Con desafiliaciones de dos poderosos sindicatos disidentes

La central AFL-CIO festeja sus 50 años

La «desafiliación» fue anunciada durante la convención que se celebra en Chicago (Illinois, noreste), por el sindicato de camioneros (Teamsters), con 1,8 millones de miembros y por la Service Employees International Union, empleados de servicios, que lideraban la corriente disidente de la federación.

«La decisión implica la opción por el crecimiento y fortalecimiento del movimiento sindical estadounidense, basada en la organización de nuevos miembros», dijo James Hoffa, presidente de la International Brotherhood of Teamsters.

«Llega un momento en el que ante la falta de acuerdos sobre principios básicos, debemos dedicar nuestros esfuerzos y recursos a la prosecución de una estrategia que creemos ayudará a los trabajadores a navegar en las agitadas aguas de la economía global, y al mismo tiempo apoyar los esfuerzos de cada uno, cada vez que podamos», declaró por su parte el presidente de la SEIU, Andrew Stern.

La SEIU, Teamsters, los trabajadores del comercio y la alimentación (United Food and Commercial Workers International Union) y Unirse Aquí (Unite Here, principalmente hoteles y textiles), ya habían expresado sus profundos desacuerdos a mediados de junio, cuando anunciaron junto a un quinto sindicato, la creación de una corriente denominada «cambio para ganar».

Luego otras dos gremios de carpinteros y trabajadores agrícolas se unieron contra la actual dirección de la federación.

«Hoy llegamos a un punto en que nuestras discrepancias son insuperables», declaró a la prensa Anna Burger, dirigente del nuevo grupo antes de la apertura de la convención.

«Los trabajadores de este país necesitan un movimiento sindical que luche», subrayó Jim Hoffa, presidente de los Teamsters, quien acusa al presidente John Sweeney, de 71 años, de negarse a escucharlos.

Los disidentes reprochan principalmente a la dirección -que controla la federación desde hace 10 años- de inacción e inadaptación a los desafíos del siglo XXI, que se traduce en una seria crisis del sindicalismo en el país.

Mientras que casi un tercio de los asalariados cotizaban a un sindicato en 1955, cuando fue fundada la AFL-CIO, la proporción cayó a 12,5% en 2004, según estadísticas oficiales.

En consecuencia, la coalición disidente propuso consagrar la mitad de los recursos de la federación al reclutamiento de nuevos miembros y a la organización de nuevos sindicatos, en lugar del 30% que se destina actualmente a ese fin.

La dirección, que enfrenta problemas financieros que la obligaron a suprimir un cuarto de sus 400 empleados, rechazó la iniciativa, según los disidentes.

Los simpatizantes de Sweeney habrían logrado incluso que sus propuestas fueran eliminadas del orden del día de la convención, afirmó Hoffa.

Otra reivindicación atañe al peso en la convención de los sindicatos agrupadas en la tendencia «cambiar para ganar». Esta coalición afirma representar a seis millones de miembros, más de 35% de los afiliados a la AFL-CIO, que cuentan solamente con 9% de los votos de los delegados en el actual congreso.

La dirección de la federación había rechazado el domingo todas las acusaciones en un comunicado, afirmando que «esos sindicatos reconocieron que el verdadero problema no es una diferencia en la política sindical sino más bien el control de la dirección de la federación».

Finalmente, el cisma tendría también importantes consecuencias financieras para la federación. Los cuatro sindicatos disidentes contribuyen con unos 30 millones de dólares a su presupuesto anual de 125 millones. *

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