La inflación en la campaña electoral
Por lo pronto, aunque no hay alarma sobre desmadre de precios, el asunto preocupa y por el momento prevalece la opinión del ministro de economía, Roberto Lavagna, que aumentos de salarios resueltos al margen de la productividad, motorizan el empinamiento del costo de vida.
Es llamativo este contraste entre un PBI que trepa a ritmo asiático y una distribución del ingreso cada vez más polarizada. Si la economía crece con salarios bajos, es, entre otros motivos, por una productividad mayor a escala general, aunque la inflación tenga otros componentes en relación a el acomodamiento de precios que quedaron rezagados con la devaluación.
Efecto de aquella reflexión ha sido clausurar la idea de incrementar las jubilaciones y pensiones en un 10%. Kirchner se enojó con los «funcionarios irresponsables» que deslizaron la especie que enrosca perfectamente por la existencia de fondos provenientes del formidable superávit fiscal como arma electoral para las legislativas de octubre que siguen al Presidente como la sombra a sus movimientos.
Es cierto que la actual administración cambió en varias ocasiones los haberes mínimos pero achatando la pirámide del ingreso de la tercera edad como lo es también que mediante manejos técnicos (anticipo de los pagos, etc), mejoró la demanda, desnudado la escasez de la oferta y las causas de esto, como indican algunos especialistas.
Si bien la inflación se ubicará este año entre un 10 y un 11%, frente al 7% programado en el presupuesto, hay en el espacio kirchnerista quienes piensan que la preocupación no debe estar orientada hacia el tema salarial sino a los sectores oligopólicos que fijan precios. Lavagna está en la mitad del camino. Hay un dato llamativo: en pleno inicio, estos días, de la exposición anual de la Sociedad Rural, que es decir la flor y nata del establishment agrícola – ganadero y sus nexos con el poder financiero e industrial desde el gobierno se le ha dicho que el instrumento de las retenciones a las exportaciones como forma de control de precios no se modificará lo que indica que no es dogmática la posición del ministro.
¿Cómo se forman los precios?
Acaso esas retenciones deberían incrementarse, de hecho se hizo con los lácteos para frenar su alza en las góndolas y puede ser extendida a otros alimentos claves de la canasta familiar. Pero va de suyo que hay una serie de sectores de la economía que están en posiciones oligopólicas que son los que fijaron precios cuando el dólar estaba por días en 4 pesos pese que ahora anda un poquito debajo de 3 y no los acomodaron a esta realidad.
Ahora bien esos sectores que fijan precios están muy cerca del límite de la capacidad instalada y están exportando productos que están más caros afuera que en la Argentina y esta es una de las razones de los incrementos de los alimentos. Son grupos que exigen una alta tasa de rentabilidad que es incompatible con la mejora del ingreso que es la gran cosa pendiente.
Pendiente es reformar la regresiva política impositiva en lugar de insistir que la inflación la motorizan. salarios y jubilaciones, con la situación real que el 50% de la fuerza laboral no los percibe los que se acordaron estos meses en las convenciones colectivas que no son, en su mayoría, logros para vanagloriarse aunque es mejor que menos, porque ese sector está en negro o es un desocupado.
Volviendo sobre lo mismo: no hay un problema de demanda sino de oferta que requiere aumentar la inversión, una asignatura que no cumplen como corresponderían los sectores que se beneficiaron con una gran acumulación de capital con la salida de la convertibilidad y la devaluación.
Aquí hay otro debate no suficientemente explicitado para la gran público y es el forcejeo entre el dólar alto y el de flotación. Este último, es una de las exigencias del FMI en las negociaciones pendientes con Argentina que a pesar de haberse enviado a Washington una misión negociadora, no habrá nada en serio hasta las legislativas.
La paridad no bajará mucho y eufemísticamente si así fuera los salarios en dólares serían mayores que los actuales (pero no el poder adquisitivo que es donde se debe medir el ingreso), y el volumen de las retenciones a las exportaciones mermarían rebanando uno de los instrumentos del llamado «modelo» en curso. Revive en otro nivel y contexto, la discusión de los ’90 entre convertibilidad y devaluación
La «burguesía nacional»
Dólar más alto, demanda en sordina ahora de la llamada «burguesía nacional» para acumular capital frenando importaciones y altas tasas de beneficio, obliga a mantener bajos los ingresos con la contradicción de que no incrementa suficientemente la oferta mientras no haya más inversiones.
