Hace 60 años, EEUU probaba la primera bomba nuclear
La terrible belleza de esa explosión, que hace 60 años bañó las montañas cercanas con una luz cegadora, generó consecuencias militares y políticas durante décadas, lanzó la carrera armamentística de la Guerra Fría y desató el miedo al poder nuclear.
«Desde entonces, la humanidad entera ha vivido con la amenaza de la aniquilación», dijo Peter Kuznick, profesor de historia especializado en temas nucleares en la American University de Washington.
Los dolores de cabeza por temas nucleares todavía dominan la política exterior estadounidense, cuando Japón se prepara para conmemorar el 60 aniversario de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, pocas semanas después de esta prueba nuclear en el desierto de Alamogordo, Nuevo México.
Estados Unidos está envuelto en la posguerra en Irak, que justificó indicando que Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva. A la administración del presidente George W. Bush también le preocupa la presunta búsqueda de armas nucleares de Irán y el programa nuclear norcoreano, dos países clasificados dentro del «eje del mal» por Bush.
El 15 de julio de 1945, cuando «Little Boy», la bomba lanzada sobre Hiroshima, era embarcada a bordo del crucero Indianápolis con destino a la isla de Tinian, científicos del Proyecto Manhattan, como se conocía el programa de armas nucleares, se reunían en un área de pruebas denominada Trinity, en pleno desierto a 350 km de Los Alamos.
El 16 de julio, al amanecer, las condiciones meteorológicas fueron consideradas satisfactorias. Poco después de las cinco de la mañana, se produjo la primera explosión nuclear de la historia. Los testigos recuerdan un relámpago cegador, seguido de una enorme detonación.
«Hemos descubierto la bomba más terrible en la historia del mundo», escribió el presidente Harry S. Truman en su diario, el 25 de julio de 1945, tres meses después de suceder al fallecido presidente Franklin D. Roosevelt.
Cuando el silencio volvió al desierto de Nuevo México, los científicos del Proyecto Manhattan comenzaron a interrogarse sobre el mortífero producto de su trabajo.
Ahora dependía de los líderes políticos la histórica decisión de usar esa terrible nueva arma.
Preocupados por las consecuencias de su descubrimiento, siete científicos intentaron impedir que la bomba fuera lanzada sobre Japón.
«El éxito que hemos logrado en el desarrollo del poder nuclear está plagado de peligros mayores que todas las invenciones del pasado», dijeron en el Informe Franck.
El grupo propuso a Truman anunciar públicamente que Estados Unidos tenía esa nueva arma, lo que asustaría a Japón y le obligaría a rendirse, salvando así decenas de miles de vidas.
Pero otros miembros del proyecto, incluido Robert Oppenheimer, considerado el padre de la bomba A, argumentaron que Washington debía usarla para acelerar el fin de la guerra.
El 6 de agosto de 1945, el bombardero B-29 Enola Gay despegó del aeropuerto militar estadounidense de Tinian, en las islas Marianas, en pleno Pacífico.
A las 8h15, la bomba atómica que transportaba fue lanzada sobre Hiroshima. Explotó 45 segundos más tarde, 600 metros por encima del centro de la ciudad sembrando la muerte y la destrucción. Tres días más tarde, otra bomba explotó sobre Nagasaki.
Aunque no tuvo éxito, el informe Franck predijo correctamente la cadena de acontecimientos que siguieron: una carrera armamentística con la Unión Soviética y de otros países por armas nucleares.
El presidente Truman, en tanto, escribió en su diario que la nueva arma era, en su opinión, «la cosa más terrible jamás descubierta pero tal vez la más útil». *
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