"Están locos, están locos, pero ¿por qué han hecho esto?"
«Están locos, están locos, pero ¿Por qué han hecho esto?» Este sábado Charm el Cheij, la perla de la industria turística egipcia en el Mar Rojo, se encontraba conmocionado tras los atentados que sacudieron la ciudad en la madrugada causando al menos 65 muertos y 150 heridos.
De la recepción del lujoso hotel Ghazala Garden, solamente quedaron algunos escombros.
Un coche conducido por un kamikaze, según testimonios confirmados por la policía, subió a la acera, se empotró contra la puerta de cristal de la recepción y explotó en la entrada.
La recepción de este lujoso hotel voló y en su lugar quedó un cráter de unos 30 metros de ancho y 30 de profundidad, según un periodista de la AFP.
Fuera del edificio el suelo quedó lleno de escombros que se extendieron hasta un centenar de metros: pedazos de madera, de aluminio, de hormigón, tejidos, vidrios, sillones, lámparas…
Una treintena de personas habrían muerto en este ataque, la mayoría trabajadores del establecimiento. Recepcionistas, camareros o mujeres de limpieza fueron seguramente sorprendidos mientras estaban durmiendo.
Al alba los equipos de rescate, supervisados por agentes de policía, seguían trabajando y buscaban entre los escombros posibles víctimas. Las ambulancias y los coches de bomberos permanecían en el lugar preparados para eventuales evacuaciones.
Un turista italiano, Guiseppe Pascale, vestido con un atuendo deportivo de color rojo, estaba a punto de desmayarse. Buscaba a su hijo de 17 años.
«Mi mujer y yo salimos, no muy lejos del hotel, y nuestro hijo de 17 años se quedó en la habitación. Cuando escuchamos las explosiones regresamos rapidamente al hotel pero él ya no estaba en la pieza», relató a la AFP.
«Están locos, están locos. ¿Cuál es el sentido de todo esto? No irán al paraíso, irán al infierno. Ninguna religión puede aceptar esto», opinó Carol, una jóven británica que trabaja como camarera en otro hotel.
Mickael, un muchacho fornido procedente de Gran Bretaña, apenas podía hablar. «Están locos, están locos», repetía.
Ante las preguntas sobre los atentados de Londres y las eventuales relaciones entre aquellos y éstos, solamente alcanzó a decir: «Quien sabe. ¿Como puede uno saberlo? Están locos». *
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