Dentro de la Unión Industrial Argentina se encuentra el núcleo «nacional» que más se ha recuperado después de la convertibilidad y gracias a alientos oficiales como por la devaluación que les permitió licuar pasivos. Se trata de sectores antes básicamente vinculados al mercado interno y ahora con creciente presencia en el mercado mundial, el Mercosur sobre todo.
Acaso lo más novedoso de esa acumulación sea un cada vez más perceptible proceso de ingreso de capital nacional a participar o a controlar servicios públicos privatizados en la atmósfera del Consenso de Washington. Un ejemplo: el arribo del grupo Dolphin a la principal distribuidora eléctrica del país.
Los cambios en las privatizadas arrancaron en 2002 pero con cambio de manos de las acciones como fue la venta de la local Pérez Companc a la brasileña Petrobrás, que logró desembarcar en varias eléctricas: Edesur, Transener y en las centrales Costanera y Genelba. Pero inmediatamente llegó otra movida en sentido contrario o la puesta en marcha del proceso de reemplazo de las compañías extranjeras por firmas locales en el negocio de las privatizadas. El que abrió el camino para el regreso de los capitales nacionales fue el grupo Werthein al quedarse con el 50% de Telecom, que estaba en manos de France Telecom. Uno de sus integrantes, el ex menemista Julio Werthein, es un aliado de Kirchner desde la Bolsa de Comercio que preside.
Luego se concretó la entrada del Dolphin, un grupo inversor con nombres escasamente conocidos para las grandes audiencias, con la adquisición de las acciones que tenía la inglesa National Grid en Transener y Transba. En Mendoza, EDF transfirió sus acciones de la distribuidora eléctrica a un grupo local. Gaz de France cedió su participación de GasNea a la Federación de Luz y Fuerza, uno de los sindicatos del grupo de los «gordos» que se ocupa más de negocios que de reivindicaciones, muy a la usanza del sindicalismo norteamericano. Y recientemente, el consorcio Emgasud que controla Alejandro Ivanissevich, otro «hombre nuevo» cerró un acuerdo para adquirir Aguas de Santa Fe al grupo Suez (frances- catalán). El mismo grupo Emgasud está muy cerca de acceder al manejo de Metrogas (que controla British Gas) y TGS (en manos de la norteamericana Enron).
Kirchner dice querer poder para cambiar la distribución del ingreso
Los compradores locales tienen llegada a la actual administración, a Kirchner y a ministros, y cuando de «burguesía nacional» sale de la boca del Presidente, bastante tienen que ver estos sectores. Como los grupos extranjeros, los «nacionales» buscan destrabar la renegociación de los contratos y los aumentos tarifarios. Y son sagaces en eso de reestructuración de las deudas, donde acaso ayudan sus contactos políticos.
Esa presencia, ni por lejos equilibra el del capital extranjero, pero puede marcar una tendencia y explica de alguna manera porque se destraban litigios que las privatizadas accionaron ante el tribunal arbitral del Banco Mundial,
el CIADE, por sumas millonarias.
Antes de este anuncio, Kirchner había reclamado a los demandantes «un gesto de solidaridad»; difícilmente por ese reclamo moral es que las empresas, entre ellas, Telefónica de capital español, es que se hayan bajado de la demanda. Tienen la promesa de incrementos tarifarios. ¿En que montos serán aplicados? Depende como le va al Presidente en octubre.
Kirchner ha deslizado en público, que recomponer la distribución del ingreso es una tarea lenta. No se atreve a dar tiempos tentativos, pero en privado confiesa que ni durante su administración y eventual reelección, podrá ponerle el diente a la madre de todas las necesidades: reformar el regresivo sistema tributario, este que favorece al gran capital y descarga gran parte de los ingresos, más allá de las (¿coyunturales?) retenciones a las exportaciones, sobre el consumo, el IVA por caso.
El Presidente dice que esa es la razón que lo mueve a buscar más poder, cambiar la correlación de fuerzas no solo en el Parlamento sino en el seno de las entidades empresariales y sindicales. Que la oposición con algo de relieve, sea Elisa Carrió o el polo de derecha de Ricardo López Murphy- Mauricio Macri, le digan con rabia que lo que busca es hegemonismo para perpetuarse, que repite manías aplicadas en Santa Cruz cuando era gobernador, rebanando la calidad institucional, es una mezcla de electoralismo con temores a veces fundados.
Y otras no: los cambios en El Poder Judicial, y no se trata solo de la composición en calidad e independencia de la Suprema Corte, deberían decir lo contrario. Pero, que hay agujeros obscuros, los hay.
Y, vale la pena insistir: no puede haber calidad institucional con medio país casi afuera del mercado. *
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