir exige toda nuestra responsabilidad. Vamos a seguir acompañando al Presidente. Acompañar no significa decir a todo que sí. Cada uno tiene un criterio. Hay que escucharse. Hay que bancarse un no», arremetió.
Más duro fue el discurso del jefe del bloque de diputados nacionales del PJ, José María Díaz, Bancalari, un sitio donde lo empujan a que lo abandone rápido. «No vamos a agredir ni a descalificar. Pero que nuestra conducta no se confunda con debilidad ni cobardía. Nos sobra lo que hay que tener para defender al pueblo de la provincia de Buenos Aires», arengó.
Y con la misma melodía sobre la residencia habitual de Cristina, nacida en la provincia en disputa, el diputado dijo que «los bonaerenses no necesitamos extraños que nos digan lo que tenemos que hacer».
En un mensaje al electorado destacó: «No tengan miedo. No nos aprieta nadie. Nadie nos ve en el cuarto oscuro. Uno tiene que votar lo que uno siente… Vamos con Eva, vamos con Perón, vamos con Chiche Duhalde, hasta la victoria». ¿Expresión de deseos? Se verá.
Por ahora, palabras, palabras, palabras, como diría don William Shakespeare. *
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