La ley de la ametralladora reina en Londres

Evacuaciones masivas de estaciones de trenes. Pánico general. Cuadrillas armadas de policías que corren de una calle a la otra. Sospechosos con mochilas aparecen y desaparecen en cada esquina. Sirenas de bomberos, ambulancias y policías que cruzan la ciudad de este a oeste y de norte a sur.

Londres está atrapada en su propio laberinto de calles medievales, túneles subterráneos y preconceptos sociales. Está lanzada en una cacería humana de cuatro suicidas que no murieron el jueves y que no quieren ir ahora al infierno solos.

Hoy no es buena idea tener apariencia mediterránea en el centro de Londres y peor aun caminar con una mochila al hombro. La policía por primera vez parece haber perdido su reconocida flema inglesa y está armada hasta los dientes.

Expertos de seguridad, de dudoso origen extranjero, le piden a gritos a los efectivos británicos que «disparen a la cabeza» y que «se saquen los guantes». Londres está corriendo el riesgo de caer en la paranoia y la locura colectivas.

El jueves un hombre de apariencia paquistaní fue rodeado por cuatro policías armados con ametralladoras y protegidos por chalecos anti-balas. Le ordenaron tirarse al piso o lo rociaban de plomo. Una vez en el piso se sacó la mochila y la camisa con efectivos policiales a quince metros y con el dedo en el gatillo: «Hace un movimiento en falso y te exploto la cabeza. ¿Hablas inglés?» Esposado se lo llevaron con guardia de seguridad antiterrorista. Pero el pobre diablo era un turista. A las pocas horas le pidieron disculpas por la equivocación y lo llevaron a su hotel. La policía de Londres parece haber perdido no sólo las pistas de quienes mantienen a la ciudad sitiada sino también su propia cabeza y bastante de su cordura.

La frustración es total. Esta es la ciudad de Su Majestad la Reina y no de las fuerzas perversas de Osama bin Laden.

El viernes en la estación de Stockwell un hombre de apariencia árabe no respondió cuando fue detenido y salió corriendo. Detrás de él se desbocaron varios policías vestidos de civil, quienes lo persiguieron hacia los trenes.

El joven cayó rodeado de tres policías y uno de ellos lo agujereo con cinco balas en rápida sucesión. Nadie sabe quién era, por qué corrió, a dónde iba o de dónde venía. ¿Fue un simple ladrón? ¿Un operador de Al Qaeda? ¿Un ilegal que no habla inglés?

Esta es otra historia de la ciudad desnuda.

El prestigioso diario inglés «Daily Mail», ampliamente leído por la clase media del Reino Unido, publicó ayer un importante editorial a toda página. El titular dice «¿No deberían ser ELLOS los que deberían ir al banquillo de los acusados?» El artículo se refiere a tres personas de gran influencia en Londres: Tony Blair, Lord Goldsmith y John Scarlett. Las fotos de los tres aparecen grandes al centro del comentario.

Son los tres chiflados que nos llevaron a la guerra. Tony Blair es conocido por todo el mundo, ya que muchas veces apareció en televisión caminando con el pecho inflado mientras reclutaba países para la Coalición de la guerra contra Irak.

La implicancia de los otros dos hombres es devastadora para ser sugerida por un pilar de la prensa libre inglesa. Lord Goldsmith es el ministro de Justicia que firmó la guerra de Irak como «legal», y John Scarlett es el ahora jefe de los servicios internacionales de inteligencia británicos (M.I. 6), que compaginó el notorio «Informe sobre las armas de destrucción masiva» que promovió la invasión de Irak y que hasta el ex secretario del Departamento de Estado americano, Colin Powell, presentó como evidencia ante las Naciones Unidas.

John Scarlett es el hombre más poderoso de los servicios de inteligencia británicos. Hasta hacía poco su cara no había sido fotografiada jamás. Su oficina es la misma que se utilizó en la película de James Bond «The World Is Not Enough.»

Muchos ahora quisieran tener la magia de Ian Fleming para resolver este rompecabezas surreal que vive Londres.

Pero Fleming murió hace tiempo y no escribe más novelas. Los agentes de Su Majestad tendrán que solucionar solos este caso. Osama bin Laden ya tiene otorgado el papel de villano y Al Qaeda es la homónima de «Specter» en la ficción.

Londres es hoy el ojo de un huracán descontrolado. Como dijo un reconocido general británico de la Segunda Guerra Mundial: «Si siembras el viento, recogerás la tempestad.» *

 

(*) Periodista y guionista uruguayo radicado en Londres

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