En Mar del Plata, con la presencia de George W. Bush y 33 jefes de Estado y sin Fidel Castro

Washington quiere imponer su temario en Cumbre de las Américas

El canciller Rafael Bielsa admitió que el temario  la generación de empleo como vía para combatir la pobreza y fortalecer la democracia  provoca diferencias con los EEUU. Bielsa no cree que la división sea ideológica sino de intereses entre los 34 países que deben consensuar el documento final, en noviembre.

El lunes causó revuelo un artículo de La Nación acerca de la preocupación de altas fuentes diplomáticas de la Casa Blanca y del Departamento de Estado respecto de que en la cumbre, que se hará en Mar del Plata, no se logre acordar estrategias concretas para erradicar la pobreza de la región y promover el desarrollo social. El diario afirma que las fuentes ratificaron que «hay claras diferencias entre lo que pretende cada gobierno».

«Todos estamos de acuerdo en el tema y en el lema. De hecho, nuestra propuesta está firmada por los otros 33 países. Pero las diferencias aparecen cuando se analiza cómo generar más trabajo», dijo al diario el vicecanciller Jorge Taiana.

Para Washington lo prioritario es la libertad de mercado, la seguridad jurídica y la lucha contra la corrupción como base fundamental para crear empleo y mejorar la situación de los países de América latina. Para Argentina, y a tenor con lo que explicó Taiana de la mayoría de los países latinoamericanos, hay que poner El acento en la reforma de los organismos internacionales de crédito, en la eliminación de los subsidios agrícolas y en la educación como ejes principales.

 

El cuchillo bajo el poncho

No se dice mucho, pero quien duda que Washington querrá sacar pronunciamientos contra el terrorismo, según su óptica, así como aislar a Venezuela y condenar a Cuba. El temor a un «fracaso» para los objetivos concretos de la política exterior estadounidense, es la que hace brotar las diferencias.

Pero por ahora no parece que Washington busque realmente suspender la Cumbre marplatense pero acaso no este, al respecto, dicha la última palabra. Es un triunfo que EEUU no permitiría que se quede la izquierda y no solo ella que no ve con buenos ojos este encuentro.

La semana pasada Taiana mantuvo reuniones en Washington con el embajador norteamericano ante la OEA, John Maisto, y con otras autoridades pero, subrayó, jamás recibió cuestionamientos respecto de la seguridad o la marcha de los preparativos de la cumbre.

Al conocerse lo publicado por LA NACION, Bielsa instruyó a los embajadores argentinos ante la OEA y EEUU, Rodolfo Gil y José Octavio Bordón, para que pidieran precisiones a la Casa Blanca respecto de la reunión. «Dijeron que está todo bien y ratificaron la presencia del presidente Bush», expresó el canciller, bajándole el tono a la controversia.

La falta de seguridad para la Cumbre como problema, parece ser un mensaje para que se tengan alejados de la ciudad balnearia a los miles de manifestantes que irán hacia allí en noviembre, promovido por un arco de partidos, organizaciones sociales, de los piqueteros y de ONGs. Puede leerse en paredes de casi todas las ciudades consignas con «fuera Bush de la Argentina». Incluso al alcalde de Mar del Plata, el radical Daniel Katz, dijo que «Bush era uno de los políticos más desprestigiados» del mundo.

 

Las grandes líneas

Para Leonardo Franco, subsecretario de Política Latinoamericana del Palacio San Martín, las diferencias se agrupan en dos corrientes de pensamiento. Una que encabeza EEUU junto a Canadá con algún respaldo de Chile que cree que hay que darle prioridad a la transparencia de las relaciones económicas mediante el libre mercado para favorecer las inversiones y hacen especial hincapié en la lucha contra la corrupción. «Nosotros, por otra parte, creemos que no alcanza sólo con el crecimiento económico. En los 90 tuvimos un claro ejemplo en ese sentido», explicó. Para el funcionario «hacen falta políticas públicas que apunten a facilitar el financiamiento de las pymes, repensar la arquitectura de los organismos financieros internacio-

nales y eliminar medidas distorsivas como los subsidios agrícolas».

En el Palacio San Martín analizan con especial interés un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), de la ONU, que muestra «cuántos miles de latinoamericanos podrían salir de la pobreza si se eliminaran los subsidios agrícolas», escribe LA NACIÓN.

Bielsa supone que más allá de las diferencias «hay una tendencia de ciertos sectores para ensombrecer la cumbre». La fundamentó por las versiones sobre supuestos cuestionamientos a la seguridad durante la reunión, las discusiones respecto de la temática y la preocupación de terceros países, en referencia a EEUU, en asuntos de la política interna de la Argentina. Parece ser un dardo sobre el embajador Lino Gutiérrez, que la semana pasada entrevistó al gobernador bonaerense Felipe Solá, para conocer que pasa en el peronismo.

Según el corresponsal en Washington del citado diario, los norteamericanos quieren ponerle un bozal, si pueden, al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, la contracara de Bush en esta Cumbre, ni quieren aceptar la agenda que proponen la mayoría de los países sudamericanos. Para «frenarlo» a Chávez, desean que Argentina cumpla ese papel, a juicio de los funcionarios del norte.

«La Casa Blanca quiere acotar los márgenes de debate de la Cumbre y evitar que Chávez repita lo que definen aquí como «el show de un dictador», como el que ofreció en la Cumbre Extraordinaria de Monterrey en enero de 2004, recordaron dos diplomáticos», escribe La Nación.

Para los norteamericanos la futura Declaración de Mar del Plata no debería incluir alusiones a la eliminación de subsidios agrícolas o una reestructuración del sistema financiero multilateral. *

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