Cuba: la luz del Moncada
Redactado por el maestro y poeta Raúl Gómez García -mártir algunas horas después-, el documento A la nación, conocido como Manifiesto del Moncada, expresa el ideario de Fidel Castro y sus compañeros, encaminado a hacer una patria mejor, sueño supremo de José Martí.
De haber sido publicado por los medios de difusión, no habría sorprendido a nadie la afirmación ante el Tribunal del joven líder revolucionario, de que el autor intelectual de la acción era Martí.
Se trata de la Revolución Cubana que no ha triunfado todavía, la de Céspedes, de Agramante, de Maceo, de Martí, de Mella y de Guiteras, de Trejo y de Chibás, señala el Manifiesto firmado en su nombre.
Los futuros moncadistas se calificarían de Juventud del Centenario, pináculo histórico de la Revolución Cubana, «eco de ayer honroso, cuna de un porvenir mejor».
Dispuesta, asimismo, a escribir con sacrificio y triunfo su mejor homenaje a Martí -un «hombre luz» nacido en 1853-, y terminar en 1953 la Revolución con el nacimiento de una «República luz».
Del centenar de compatriotas que viajaron aquel verano al oriente cubano para iniciar la acción armada, la mayoría eran jóvenes obreros, empleados, campesinos, trabajadores en oficios diversos o desempleados.
Sin embargo, existía una comunidad de pensamiento con la media docena de estudiantes, tres contadores profesionales y cuatro graduados universitarios.
Profundamente martianos, muchos participaron también en el fuerte movimiento contra la corrupción administrativa, promovido por el desaparecido líder de la Ortodoxia Eduardo Chibás.
La debilidad de sus sucesores para enfrentar el golpe militar de Fulgencio Batista, ganó hacia las filas revolucionarias a numerosos futuros combatientes.
Batista rompió el juego político democrático-burgués al instaurar, el 10 de marzo de 1952, su segunda dictadura; suspendió las elecciones presidenciales previstas para el 1 de junio y abolió la Constitución de 1940, la más progresista hasta entonces.
Con pocos recursos y discreción casi absoluta, se organizó el movimiento en forma celular, y una dirección concentrada en pocas manos.
El plan consistía en tomar el cuartel Moncada, en Santiago de Cuba, y con las armas y municiones ocupadas, llamar al pueblo y poner en pie de lucha a amplios sectores de la población.
A raíz del cuartelazo del 10 de marzo, el entonces abogado de solo 25 años, Fidel Castro, solicitó sin éxito al Tribunal de Garantías Constitucionales y Sociales sancionar a los autores de este hecho anticonstitucional.
Agotadas todas las posibilidades pacíficas, el único camino posible estaba en desencadenar la Revolución por la vía armada.
Por aquellos tiempos Fidel decía: «Hace falta echar a andar un motor pequeño que ayude a arrancar el motor grande», recuerda su hermano Raúl Castro.
«El motor pequeño sería la toma de la fortaleza del Moncada, la más alejada de la capital, la que, una vez en nuestras manos echaría a andar el motor grande, que sería el pueblo combatiendo».
Solo había una parte débil del plan: si fallaba la toma del Moncada, todo se vendría abajo.
A las 5:15 del amanecer del 26 de julio de 1953 comenzaron los asaltos simultáneos de los cuarteles Moncada, y Carlos Manuel de Céspedes de la ciudad de Bayamo, situado éste último en un importante nudo de comunicaciones de la región oriental del país.
Con siete hombres Raúl Castro ocupó el Palacio de Justicia y Abel Santamaría con 21 combatientes el hospital civil Saturnino Lora, en apoyo al grupo de Fidel que atacaba el Moncada, integrado por otros 45 asaltantes.
Vestidos con uniformes similares al ejército y grados de sargento, ocho asaltantes lograron tomar la posta número tres luego de desarmar a dos soldados, pero un sargento se resistió y pudo tocar el timbre de alarma.
Además de este incidente, el encuentro accidental de uno de los automóviles de los revolucionarios con una patrulla militar externa, atrasada en su recorrido, echó por tierra el factor sorpresa.
Tampoco llegó el grupo de refuerzo que portaba las mejores armas pues uno de los vehículos tomó por una calle equivocada y los demás lo siguieron.
En combate desigual, los revolucionarios resistieron hasta pasadas las 8:00 de la mañana cuando Fidel Castro dispuso la retirada, mientras varios de sus compañeros permanecieron allí para facilitar el repliegue.
Solo ocho moncadistas perecieron en la acción pero la represión del régimen batistiano costó la vida a más de 50, apresados, torturados y asesinados durante los días, 26, 27, 28 y 29 de julio de 1953.
Del baño de sangre se salvaron unos 50 que quedaron libres y 30 condenados a prisión, entre ellos Fidel Castro y Haydée Santamaría y Melba Hernández, dos muchachas participantes en la acción del hospital Saturnino Lora como ayudantes del médico Mario Muñoz, quien fuera asesinado.
En su alegato de autodefensa, denominado La historia me absolverá, Fidel denunció la horrible masacre y las condiciones anormales de todo el proceso de la Causa número 37 de 1953, en cuyas vistas, además, permanecían en la sala unos 200 soldados y otros 400 en las afueras del Palacio de Justicia.
Se le prohibió tener en su celda algún tratado de derecho penal y cualquier otro libro, incluso los de José Martí, el héroe de la independencia cubana y uno de los más grandes poetas y escritores de habla hispana.
«?_ parece que la censura de la prisión los consideró demasiado subversivos, ¿o será porque yo dije que Martí era el autor intelectual del 26 de Julio?», dijo Fidel al Tribunal.
No obstante, La historia me absolverá constituye un documento excepcional y una bella pieza oratoria, no solo en el orden jurídico, sino histórico, político, económico y social.
Fundamenta el derecho que les asistía para oponerse a la dictadura militar y muestra cómo era preciso pasar a la transformación del régimen político y económico-social de Cuba.
El programa del Moncada se centra en un conjunto de leyes y medidas expuestas allí al reducido auditorio, y que sirvió de movilizador popular hasta su cumplimiento inmediato en alrededor de año y medio por la Revolución triunfante el Primero de Enero de 1959.
La eticidad martiana está presente con citas precisas y conceptos adoptados de por vida por Fidel Castro, que aún representan hoy parte esencial de su accionar, cuando es reconocido como uno de los principales pensadores y líderes políticos mundiales.
El mismo principio del motor pequeño, capaz de poner en marcha el mayor, estuvo presente en la expedición del yate Granma, en la creación del Ejército Rebelde y en el triunfo revolucionario ocurrido cinco años, cinco meses y cinco días después de los sucesos del Moncada.
También en el desarrollo mismo de la nueva Cuba.
La decisión martiana de elegir desde temprana edad, entre Yugo y Estrella, como insignia de la vida, caló muy profundo en la construcción de la patria que soñara el maestro inmortal y la hizo suya: «-Dame el yugo, oh mi madre, de manera que puesto en él de pie, luzca en mi frente mejor la estrella que ilumina y mata». *
(*) La autora, es historiadora y periodista cubana.
Te recomendamos
¿inocentes?
Argentina: Adorni, Angeletti, Sturzenegger y Espert se acogen al régimen de “inocencia fiscal”
Lejos de dar explicaciones sobre los orígenes opacos de sus dineros, los funcionarios del gobierno de Milei se acogieron a una ley —diseñada y aprobada por el mismo gobierno— para quedar totalmente impunes.
Compartí tu opinión con toda la comunidad