Guantánamo en el candelero
Un grupo de intelectuales eminentes, luchadores por la paz y los derechos humanos como el norteamericano Noam Chomsky, los premios Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, de Argentina, y la guatemalteca Rigoberta Menchú Tum, así como Nadine Gordiner y Salim Lamrani han lanzado un manifiesto instando a Estados Unidos a abandonar definitivamente la base naval de Guantánamo, ese puñal clavado en el costado de Cuba. La declaración, que circula intensamente por el mundo, se titula: «Â¡Los Estados Unidos deben retirarse de Guantánamo ahora!»
Un siglo de ocupación
El problema (un caso clásico de ocupación militar de un territorio por una potencia extranjera) se prolonga desde hace más de un siglo. Ahora adquiere candente actualidad porque en la prisión de la base naval instalada por EEUU en el territorio usurpado se vienen practicando torturas inenarrables a más de medio millar de prisioneros de decenas de nacionalidades, lo que constituye una afrenta al mundo y ha sido denunciado ante los organismos internacionales sin que la potencia ocupante haya modificado en un ápice su actitud. Es una de las mayores aberraciones del mundo de hoy, pero está visto que todo vale dentro de las coordenadas de la proclamada «guerra antiterrorista».
Cuba fue el último país latinoamericano en lograr su independencia de España, y habría de ser un siglo y medio después el primero en liberarse definitivamente del dominio del imperio norteamericano que le sucedió.
En 1895, cuando la gesta independentista cubana contra España encabezada por Martí, Maceo y Máximo Gómez estaba a punto de culminar, EEUU le declaró la guerra a la potencia europea y desembarcó sus tropas precisamente en Guantánamo. Theodore Roosevelt (que años después se haría famoso con el «I took Panama») instaba al presidente McKinley a intervenir. De hecho, EEUU pasó a gobernar el país entre 1899 y 1902 (como algunos lustros después lo hizo en Haití). Impuso una Constitución que incluía la denominada «enmienda Platt», un símbolo del entreguismo ya que por la misma se le reconocía a EEUU el derecho de intervenir en Cuba (que ejerció repetidamente mediante desembarcos de marines) y de establecer la base aeronaval que sigue conservando.
El único compromiso que asumía EEUU era pagar por el arriendo de Guantánamo la suma de 2.000 dólares en oro anuales. «La potencia rica se considera con el privilegio moral de comprar cualquier cosa, incluso parte de otro país», dice la declaración. Desde 1959, el gobierno revolucionario de Cuba se ha negado a cobrar el arriendo.
Un antro de torturas
«El uso que se ha dado a un territorio soberano producto de este robo comprobado es, al fin de cuentas, un motivo de vergüenza y de desgracia para los Estados Unidos y también para el mundo contemporáneo que, intimidado por el poder estadounidense, hace la vista gorda con respecto a la prisión implantada de manera flagrante en un país ajeno», dice la declaración. Y explicita lo que el mundo entero conoce ya: «Las horrendas condiciones de aislamiento, privaciones y torturas existentes en esta cárcel medieval, condenadas por Amnistía Internacional y un número creciente de organizaciones de derechos humanos, siguen vigentes por culpa de Estados Unidos, una potencia extranjera que no tiene derecho a estar allí».
Culminan con una reflexión de profundo contenido. Recuerdan que en el mundo hay conflictos de gran complejidad, religiosos, de facciones y otros, que derivan en violaciones ultrajantes de los DDHH y para los cuales es muy difícil encontrar soluciones justas. En cambio, el caso de Guantánamo tiene una solución clara y sencilla, que exponen en estos términos: «Todos los estados, comunidades y ante todo cada persona con responsabilidad a nivel mundial convencida de que la verdadera hermandad entre naciones y pueblos sólo puede existir en la justicia, debe pedir, en su nombre, que los Estados Unidos abandonen Guantánamo incondicionalmente. ¡Ahora!».
Un llamado a la conciencia
Es lo que corresponde. La declaración resuena como un llamado a la conciencia mundial. Las noticias de las torturas en Guantánamo se equiparan a las horrendas sevicias de la cárcel de Abu Ghraib, en Bagdad. Las denuncias han llegado hasta la Corte Suprema de Justicia de EEUU, pero ésta no hace otra cosa que proteger la impunidad de los torturadores, sobre todo los de alto rango. En Guantánamo se han producido, y comprobado, humillaciones y torturas morales como actos obscenos contra el Corán, amén de torturas a niños, como en el caso de los afganos. Allí las garantías jurídicas y los derechos constitucionales han sido sustituidos por la Patriotic Act. Y ésta hace escuela: ahora Blair se ha lanzado con denuedo a implantar un remedo de la misma en Gran Bretaña. *
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